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Éxodo 13: Consagración de los primogénitos

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Éxodo 13:22 Nunca se apartó de delante del pueblo la columna de nube de día, ni de noche la columna de fuego.

La columna de nube y fuego era un ejemplo de teofanía, aparición de Dios en forma física. De esta manera, Dios alumbró el camino de Israel, los protegió de sus enemigos, les proporcionó seguridad, controló sus movimientos y simbolizó el celo ardiente que Israel debía tener por su Dios.

Dios dio a los hebreos una columna de nube y de fuego para que supieran día y noche que estaba con ellos en su peregrinaje a la tierra prometida. ¿Qué nos ha dado a nosotros para que tengamos la misma seguridad? La Biblia, algo que los israelitas no tenían. Lea la Palabra de Dios para tener la seguridad de su presencia. Aunque los hebreos miraban la columna de nube y fuego, nosotros podemos mirar la Palabra de Dios día y noche para saber que está con nosotros, ayudándonos en nuestro peregrinaje.

La consagración de los primogénitos.

Los israelitas creían que el primogénito, fuera de los hombres o de los animales, debía ser ofrecido a Dios. La vida era don de Dios, y era propiedad suya en una manera única. Algo similar se expresaba también en cuanto a las primicias de la cosecha. El sacrificio del primogénito, y también las primicias, expresaban el principio de pars pro toto,: la parte puede representar el total.

Hay evidencia de que antes del éxodo algunos pueblos en Asia Menor practicaban el sacrificio de los primogénitos en honor de sus dioses. En la época de Moisés entre los cananeos todavía practicaban este sacrificio, y aún fue rechazado entre los descendientes de Abram, donde se sustituyó un animal, un carnero, por Isaac. La legislación vino para prevenir cualquier abuso cuando hubiera contacto con los pueblos de Canaán.

Para Israel esta celebración se asociaba con la salvación de la vida de sus primogénitos aquella noche de la Pascua egipcia. La consagración de los primogénitos fue la última de las celebraciones recordatorias relacionadas con el éxodo: el motivo principal de la Pascua era recordar la noche cuando Jehová  pasó de largo las casas de los hijos de Israel; el de los ácimos era recordar el día cuando Jehová  los sacó de Egipto, y el de los primogénitos era recordar la matanza entre los egipcios.

Conságrame, es decir “sepárame”, o “dedícame”, significa una dedicación para el uso del Señor, en vez del concepto de algunos de una separación del mundo. El aspecto negativo de separar, o apartar los primogénitos, es secundario a la fuerza positiva de una dedicación para servir al Señor. El es creador de todo; todo le pertenece.

Ya que los israelitas no sacrificaban a sus hijos, era menester establecer medidas para la redención de los suyos. Esto se hizo mediante el pago de un precio especial. En este pasaje no se especifica el precio; sin embargo, en épocas posteriores se consideró la separación de los levitas a Jehová  como un substituto, una ofrenda por todos los primogénitos israelitas.

En algunos pueblos cercanos se ofrecía el asno en sacrificio a sus dioses); sin embargo, el asno se consideraba en Israel un animal impuro: no es animal que tiene pezuñas partida. Aunque impuro, era animal útil; entonces, se lo rescataba sustituyéndolo con un cordero. Si el asno no era rescatado se le daba muerte rompiéndole la nuca; es decir, rompiéndole la columna vertebral en la base del cráneo. Así se evitaba el derramamiento de sangre. En épocas posteriores podía ser rescatado con el pago de un precio.

En el pasaje se incluyen tres categorías de primogénitos: se ofrecerá en sacrificio el primogénito de los animales limpios (posteriormente se lo ofrecerá al sacerdote como una parte del sostén de éste); se rescatará con un cordero el primogénito de un asno, un animal impuro, o se le dará muerte, y finalmente, se rescatará por obligación el primogénito humano sin especificar el precio. (Muchos años más tarde se dará cuenta del precio que pagó Jehová  para rescatar a la humanidad pecadora.) Todo esto es una señal como un memorial de lo que hizo Jehová  para librar a Israel de la esclavitud. Tal como las instrucciones para los Azimos, la verdad debía llegar a ser una parte vital de la vida misma como una señal sobre tu mano y como un memorial entre tus ojos.

g. La dirección divina, 13:17-22. Si la cronología sugerida en relación con 9:31, 32 tiene razón, las plagas habrían cubierto un período de unos diez meses desde su comienzo. Aparte de la especulación en cuanto al tiempo transcurrido, lo seguro es que las plagas lograron su propósito. Dios rescató a Israel de la esclavitud y desde aquel momento en adelante, Israel tuvo una experiencia histórica sobre la cual basar su fe. Sin embargo, la actividad divina no terminó con la salida del pueblo de Egipto; Dios todavía siguió guiándolos en el camino hacia la tierra prometida.

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