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Éxodo 14: Los israelitas cruzan el Mar Rojo

Pastor Lionel

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Éxo 14:25 y quitó las ruedas de sus carros, y los trastornó gravemente. Entonces los egipcios dijeron: Huyamos de delante de Israel, porque Jehová pelea por ellos contra los egipcios.

Éxo 14:26 Y Jehová dijo a Moisés: Extiende tu mano sobre el mar, para que las aguas vuelvan sobre los egipcios, sobre sus carros, y sobre su caballería.

Éxo 14:27 Entonces Moisés extendió su mano sobre el mar, y cuando amanecía, el mar se volvió en toda su fuerza, y los egipcios al huir se encontraban con el mar; y Jehová derribó a los egipcios en medio del mar.

Éxo 14:28 Y volvieron las aguas, y cubrieron los carros y la caballería, y todo el ejército de Faraón que había entrado tras ellos en el mar; no quedó de ellos ni uno.

No se ha encontrado ninguna evidencia de este gran éxodo en los registros históricos de los egipcios. Era una práctica común en Egipto que los Faraones no registraran sus derrotas. Hasta llegaban más lejos y tomaban los registros existentes y borraban los nombres de los traidores y de los adversarios políticos. Faraón debió estar especialmente ansioso de no registrar que su gran ejército fue destruido al perseguir a una banda de esclavos que huían. Como los egipcios tampoco registraron el éxodo o no se encuentra el registro aún, es imposible precisar la fecha exacta.

Éxo 14:29 Y los hijos de Israel fueron por en medio del mar, en seco, teniendo las aguas por muro a su derecha y a su izquierda.

Éxo 14:30 Así salvó Jehová aquel día a Israel de mano de los egipcios; e Israel vio a los egipcios muertos a la orilla del mar.

Éxo 14:31 Y vio Israel aquel grande hecho que Jehová ejecutó contra los egipcios; y el pueblo temió a Jehová, y creyeron a Jehová y a Moisés su siervo.

La respuesta apropiada al poder de Dios es el temor (temor reverente), la confianza y la obediencia. Los israelitas tuvieron que aprender esta lección vez tras vez.

Moisés

Algunas personas no pueden mantenerse alejadas de los problemas. Cuando surge un conflicto, siempre se las arreglan para estar cerca. La reacción es su acción favorita. Este era Moisés. Parecía arrastrado siempre a lo que necesitaba ser enderezado. A lo largo de su vida respondía de la mejor o de la peor manera a los conflictos que lo rodeaban. Aun la experiencia que tuvo con la zarza ardiente era una ilustración de su carácter. Al descubrir el fuego y ver que la zarza no se consumía, tuvo que investigar. Ya sea que se lanzara a pelear para defender a un esclavo hebreo o tratara de servir como árbitro en un pleito entre dos parientes, cuando Moisés veía un conflicto, reaccionaba.

A través de los años, sin embargo, algo sorprendente sucedió en el carácter de Moisés. No dejó de reaccionar, sino que aprendió a hacerlo de manera correcta. La acción calidoscópica que sucedía a diario al viajar dos millones de personas por el desierto, fue un reto más que suficiente para la capacidad de respuesta de Moisés. La mayor parte del tiempo era realmente un mediador entre Dios y el pueblo. En una ocasión tuvo que responder a la ira de Dios por la necedad y el olvido del pueblo. En otra ocasión, tuvo que reaccionar a los altercados y quejas del pueblo. Y aun en otra, tuvo que reaccionar ante los ataques injustificados contra su carácter.

El liderazgo requiere reacción. Aprender a reaccionar con instintos congruentes con la voluntad de Dios requiere que desarrollemos hábitos de obediencia a El. Una obediencia congruente con Dios se desarrolla mejor en tiempos de mayor estrés. Luego al llegar el estrés, nuestra reacción natural es obedecer los deseos de Dios cuando nos enfrentamos a una situación difícil.

En nuestra era, donde se están reduciendo las normas morales, encontramos casi imposible creer que Dios castigaría a Moisés por la única ocasión en que desobedeció totalmente. Sin embargo, lo que no podemos ver es que Dios no rechazó a Moisés; simplemente él mismo se descalificó para entrar en la tierra prometida. La grandeza personal no hace inmune a una persona de cometer errores o de enfrentarse a sus consecuencias.

En Moisés vemos una personalidad sobresaliente moldeada por Dios. Pero no debemos perder de vista lo que Dios realmente hizo. No cambió quién o qué era Moisés; Dios no le dio nuevas habilidades y fortalezas. Mas bien, tomó las características de Moisés y las moldeó hasta que pudieran encajar en su propósito. ¿Establece eso alguna diferencia en su comprensión del propósito de Dios para su vida? El trata de tomar lo que creó en primer lugar y usarlo para los planes que se propuso. La próxima vez que usted hable con Dios, no le pregunte «¿En qué debo transformarme?», sino «¿Cómo podría usar mis propias habilidades y puntos fuertes para hacer su voluntad?»

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