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Éxodo 13: Consagración de los primogénitos

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La ruta.

Tal como Jehovah rescató a los israelitas de la mano del faraón, así los llevó en el camino hacia la tierra prometida. No los guió por el camino más corto, el de la tierra de los filisteos para que no se desalentaran por la guerra que tendrían que enfrentar con el pueblo de ese territorio. Este era el camino de la costa controlado por los egipcios. Los filisteos eran un pueblo en proceso de entrar a la zona del Egeo por el mar. Poco después de 1200 a. de J.C. se establecieron en las llanuras costeras de la parte sudoeste de Canaán, después de un frustrado esfuerzo de invadir a Egipto. A la tierra de Canaán le dieron el nombre de Palestina, y por su ubicación en la ruta costera llegó a ser llamado el camino de los filisteos. No era prudente que Israel, recién librado de la opresión egipcia, tuviese contacto con elementos tan fuertes como el ejército egipcio y los invasores filisteos. Por cierto, la ruta militar que cruzaba el territorio de los filisteos les hubiera costado unos diez o doce días de viaje para llegar a su destino. Sin embargo, no era la hora.

Israel no estaba en condición de asumir la responsabilidad de la libertad. Todavía tenía lecciones que aprender, y una fe débil que debía ser fortalecida. Además, el Señor había instruido a Moisés para traer al pueblo a Sinaí, el monte sagrado, para un encuentro especial allí. La gente quería su libertad; sin embargo, no había logrado la madurez suficiente para mantenerla. Por tanto, Jehová  la llevó por las rutas de las caravanas del desierto. Era una zona menos poblada, con pocas guarniciones egipcias, si aun hubiera, y era un lugar propicio para lo que tenía que enseñar al pueblo.

Es imposible hoy identificar con precisión la ruta del éxodo, y cualquier identificación geográfica es tentativa; sin embargo, el propósito teológico del texto es claro y no hay duda de lo que Dios hizo para defender a su pueblo y para satisfacer sus necesidades básicas durante sus peregrinaciones.

Más bien, Dios hizo que el pueblo diese un rodeo por el camino del desierto hacia el mar Rojo. La frase mar Rojo no proviene del texto hebraico sino de la Septuaginta. El hebreo dice yam   suph   es decir, “mar de juncos”, o “mar de los cañaverales”. Probablemente éste no era el Mar Rojo mismo, sino un brazo o una extensión del mismo más al norte (ver la introducción al libro). La identificación exacta del mar carece de importancia. La verdad es que Dios libró a los israelitas del ejército egipcio abriendo paso por el agua (mar) cuando parecía que no había ninguna escapatoria posible.

La última parte es traducido, Los hijos de Israel salieron de la tierra de Egipto armados. El termino armados (hemushim) significa “equipados”, u “ordenados para la batalla”. Otra palabra de la misma raíz, hemishi  significa “la quinta” y se refiere al orden de días, meses, hijos, generaciones, etc. Algunos comentaristas sugieren la traducción: Los hijos de Israel salieron de la tierra de Egipto en la quinta generación. Los traductores que optan por la teoría de una estadía de cuatro generaciones, prefieren esta traducción. Sin embargo, no hay problema con la frase “ordenados para la batalla”, o “armados”. Tenían armas que consiguieron de los egipcios; sin embargo, no estaban preparados en el arte militar: Jehová  peleó contra los egipcios e intervino contra los de Amalec.

El pasado honrado.

Al salir de Egipto, Israel llevó los huesos de José, de acuerdo con la promesa hecha al patriarca moribundo muchos años antes. La fe de éste fue justificada: Dios ciertamente os visitará con su favor y os hará subir de esta tierra a la tierra que juró dar a Abraham, a Isaac y a Jacob. Por su parte, los descendientes honraron la palabra de sus padres.

La columna que guía.

Son varias las explicaciones ofrecidas para la columna de nube de día y la de fuego de noche:

(1) Jehová  iba delante de ellos por medio de un brasero ardiente cuyo humo guiaba de día y el reflejo alumbraba de noche. Esta era la costumbre de un ejército o caravana de la época para señalar la línea de marcha;

(2) era el resultado de una actividad volcánica en la zona

(3) era el resultado de nubes y relámpagos asociados con el monte Sinaí, y

(4) era el resultado de una presencia especial de Jehová  para guiar y proteger a los suyos.

Se entiende que Jehová  iba delante de ellos por medio de su representante Moisés, y hasta con su presencia demostrada con la nube. Así que, la interpretación mejor es la de la nube como la presencia especial de Jehová  con los suyos. La nube juega un papel importante en el desarrollo de la historia desértica. Es un testimonio de la presencia única del Dios en una forma viva y dinámica con Israel.

Verdades prácticas

1. Para seguir la guía de Dios hay que mirarlo a él; los que equivocan el camino son los que apartan su vista de Dios.

2. Dios nos da la guía necesaria cada día; cada día hemos de buscarlo.

3. En su dirección, Dios provee luz para el tiempo de obscuridad y su refugio para el tiempo de calor.

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