Éxodo 19: Israel en Sinaí

Éxo 19:1 En el mes tercero de la salida de los hijos de Israel de la tierra de Egipto, en el mismo día llegaron al desierto de Sinaí.

Éxo 19:2 Habían salido de Refidim, y llegaron al desierto de Sinaí, y acamparon en el desierto; y acampó allí Israel delante del monte.

Éxo 19:3 Y Moisés subió a Dios; y Jehová lo llamó desde el monte, diciendo: Así dirás a la casa de Jacob, y anunciarás a los hijos de Israel:

El monte Sinaí (también llamado Horeb) es uno de los lugares más sagrados en la historia de Israel. Localizada en la parte sur y central de la península del Sinaí, esta montaña es donde Moisés se encontró con Dios en una zarza ardiente, Dios hizo su pacto con Israel y Elías escuchó a Dios en el sonido de un susurro suave. Aquí Dios dio a su pueblo las leyes y guías para vivir con rectitud. Aprendieron las bendiciones potenciales de la obediencia y las trágicas consecuencias de la desobediencia

Éxo 19:4 Vosotros visteis lo que hice a los egipcios, y cómo os tomé sobre alas de águilas, y os he traído a mí.

Éxo 19:5 Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro(A) sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra.

Vosotros seréis mi especial tesoro : Ello sería así si el pueblo aceptaba acogerse al pacto que Dios le ofrecía.

¿Por qué escogió Dios a Israel como su nación? El sabía que ninguna nación en la tierra era lo suficientemente buena para merecer ser llamada su pueblo, su «especial tesoro». Eligió a Israel, no por algo que hubieran hecho, sino a pesar de las cosas malas que hicieron y que harían. ¿Por qué quería tener una nación especial en la tierra? Para representar sus caminos, para enseñar su Palabra y para ser una presencia salvadora en el mundo. «Todas las naciones de la tierra» serían bendecidas a través de los descendientes de Abraham. Gentiles y reyes vendrían al Señor mediante Israel, predijo. A través de la nación de Israel, nacería el Mesías, el escogido de Dios. El escogió una nación y la colocó en un riguroso programa de entrenamiento, para que algún día pudiera ser un canal de sus bendiciones al mundo entero.

Éxo 19:6 Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes,(B) y gente santa.(C) Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel.

Dios formuló sus requerimientos y estipulaciones para aquellos a quienes había escogido como su pueblo. Este tipo de pacto era algo común en esta época entre un soberano y sus súbditos. El soberano bendecía y protegía a su pueblo, mientras éste le tributaba lealtad y obediencia

Un reino de sacerdotes : Dios tenía completa potestad sobre todas las cosas, ya que toda la tierra era suya, y su obediente y leal pueblo ejercería dominio sobre la tierra. Gente santa : Se refiere a un pueblo apartado por Dios, dedicado a su servicio, y en medio del cual mora.

Dios tenía un motivo para rescatar de la esclavitud a los israelitas. Ahora estaba listo para decirles cuál era: Israel llegaría a ser un pueblo santo, una nación de sacerdotes en que cualquiera podría acercarse a Dios libremente. Sin embargo, no tomó mucho tiempo para que el pueblo corrompiera el plan de Dios. Entonces Dios estableció a los levitas como sacerdotes, representando lo que debería haber sido la nación entera. Pero con la venida de Jesucristo, Dios extendió una vez más su plan a todos los creyentes. Seremos un pueblo santo y «real sacerdocio». La muerte y la resurrección de Cristo, nos ha permitido a cada uno de nosotros acercarnos a Dios con libertad.

Éxo 19:7 Entonces vino Moisés, y llamó a los ancianos del pueblo, y expuso en presencia de ellos todas estas palabras que Jehová le había mandado.

Un reino de sacerdotes. LA ADORACIóN Y EL REINO. En estos versículos, el Señor indica qué espera de su pueblo liberado. Su propósito para el futuro del pueblo requiere que éste comprenda cuál es la primera prioridad de Dios para ellos: la adoración, meta de su obra redentora, junto con la reinstauración del reino. Mientras aprenden a adorar como una nación de sacerdotes, descubrirán los medios fundamentales para alcanzar futuras victorias (como personas a las cuales se les ha prometido restaurar su dominio o «reino»). Su restauración depende de su andar ante Dios rindiéndole culto. La liberación de Israel de Egipto no sólo es un testimonio de victoria, sino el símbolo inmemorial de un Dios que revela sus planes y métodos para la liberación de la iglesia y la realización de su misión.

Éxo 19:8 Y todo el pueblo respondió a una, y dijeron: Todo lo que Jehová ha dicho, haremos. Y Moisés refirió a Jehová las palabras del pueblo.

En Génesis 15 y 17, Dios hizo un pacto con Abraham, prometiendo que haría de sus descendientes una gran nación. Ahora esa promesa se estaba cumpliendo, reconfirmando su pacto con la nación israelita, los descendientes de Abraham. Dios prometió bendecirlos y cuidarlos, el pueblo prometió obedecerlo; por lo tanto el pacto estaba sellado. Pero las buenas intenciones del pueblo se disiparon rápidamente. ¿Ha hecho usted un compromiso con Dios? ¿Ha cumplido con su parte del trato?

Éxo 19:9 Entonces Jehová dijo a Moisés: He aquí, yo vengo a ti en una nube espesa, para que el pueblo oiga mientras yo hablo contigo, y también para que te crean para siempre.

Y Moisés refirió las palabras del pueblo a Jehová.

Éxo 19:10 Y Jehová dijo a Moisés: Ve al pueblo, y santifícalos hoy y mañana; y laven sus vestidos,

Se instruye al pueblo a lavar sus ropas para purificarse mientras se dispone a entrar a la presencia de Dios. Además de esta práctica de consagración del cuerpo, estaba implícita la necesidad de prepararse espiritualmente. Se les dijo que se apartaran de todo aquello de lo que se ocupaban normalmente.

Éxo 19:11 y estén preparados para el día tercero, porque al tercer día Jehová descenderá a ojos de todo el pueblo sobre el monte de Sinaí.

A Moisés se le dijo que consagrara al pueblo. Esto significaba prepararlos física y espiritualmente para encontrarse con Dios. La gente debía apartarse del pecado y aun de las rutinas diarias comunes para poder dedicarse a Dios. La acción de lavarse y prepararse servía para alistar sus mentes y corazones. Cuando nos encontramos con Dios para adorarle, deberíamos dejar de lado los intereses y preocupaciones de la vida diaria. Use su tiempo de preparación física para alistar su mente a fin de encontrarse con Dios.

Éxo 19:12 Y señalarás término al pueblo en derredor, diciendo: Guardaos, no subáis al monte, ni toquéis sus límites; cualquiera que tocare el monte, de seguro morirá.

Éxo 19:13 No lo tocará mano, porque será apedreado o asaeteado; sea animal o sea hombre, no vivirá.(D) Cuando suene largamente la bocina, subirán al monte.

Éxo 19:14 Y descendió Moisés del monte al pueblo, y santificó al pueblo; y lavaron sus vestidos.

Éxo 19:15 Y dijo al pueblo: Estad preparados para el tercer día; no toquéis mujer.

No toquéis mujer : Instruía a los hombres para que no mantuvieran relaciones sexuales con sus esposas. Estas implicaban a todo el ser y podrían desvirtuar el proceso de santificación

Éxo 19:16 Aconteció que al tercer día, cuando vino la mañana, vinieron truenos y relámpagos,(E) y espesa nube sobre el monte, y sonido de bocina muy fuerte; y se estremeció todo el pueblo que estaba en el campamento.

Éxo 19:17 Y Moisés sacó del campamento al pueblo para recibir a Dios; y se detuvieron al pie del monte.

Éxo 19:18 Todo el monte Sinaí humeaba, porque Jehová había descendido sobre él en fuego;(F) y el humo subía como el humo de un horno, y todo el monte se estremecía en gran manera.

Éxo 19:19 El sonido de la bocina iba aumentando en extremo; Moisés hablaba, y Dios le respondía con voz tronante.

Éxo 19:20 Y descendió Jehová sobre el monte Sinaí, sobre la cumbre del monte; y llamó Jehová a Moisés a la cumbre del monte, y Moisés subió.

subió, alah: Ascender, subir, levantarse. Este verbo aparece más de 800 veces en el Antiguo Testamento. Además del obvio significado de «subir», alah puede significar «levantar» u «ofrecer» cuando se refiere a sacrificios. Más aún, toda la ofrenda quemada se llama olah porque el humo de la ofrenda asciende al cielo. En elSalmo 24:3 alah se refiere a la ascensión de los justos al monte santo de Dios. Alah también es la raíz de la palabra aliyah  «ascensión» o «subir», que alude en especial a la subida a Sion, o al retorno a Israel desde la diáspora. Por último, alah es la raíz de elyon (el Altísimo), parte a su vez del título divino El Elyon (Dios Altísimo).

Éxo 19:21 Y Jehová dijo a Moisés: Desciende, ordena al pueblo que no traspase los límites para ver a Jehová, porque caerá multitud de ellos.

Éxo 19:22 Y también que se santifiquen los sacerdotes que se acercan a Jehová, para que Jehová no haga en ellos estrago.

Al afirmar «para que Jehová no haga en ellos estrago», el Señor estaba diciendo que destruiría a cualquiera que no estuviera consagrado y listo para encontrase con El.

Éxo 19:23 Moisés dijo a Jehová: El pueblo no podrá subir al monte Sinaí, porque tú nos has mandado diciendo: Señala límites al monte, y santifícalo.

Éxo 19:24 Y Jehová le dijo: Ve, desciende, y subirás tú, y Aarón contigo; mas los sacerdotes y el pueblo no traspasen el límite para subir a Jehová, no sea que haga en ellos estrago.

Los límites obedecían a la santidad de Dios; esta distancia podría ser salvada únicamente por Jesucristo, quien permite a los hombres penetrar «hasta dentro del velo»

Éxo 19:25 Entonces Moisés descendió y se lo dijo al pueblo.

Aquí todo Israel tuvo la experiencia que Moisés conoció en el monte Sinaí . La intención está clara: Dios viene a su pueblo para instruirle. Aunque íntima, su relación con Dios se mantendría dentro de ciertos límites.

Jetro

Personas como Jetro y Melquisedec -que no eran hebreos, pero sin embargo, adoraron al Dios verdadero- jugaron un papel muy importante en el Antiguo Testamento. Nos recuerdan el compromiso de Dios con el mundo. Dios eligió una nación por medio de la cual obraría; ¡pero su amor e interés son para todas las naciones!

Los antecedentes religiosos de Jetro lo prepararon, en vez de prevenirlo para, tener fe en Dios. Cuando vio y escuchó lo que Dios había hecho por los israelitas, su respuesta fue adorarlo con todo su corazón. Pero también podemos pensar que durante cuarenta años como suegro de Moisés, Jetro había visto obrar a Dios moldeando a un líder. Su relación debió haber sido muy cercana, ya que Moisés aceptó prontamente su consejo. Ambos se beneficiaron de la relación. Jetro conoció a Dios por medio de Moisés, y este recibió hospitalidad, una esposa y sabiduría de Jetro.

El regalo más preciado que una persona puede dar a otra es la fe en Dios. Pero esta fe se ve obstaculizada si la actitud del creyente es: «Tengo el regalo más maravilloso para ti, aunque no tienes nada con qué retribuirme». Los verdaderos amigos dan y reciben entre sí. La importancia de transmitir el regalo de una relación con Dios no hace que el regalo de la otra persona sea insignificante. Más bien, descubrimos que al conducir una persona a Dios, aumentamos nuestra sensibilidad de lo que Dios significa para nosotros. Cuando damos el regalo de Dios, El se da aún más a nosotros.

¿Es, lo que sabe de Dios, una colección de adivinanzas, o acaso tiene una relación viva con El? Sólo con una relación vital puede transmitir a los demás el entusiasmo de permitir que Dios guíe su vida. ¿Ha llegado al punto de decir, junto con Jetro: «Ahora conozco que Jehová es más grande que todos los dioses»?

Jetro fue suegro de Moisés, llegó a reconocer al único Dios verdadero. Era un mediador práctico y un organizador. De su vida aprendemos que: La supervisión y la administración son un trabajo de equipo; El plan de Dios incluye a todas las naciones
A Jetro lo encontramos en la tierra de Madián y el desierto de Sinaí ejerciendo el oficio de Pastor, sacerdote. Padre de Séfora y Hobab. Suegro de Moisés.

La llegada a Sinaí.

Después de viajar por casi tres meses, el pueblo llegó al desierto de Sinaí. La palabra “desierto” se refiere generalmente a un lugar sin habitación, y aunque era un lugar inhóspito no carecía de toda vida vegetal. Aunque incierto, parece mejor identificar el monte Sinaí con Jebel Musa (“Monte de Moisés”) que está a ochenta y ocho kilómetros al norte del extremo sur de la península de Sinaí. Alcanza una altura de 2.275 m. sobre el nivel del mar y se eleva unos 790 m. sobre la meseta que lo rodea. Es un lugar aislado, silencioso, árido y rocoso. Los visitantes hablan de un macizo de granito rosado con el pico de Sinaí elevándose majestuosamente. Por todos sus lados corren valles angostos y al nordeste está situado el monasterio de Santa Catalina. Desde este lugar hay un caminito por el que se puede subir al monte con comodidad en aproximadamente una hora u hora y media.

El pacto ofrecido.

El momento era dramático. Moisés, de regreso de Egipto, había traído al pueblo consigo para acampar en el desierto frente al monte. La misión estaba cumplida por lo que subió el monte, al lugar donde todo comenzó, para encontrarse una vez más con Dios. Sin duda pensaba que su tarea había terminado y que podía dejar al pueblo en manos de Jehová . Era hombre mayor y recientemente se había reunido con su esposa e hijos. La misión había sido ardua y, con la libertad de Israel lograda, soñaba en días tranquilos cuando pudiera relajarse y gozar de un trabajo felizmente terminado. No se daba cuenta de los largos años que todavía le esperaban tratando de dirigir a una gente indisciplinada a constituirse en una comunidad de fe ligada a su Redentor.

Una vez más Dios le habló, dándole un mensaje para los hijos de Israel. El mensaje tenía dos partes: En primer término, como en los tratados hititas, les recordaba sus grandes hazañas hechas a favor del pueblo y el cuidado que les había dado durante el camino desértico, cómo os he levantado a vosotros sobre alas de águilas y os he traído a mí. La meta de la liberación no era una montaña distante y misteriosa, sino que era traer al pueblo a Dios mismo para que tuviera una relación personal con él. Años más tarde Moisés empleaba la metáfora: Lo halló en tierra desértica,… Lo rodeó, lo cuidó,… como el águila que agita su nidada, revolotea sobre sus polluelos, extiende sus alas, los toma, y los lleva sobre sus plumas.

Después le dio la parte principal del mensaje: Dios les ofrecía la oportunidad de entrar en pacto con él. La oferta se introdujo con palabras, Ahora pues, si…. La entrada de Israel en el pacto sería el resultado de su propia y libre elección. Para poder elegir, era necesario escuchar la voz de Dios; nótese que en el hebreo el verbo “escuchar” [lit. oír] significa también “obedecer”. El oír verdaderamente a Dios significaba obedecerle.). No obstante, una vez elegido, el pacto tenía que ser observado de acuerdo con las condiciones establecidas por Dios. Debe notarse que la liberación de Israel no era el resultado de su obediencia, sino que su obediencia era el resultado de la liberación.

Por medio de aceptar y guardar el pacto, Israel tendría una relación única con Dios. “Guardar” significa cuidar o estar encargado de algo. Aquí significa cuidar, o guardar el pacto del Señor. Esto implica una responsabilidad doble: guardarlo en el sentido individual de obedecer sus enseñanzas en la vida personal, y estar encargado de él para compartirlo con los demás.

Tres características entran en esta singularidad y están relacionadas con el propósito divino de elegir a Israel: Debía ser un pueblo especial, debía ser un reino de sacerdotes y debía ser una nación santa. Debido a su importancia teológica, las examinaremos más detalladamente.

Un pueblo especial es la traducción de la palabra segullahx, que puede significar un tesoro especial de un rey, o puede referirse simbólicamente a Israel como un tesoro especial. En la antigüedad, el rey era considerado dueño de todo de su país; sin embargo, a él le daba poco placer poseerlo en una forma abstracta. Entonces, tenía en su palacio un cuarto, o tesorería, donde guardaba los tesoros más preciosos para él. Allí podía tocarlos y satisfacerse al tenerlos a mano. Ese lugar era su segullah. En cuanto a Dios, dijo que Israel sería para él un pueblo especial entre todos los pueblos. Porque mía es toda la tierra. El Señor no renunciaba su derecho sobre las otras naciones. El llamamiento de Israel era más bien porque toda la tierra le pertenecía. Dios tenía un propósito universal en elegir a un pueblo para ser su tesoro especial. Se había declarado el mismo propósito a Abram al llamarlo: … Y en ti serán benditas todas las familias [naciones] de la tierra. Por medio de Israel, el pueblo elegido, Dios quiso bendecir a todas las demás naciones. Israel iba a ser un medio o un instrumento en las manos de Dios para la redención de todas las naciones.

Un reino de sacerdotes. Esta frase aparece sólo aquí en el AT. La LXX la traduce “un sacerdocio real”, y Pedro sigue esta traducción. Dos posibles interpretaciones de la frase son:

(1) Todos los israelitas iban a ser sacerdotes. Así que todos tendrían derecho al acceso directo a Dios. Con la madurez espiritual, no necesitarían más tener intermediarios para que lograsen comunión con Dios. Después de Martín Lutero, cuando los protestantes hablan del “sacerdocio de cada creyente”, se refieren a este principio.

(2) Israel misma iba a ser una naciónsacerdote. No es que Israel iba a ser una nación compuesta totalmente de individuos que eran sacerdotes, sino que la nación colectivamente iba a servir como una nación sacerdotal. Un sacerdote servía como un intermediario entre los individuos y Dios y viceversa. Lo que hacía un sacerdote individualmente entre las personas, la nación de Israel iba a hacerlo entre las naciones. La nación debía ejercer un papel sacerdotal en beneficio de todas las naciones; debía hacer intercesión por ellas, debía instruirlas en el camino del Señor, y debía indicarlas el camino de la salvación. En este sentido, el propósito divino era que Israel fuese una nación misionera al mundo. De las dos posibles interpretaciones, la segunda parece la más indicada.

Una nación santa.

La misión de Israel estaba fundada en el carácter moral. Un pueblo especial para Dios y una nación sacerdotalmisionera tendría que reflejar la naturaleza del Rey que representaba. Israel debía ser separada o apartada porque pertenecía a Dios.

Por ejemplo, un día es santo cuando se lo aparta de los demás días y se dedica al servicio de Dios. Un lugar llega a ser santo cuando está relacionado con una revelación especial de Dios. Una persona llega a ser santa cuando se consagra a Dios. En este sentido, la santidad es un concepto positivo más bien que uno negativo; es decir, es por lo que se hace en vez de por lo que no se hace. El ser separado no hace que una cosa sea santa; el pertenecer a Dios y participar de su naturaleza lo hace.

Para Israel el privilegio de pertenecer a Dios y vincularse con él por medio del pacto llevaba una responsabilidad de ser santo. La santidad y el llamamiento a la vocación redentora eran inseparables. El ser una nación especial y una naciónsacerdote requería una entrega total a Dios. La entrega implicaba responsabilidad, y para cumplir con ella la nación tendría que vivir una vida santa.

Dios no forzó el pacto y la misión sobre Israel. Dijo a Moisés: Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel. Moisés volvió y llamó a los ancianos y les repitió las palabras del Señor. Los ancianos eran libres de aceptarlas o rechazarlas. Con entusiasmo, todo el pueblo respondió a una, y dijo: ¡Haremos todo lo que Jehová ha dicho! El pacto fue ofrecido libremente y aceptado libremente.

Aunque el Señor lo sabía, Moisés le informó de la decisión del pueblo. Entonces, Dios dijo que iba a acercarse al pueblo en una densa nube para que el pueblo escuchase mientras hablaba con Moisés. Por medio de la teofanía, el oficio de Moisés como el mediador divinamente elegido sería confirmado.

Sobre alas de águila Las águilas construyen sus nidos en precipicios escarpados de las montañas, en lugares libres del peligro de animales rapaces. Al crecer los aguiluchos, los padres agitan la nidada empujándolos al vacío, fuera de la seguridad del nido, para obligarlos a intentar volar. Antes que el aguilucho, chillando y batiendo las alas caiga sobre las rocas, la madre, en una bajada repentina lo recibe sobre su espalda y, con la fuerza de sus alas enormes, lo lleva de vuelta a la seguridad del nido. Sin embargo, repite la experiencia una y otra vez hasta que el aguilucho aprende a extender sus alas y a volar sobre las corrientes de aire con serenidad. Así es como aprende a elevarse por encima de las tormentas que suelen abatir los picos y valles abajo.

Muchas veces el Señor tiene que trabajar así con los suyos. Agita la nidada para que salgamos de la seguridad del hogar o del compañerismo de la iglesia y vayamos al mundo para servirlo. Protestamos y resistimos; sin embargo, abajo están sus brazos eternos.

La purificación del pueblo.

Dios es santo y mandó que el pueblo se santificara y se preparara para el tercer día, cuando él descendería sobre el monte. El pueblo debía prepararse espiritual y físicamente para el encuentro; debía prestar atención al corazón y a la apariencia física. El Santo de Israel debía recibir el respeto que le correspondía.

En primer término, debía lavar su ropa. La orden significaba llevar ropas limpias y dignas en el ejercicio de lo sagrado. En el desierto, con la escasez de agua, no era fácil mantener los vestidos limpios; sin embargo, para presentarse ante el Señor, aun con sacrificio, se debía hacerlo de la mejor manera posible.

En segundo lugar, no debía sobrepasar los límites puestos por Dios: no subáis al monte ni toquéis su límite. En el día del encuentro del pueblo con Dios, el monte Sinaí se convertiría en un recinto reservado para la divinidad (ver más tarde el lugar santísimo del tabernáculo). Dios era santo; no debían ser demasiado familiares con él, tratando de llegar demasiado cerca de su presencia. No debían ser demasiado curiosos, tratando de verlo de cerca, ni debían buscar reliquias religiosas del lugar santo.

El ser humano prefiere vivir por vista en vez de por la fe, y está dispuesto a transferir la devoción debida a Dios hacia objetos materiales. Además, la tendencia humana es a ceder fácilmente a la tentación de comercializar lo religioso con la venta de supuestas reliquias santas. Guardaos. . . cualquiera que toque el monte, morirá irremisiblemente.

Finalmente, en cuanto a la preparación, Moisés mandó que se abstuviesen de relaciones sexuales. No era que el sexo fuera considerado malo o un pecado; al contrario, se lo miraba como una función buena creada por Dios. El pecado del sexo no era su uso debido, sino su abuso. El pueblo debía tener un propósito singular en prepararse para el encuentro con Dios; consecuentemente, debía hacer a un lado cualquier distracción que lo impidiera. Dios era santo; el acercarse a él era asunto serio y debía cumplirse con reverencia.

La venida del Señor.

El relato se carga de drama, de emoción, de asombro y de terror. El día esperado llegó y el Señor descendió al monte. La descripción del acontecimiento da la impresión de una fuerte tormenta montañesa acompañada por acción volcánica. Había una densa nube sobre el monte con relámpagos y truenos; además, había humo y temblores. A los truenos que retumbaban por los valles se agregó el sonido misterioso de la corneta, y todo el pueblo que estaba en el campamento se estremeció.

En la época bíblica el toque de la corneta significaba el llamado al culto, la advertencia de algún peligro, o el arribo o la presencia de la realeza. No se indica en el texto cuál de los tres significaba. Tal vez el autor quiso incluir los tres. Con todo, el pavor y el terror sobrecogían a la gente en el campamentox, y Moisés les hizo salir al encuentro de Dios. Entonces, se detuvo el pueblo al pie del monte… y todo el monte se estremeció en gran manerax.

Mientras tanto, se intensificaba el sonido de la corneta y Moisés hablaba, y Dios le respondía con truenosx, y le llamó a la cumbre del monte y Moisés subióx. Dios le dijo a Moisés que bajase para advertir a la gente que no se acercara demasiado al montex; sin embargo, Moisés disintió de la necesidad de tener mayor protección. Decía que el pueblo había sido instruido; ya sabía que el monte era santificado. Moisés, el profeta de Dios, había llegado a ser un gran intercesor del pueblo ante Jehová ; llevaba la causa del pueblo a Dios y la defendía ante él. Su ministerio iba aumentando, y a los papeles de profeta y legislador se agregó él de sacerdote.

La indicación de santificar también los sacerdotes probablemente se refiere a los cabezas de las familias, o a los líderes de los clanes, que cumplían tal función en aquella época. No se había designado todavía a Aarón y sus hijos como sacerdotes.

Después del intercambio, Jehová le indicó a Moisés que descendiera y trajera de vuelta a Aarón consigo. No obstante, los demás del pueblo, incluyendo a los sacerdotes, no debían traspasar el límite establecido para la zona de seguridad.

Finalmente, todo estaba preparado para la gran revelación del Señor, y Moisés volvió al pueblo y se lo dijo. ¿Qué fue lo que dijo? De acuerdo con el estilo literario, parece que hace falta en el texto precisamente lo que Moisés dijo a ellos; sin embargo, se supone que era la información de lo que el Señor le había dicho en el encuentro. Con todo, se ha preparado el escenario para la revelación del Decálogo.

Verdades prácticas

1. El Señor demuestra quién es por lo que hace. Por medio de la naturaleza de sus hazañas, tiene el derecho de hacer demandas morales como estipulaciones del pacto.

2. Las estipulaciones morales del pacto demuestran el amor de Dios hacia su pueblo: desea lo mejor para los suyos.

3. Por medio de librar a Israel y de exigir que fuera una nación santa, Jehová mostró la naturaleza de su plan misionero. El es creador de todo el universo y a él le pertenecen todas las naciones del mundo. El no quiso obligarlas a reconocerlo como Señor por medio del poder, sino que optó por formar al pueblo de Israel para revelar su santidad reflejándola en la vida de la nación. Así entonces, eligió a Israel para ser una nación santa, es decir, una nación misionera. La santidad refleja la naturaleza de Dios, y, a la vez, es un poder activo en la redención mundial.

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