Éxodo 10: La plaga de langostas

Éxo 10:1 Jehová dijo a Moisés: Entra a la presencia de Faraón; porque yo he endurecido su corazón, y el corazón de sus siervos, para mostrar entre ellos estas mis señales,

Éxo 10:2 y para que cuentes a tus hijos y a tus nietos las cosas que yo hice en Egipto, y mis señales que hice entre ellos; para que sepáis que yo soy Jehová.

Dios dijo a Moisés que estas experiencias milagrosas con Faraón debían ser transmitidas a sus descendientes. ¡Qué historias podía contar Moisés! Viviendo uno de los más grandes dramas de la historia bíblica, Moisés era testigo de sucesos que muy poca gente podría ver. Es importante contarles a nuestros hijos acerca de la historia de la obra de Dios en nuestro pasado y ayudarlos a ver lo que está haciendo ahora. ¿Cuáles son los puntos críticos de su vida donde Dios intervino? ¿Qué es lo que Dios está haciendo por usted ahora? Las historias que cuente serán la base de la creencia de sus hijos en Dios.

La tradición oral y la declamación son partes importantes en la educación y preparación religiosa de los niños hebreos. Preservan las creencias y los recuerdos de lo que el pueblo ha experimentado.

Éxo 10:3 Entonces vinieron Moisés y Aarón a Faraón, y le dijeron: Jehová el Dios de los hebreos ha dicho así: ¿Hasta cuándo no querrás humillarte delante de mí? Deja ir a mi pueblo, para que me sirva.

Éxo 10:4 Y si aún rehúsas dejarlo ir, he aquí que mañana yo traeré sobre tu territorio la langosta,

Éxo 10:5 la cual cubrirá la faz de la tierra, de modo que no pueda verse la tierra; y ella comerá lo que escapó, lo que os quedó del granizo; comerá asimismo todo árbol que os fructifica en el campo.

Éxo 10:6 Y llenará tus casas, y las casas de todos tus siervos, y las casas de todos los egipcios, cual nunca vieron tus padres ni tus abuelos, desde que ellos fueron sobre la tierra hasta hoy. Y se volvió y salió de delante de Faraón.

Éxo 10:7 Entonces los siervos de Faraón le dijeron: ¿Hasta cuándo será este hombre un lazo para nosotros? Deja ir a estos hombres, para que sirvan a Jehová su Dios. ¿Acaso no sabes todavía que Egipto está ya destruido?

Éxo 10:8 Y Moisés y Aarón volvieron a ser llamados ante Faraón, el cual les dijo: Andad, servid a Jehová vuestro Dios. ¿Quiénes son los que han de ir?

Éxo 10:9 Moisés respondió: Hemos de ir con nuestros niños y con nuestros viejos, con nuestros hijos y con nuestras hijas; con nuestras ovejas y con nuestras vacas hemos de ir; porque es nuestra fiesta solemne para Jehová.

Éxo 10:10 Y él les dijo: !!Así sea Jehová con vosotros! ¿Cómo os voy a dejar ir a vosotros y a vuestros niños? !!Mirad cómo el mal está delante de vuestro rostro!

Éxo 10:11 No será así; id ahora vosotros los varones, y servid a Jehová, pues esto es lo que vosotros pedisteis. Y los echaron de la presencia de Faraón.

Faraón propone otra alternativa a Moisés: permitirá que sólo los varones vayan a los sacrificios a Jehová, lo cual contradice las costumbres religiosas tanto hebreas como egipcias. En ambas culturas todo el pueblo participaba en el culto. Sin dar tiempo para una respuesta, Moisés y Aarón se desvanecen de la presencia de Faraón . Esta iniciativa de Faraón no fue sino un mero recurso sicológico.

Éxo 10:12 Entonces Jehová dijo a Moisés: Extiende tu mano sobre la tierra de Egipto para traer la langosta, a fin de que suba sobre el país de Egipto, y consuma todo lo que el granizo dejó.

Éxo 10:13 Y extendió Moisés su vara sobre la tierra de Egipto, y Jehová trajo un viento oriental sobre el país todo aquel día y toda aquella noche; y al venir la mañana el viento oriental trajo la langosta.

Éxo 10:14 Y subió la langosta sobre toda la tierra de Egipto, y se asentó en todo el país de Egipto en tan gran cantidad como no la hubo antes ni la habrá después;

Éxo 10:15 y cubrió la faz de todo el país, y oscureció la tierra;(A) y consumió toda la hierba de la tierra, y todo el fruto de los árboles que había dejado el granizo; no quedó cosa verde en árboles ni en hierba del campo, en toda la tierra de Egipto.

La langosta vino y se comió lo que quedó de las cosechas tras el paso de la tormenta de granizo, poniendo en peligro la supervivencia de la gente. De esa manera continuaba el ataque divino sobre Isis y Seth.

Éxo 10:16 Entonces Faraón se apresuró a llamar a Moisés y a Aarón, y dijo: He pecado contra Jehová vuestro Dios, y contra vosotros.

Éxo 10:17 Mas os ruego ahora que perdonéis mi pecado solamente esta vez, y que oréis a Jehová vuestro Dios que quite de mí al menos esta plaga mortal.

Éxo 10:18 Y salió Moisés de delante de Faraón, y oró a Jehová.

Éxo 10:19 Entonces Jehová trajo un fortísimo viento occidental, y quitó la langosta y la arrojó en el Mar Rojo; ni una langosta quedó en todo el país de Egipto.

Éxo 10:20 Pero Jehová endureció el corazón de Faraón, y éste no dejó ir a los hijos de Israel.

La plaga de tinieblas

Éxo 10:21 Jehová dijo a Moisés: Extiende tu mano hacia el cielo, para que haya tinieblas(B) sobre la tierra de Egipto, tanto que cualquiera las palpe.

El oscurecimiento del sol tenía un doble efecto. Primero, así demostraba Dios su poder sobre el sol, el más potente símbolo religioso de Egipto. Segundo, ello constituía un ataque frontal contra el mismo Faraón, ya que a éste se le consideraba la encarnación de Amón-Ra, el dios sol.

Éxo 10:22 Y extendió Moisés su mano hacia el cielo, y hubo densas tinieblas sobre toda la tierra de Egipto, por tres días.

A medida que cada plaga descendía en Egipto, el pueblo egipcio se daba cuenta de cuán incapaces eran sus dioses para detenerlas. Apis, el «poderoso» dios del río Nilo, no pudo evitar que las aguas se convirtieran en sangre. Hator, la diosa-vaca, se vio indefensa cuando el ganado egipcio murió en manadas. Amón-Ra, el dios sol y jefe de los dioses egipcios, no pudo detener la misteriosa oscuridad que cubrió la tierra durante tres días completos. Los dioses egipcios eran:

(1) imágenes impersonales como el sol y el río,

(2) numerosos, y

(3) adorados junto con muchos otros dioses.

Al contrario, el Dios de los hebreos era:

(1) un Ser personal viviente,

(2) el único Dios verdadero y

(3) el único Dios al que debían adorar. Dios les estaba probando, tanto a los hebreos como a los egipcios, que El sólo era el Dios viviente y todopoderoso.

Éxo 10:23 Ninguno vio a su prójimo, ni nadie se levantó de su lugar en tres días; mas todos los hijos de Israel tenían luz en sus habitaciones.

Éxo 10:24 Entonces Faraón hizo llamar a Moisés, y dijo: Id, servid a Jehová; solamente queden vuestras ovejas y vuestras vacas; vayan también vuestros niños con vosotros.

Éxo 10:25 Y Moisés respondió: Tú también nos darás sacrificios y holocaustos que sacrifiquemos para Jehová nuestro Dios.

Éxo 10:26 Nuestros ganados irán también con nosotros; no quedará ni una pezuña; porque de ellos hemos de tomar para servir a Jehová nuestro Dios, y no sabemos con qué hemos de servir a Jehová hasta que lleguemos allá.

Éxo 10:27 Pero Jehová endureció el corazón de Faraón, y no quiso dejarlos ir.

Éxo 10:28 Y le dijo Faraón: Retírate de mí; guárdate que no veas más mi rostro, porque en cualquier día que vieres mi rostro, morirás.

¿Por qué estaba Faraón tan renuente a dejar salir al pueblo? Los hebreos eran mano de obra gratuita, los constructores de grandes ciudades. Como líder egipcio, Faraón no podía dejar ir un recurso tan valioso.

Éxo 10:29 Y Moisés respondió: Bien has dicho; no veré más tu rostro.

La langosta. La estructura narrativa básica continua con unas leves variantes:

(1) Se explican otra vez las razones teológicas de las señales,

(2) se pide permiso de salir con la amenaza de una plaga de langosta,

(3) como elemento nuevo, los cortesanos aconsejan al faraón que permita salir a Israel,

(4) se realiza la plaga,

(5) el faraón pide a Moisés y a Aarón que rueguen a Jehová por él, y

(6) con el alivio, el faraón no deja salir al pueblo.

De acuerdo con 9:32, parece que la plaga vino unas cuatro a ocho semanas después de la del granizo. Esta plaga tuvo dos propósitos: el primero fue para manifestar las señales a los egipcios. De acuerdo con la enseñanza bíblica, una señal tiene un significado más allá de sí misma. Jehová no únicamente demostraba su poder por las señales, sino que proclamaba su soberanía universal por medio de ellas. El segundo propósito fue que Israel conociera por experiencia la soberanía de Jehová , y testificara de ella a las generaciones futuras.

Algunos han interpretado que la frase las cosas que yo hice en Egipto es una expresión irónica que significa: “cómo me he comportado con los egipcios, o cómo me he divertido…”). La Biblia de Jerusalén traduce: para que puedas contar a tu hijo,… cómo jugué yo con Egipto…. No es que Jehová se burlara de los egipcios. Era un conflicto en serio; sin embargo, los esfuerzos de los egipcios a favor de sus dioses eran inútiles. La expresión es algo similar a la encontrada en los Salmos: El que habita en los cielos se reirá; el Señor se burlará de ellos.

Audazmente, Moisés entrega al faraón la palabra de Dios: ¿Hasta cuándo rehusarás humillarte ante mí?. Dios había mandado siete plagas, y para el hebreo el número siete representaba el número perfecto. Siete señales debieran haber sido suficientes; sin embargo, el faraón seguía su camino obstinado y traía sobre su pueblo más y más dificultades. El problema del egipcio era su orgullo y, como todos los tiranos de la historia, tendría que aprender la lección de su humanidad. ¡Era hombre y no dios!

La amenaza de una invasión de langostas era terrible para los egipcios. Joel ofrece una descripción de la calamidad que representa una plaga así. Las langostas se multiplican rápidamente, son gregarias y, como insectos voladores, forman grandes nubes que suelen oscurecer la luz del sol, tal como una tormenta de polvo. Son muy voraces y causan daños tremendos, aun hasta quitar la corteza de los árboles. En sus vuelos muchas veces son arrastradas por el viento, y pueden ser llevadas a grandes distancias. Además del daño pueden ser una molestia a los seres humanos. Joel dice que corren como valientes; como hombres de guerra escalan la muralla. Cada uno sigue su camino, y no abandonan sus sendas… no rompen su formación en la ciudad. Van saltando por el muro, corren por las casas, suben por las ventanas y entran como ladrones.

Por primera vez los servidores del faraón trataron de persuadirlo a dejar ir a los hombres de Israel para que sirvan a Jehová su Dios. Se dieron cuenta de la situación económica y psicológica del país causada por la actitud obstinada del monarca.

Moisés y Aarón fueron traídos otra vez ante el faraón, y por primera vez el rey intentó negociar con Moisés antes de la llegada de la plaga anunciada. Por lo menos no dudaba del poder de Jehová para cumplir con su palabra, y creía que Moisés era su profeta.

La escena está repleta de intriga diplomática del medio oriente. Se nota por lo que se dice entre las líneas y por lo que no se dice. El faraón habla con cautela esperando que Moisés agregue términos más favorable sobre sus ofertas vagas. Al no encontrar lo esperado acusa a Moisés de malas intenciones. Con todo, se ve el creciente valor de Moisés y el respeto que le dan los servidores del faraón.

El faraón dijo que podían ir y servir a Jehová , y luego preguntó: ¿Quiénes son los que han de ir? Moisés le respondió que todos irían con sus animales. No hubo cambios en sus demandas: porque tendremos una fiesta de Jehová. Sarcásticamente el faraón le dijo: ¡Sea Jehová con vosotros, si yo os dejo ir a vosotros y a vuestros niños!. Estaba dispuesto a dejar ir a los hombres; sin embargo, se proponía retener a las mujeres y niños como rehenes, para asegurarse de que los hombres volverían.

Moisés había pedido permiso de ir y adorar a Dios en el desierto. El faraón sabía que sólo los hombres participaban en los sacrificios oficiales. ¿Para qué querían llevar a sus familias? El faraón vio el pedido como una trampa para escapar. Aunque era justo el pedido de libertad, acusó falsamente a Moisés de planear algo subversivo: ¡… vuestras malas intenciones están a la vista! ¡No será así! Id vosotros los varones y servid a Jehová , pues esto es lo que vosotros habéis pedido.

Moisés no tenía malas intenciones contra Egipto. El faraón inventó una razón para justificar su decisión de dejar ir solamente a los hombres; pues no quería perder el valor económico que le representaban los israelitas. Mientras tanto, el Señor lo estaba azotando con golpes económicos para convencerlo de la conveniencia de dejarlos ir.

Evidentemente Moisés rechazó la oferta porque los echaron de la presencia del faraón. Entonces, a la indicación de Jehová , Moisés extendió su mano sobre la tierra de Egipto y vino un fuerte viento del oriente que trajo una plaga devoradora de langostas sobre el país como nunca antes hubo… ni la habrá después.

Con el azote de las langostas, el faraón llamó apresuradamente a Moisés y a Aarón y confesó que había pecado contra Jehová vuestro Dios y contra vosotros. Pidió perdón, pero sin arrepentirse; se sentía afligido por la plaga y los daños, mas no hubo un cambio de su vida ni de su voluntad. Pidió otra vez que rogasen a Jehová para que se apartara la mortandad de sobre él.

Moisés salió de la presencia del faraón y oró a Jehová, y el Señor hizo soplar un viento fuerte del occidente que llevó todas las langostas de la tierra y las arrojó al mar Rojo. No obstante, el faraón tuvo un cambio de parecer y no dejó salir a los hijos de Israel.

(i) Las tinieblas y el anuncio de la muerte de los primogénitos. Sin previo aviso al faraón, Jehovah ordenó a Moisés que extendiera su mano hacia el cielo, y al hacerlo vinieron densas tinieblas sobre la tierra de Egipto por un espacio de tres días. Otra vez el faraón llamó a Moisés y le ofreció otra concesión, la cual Moisés rechazó. Enojado el faraón echó a Moisés de su presencia con una amenaza de muerte, y Moisés le respondió igualmente indignado, dando al faraón el anuncio previo de la muerte venidera de los primogénitos de los egipcios. Moisés salió indignado de la presencia del faraón.

Como en los dos ciclos anteriores de plagas, la última plaga llegó sin previo aviso. Fue de tinieblas tan densas que, dice el texto, hasta se podían palpar. No fue casualidad que la penúltima plaga fuera de tinieblas: la teología egipcia le daba prioridad al dios del sol, Re, y consideraba al mismo faraón como la encarnación de éste.

Antes de resolver el tema de la liberación, hay que resolver los temas secundarios que se han presentado. El primero de estos es la confrontación teológica entre Jehová y los dioses egipcios. Por tres días la oscuridad venció el sol, y así el dios principal egipcio quedó en nada, así como su encarnación en la persona del faraón.

Además de demostrar la soberanía absoluta de Jehová sobre el mundo, las tinieblas prepararon la última y trágica escena de muerte. No era necesario que la confrontación llegara a tal extremo; sin embargo, el faraón había decretado la muerte de los hijos varones de Israel, el primogénito de Jehová. Dios, en vano, le había dado oportunidad tras oportunidad de dejar ir al pueblo, pero él había endurecido su corazón. El silencio de las tinieblas de esta plaga era como un presagio de la siguiente plaga, en la que el silencio de la noche sería roto por el llanto, el gran clamor, de los egipcios y los gritos de júbilo de los hebreos al escuchar el decreto de Id y servid a Jehová , como habéis dicho.

Posiblemente la expresión tinieblas que hasta puedan ser palpadas (10:21) es una manera figurativa de indicar la intensidad de la oscuridad. No obstante, el contexto sugiere que era producida por una fortísima tempestad de arena. Tales tempestades ocurren en Egipto comúnmente durante la primavera. Se las conoce como khamsin, y arrastran consigo grandes cantidades de arena proveniente del desierto. Suelen durar dos o tres días y producen obscuridad cuando la nube de tierra llevada por el viento cubre una localidad. El texto indica que no se podían ver unos a otros, ni nadie se movió de su lugar durante tres días. Sin embargo, los hijos de Israel tenían luz en sus moradas.

Si fue una tempestad de arena, fue una como nunca se había visto en aquellas regiones. De todos modos, las tinieblas eran más que una molestia para los egipcios: eran ocasión de espanto, porque ellos creían que la oscuridad era el imperio de los espíritus malignos que producían cualquier clase de maldad, aun hasta la muerte.

El faraón llamó a Moisés con urgencia y le hizo su cuarto ofrecimiento. Todavía trató de negociar una solución a su problema: Id y servid a Jehová . Vayan también vuestros niños con vosotros. Solamente que sean dejadas vuestras ovejas y vuestras vacas. Si no llevaban sus bienes con ellos, pensaba el faraón, volverían al país.

Probablemente con una risa, Moisés le contestó irónicamente: Entonces tú nos tendrás que dar animales para sacrificar… Y añadió con toda seriedad: ¡También nuestro ganado irá con nosotros!. Enfurecido el faraón le mandó salir de su presencia y lo amenazó con pena de muerte si volvía a verle, y Moisés le respondió: Bien has dicho. ¡Jamás volveré a ver tu cara!.

La estructura literaria del libro, prepara el escenario para la institución de la Pascua, la cual precederá el relato de la décima plaga. En su función, el capítulo mira adelante mientras que ata lo venidero con lo ya relatado.

Después de “felicitar” al faraón por su percepción, Moisés, con ardor, le informó del trágico futuro, aunque no le precisó la fecha cuando ocurriría. En realidad fue la última vez que el faraón lo vio antes de llamarlo para decretar la salida del pueblo. Moisés anunció la muerte de todo primogénito en la tierra de Egipto, y dijo: habrá un gran clamor en toda la tierra. . . como nunca lo hubo ni lo habrá. Sin embargo, entre los hebreos, ni un perro les ladrará… para que sepáis que Jehová hace distinción entre los egipcios y los israelitas. Entonces, Moisés dijo al faraón que éste lo llamaría en aquel entonces para mandarles salir. Además, añadió que los servidores del faraón se postrarían delante de él pidiéndole que se fueran. Con esto Moisés salió muy enojado.

Verdades prácticas (Acerca de las plagas, naturales y sociales)

1. No debemos esperar a que el desastre toque nuestra vida para examinar la calidad de nuestra realidad con Dios. Esto debemos hacerlo cada día. Al dormir cada noche debemos hacerlo con la seguridad de que nuestra vida está en el centro de la voluntad de Dios.

2. Las plagas naturales conmocionan a las comunidades por los daños que dejan a su paso. Hay otras plagas sociales, más dañinas todavía que las naturales, y las comunidades las toleran hasta que empiezan a devorar la sociedad. La pornografía, el tráfico de drogas, la prostitución, el aborto, la corrupción en todos los niveles de la administración pública, el abuso a los niños, etc., son plagas que no se anuncian como el circo que llega a la ciudad.

3. A veces deseamos que nuestros enemigos sean destruidos, pero Jehová envió las plagas no para destruir a los egipcios y a faraón, sino para llamarlos al arrepentimiento y convertirlos a él, el Dios verdadero. De haberse convertido hubieran obedecido a Dios dejando ir a los hebreos en paz, sin tener que enfrentar tanto sufrimiento, consecuencia de su rebeldía.

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