Éxodo 10: La plaga de langostas

Éxo 10:28 Y le dijo Faraón: Retírate de mí; guárdate que no veas más mi rostro, porque en cualquier día que vieres mi rostro, morirás.

¿Por qué estaba Faraón tan renuente a dejar salir al pueblo? Los hebreos eran mano de obra gratuita, los constructores de grandes ciudades. Como líder egipcio, Faraón no podía dejar ir un recurso tan valioso.

Éxo 10:29 Y Moisés respondió: Bien has dicho; no veré más tu rostro.

La langosta. La estructura narrativa básica continua con unas leves variantes:

(1) Se explican otra vez las razones teológicas de las señales,

(2) se pide permiso de salir con la amenaza de una plaga de langosta,

(3) como elemento nuevo, los cortesanos aconsejan al faraón que permita salir a Israel,

(4) se realiza la plaga,

(5) el faraón pide a Moisés y a Aarón que rueguen a Jehová por él, y

(6) con el alivio, el faraón no deja salir al pueblo.

De acuerdo con 9:32, parece que la plaga vino unas cuatro a ocho semanas después de la del granizo. Esta plaga tuvo dos propósitos: el primero fue para manifestar las señales a los egipcios. De acuerdo con la enseñanza bíblica, una señal tiene un significado más allá de sí misma. Jehová no únicamente demostraba su poder por las señales, sino que proclamaba su soberanía universal por medio de ellas. El segundo propósito fue que Israel conociera por experiencia la soberanía de Jehová , y testificara de ella a las generaciones futuras.

Algunos han interpretado que la frase las cosas que yo hice en Egipto es una expresión irónica que significa: “cómo me he comportado con los egipcios, o cómo me he divertido…”). La Biblia de Jerusalén traduce: para que puedas contar a tu hijo,… cómo jugué yo con Egipto…. No es que Jehová se burlara de los egipcios. Era un conflicto en serio; sin embargo, los esfuerzos de los egipcios a favor de sus dioses eran inútiles. La expresión es algo similar a la encontrada en los Salmos: El que habita en los cielos se reirá; el Señor se burlará de ellos.

Audazmente, Moisés entrega al faraón la palabra de Dios: ¿Hasta cuándo rehusarás humillarte ante mí?. Dios había mandado siete plagas, y para el hebreo el número siete representaba el número perfecto. Siete señales debieran haber sido suficientes; sin embargo, el faraón seguía su camino obstinado y traía sobre su pueblo más y más dificultades. El problema del egipcio era su orgullo y, como todos los tiranos de la historia, tendría que aprender la lección de su humanidad. ¡Era hombre y no dios!

La amenaza de una invasión de langostas era terrible para los egipcios. Joel ofrece una descripción de la calamidad que representa una plaga así. Las langostas se multiplican rápidamente, son gregarias y, como insectos voladores, forman grandes nubes que suelen oscurecer la luz del sol, tal como una tormenta de polvo. Son muy voraces y causan daños tremendos, aun hasta quitar la corteza de los árboles. En sus vuelos muchas veces son arrastradas por el viento, y pueden ser llevadas a grandes distancias. Además del daño pueden ser una molestia a los seres humanos. Joel dice que corren como valientes; como hombres de guerra escalan la muralla. Cada uno sigue su camino, y no abandonan sus sendas… no rompen su formación en la ciudad. Van saltando por el muro, corren por las casas, suben por las ventanas y entran como ladrones.

Por primera vez los servidores del faraón trataron de persuadirlo a dejar ir a los hombres de Israel para que sirvan a Jehová su Dios. Se dieron cuenta de la situación económica y psicológica del país causada por la actitud obstinada del monarca.

Moisés y Aarón fueron traídos otra vez ante el faraón, y por primera vez el rey intentó negociar con Moisés antes de la llegada de la plaga anunciada. Por lo menos no dudaba del poder de Jehová para cumplir con su palabra, y creía que Moisés era su profeta.

La escena está repleta de intriga diplomática del medio oriente. Se nota por lo que se dice entre las líneas y por lo que no se dice. El faraón habla con cautela esperando que Moisés agregue términos más favorable sobre sus ofertas vagas. Al no encontrar lo esperado acusa a Moisés de malas intenciones. Con todo, se ve el creciente valor de Moisés y el respeto que le dan los servidores del faraón.

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