Éxodo 9: La plaga en el ganado

(2) se termina el conflicto de Moisés (Jehová ) con los magos;

(3) la estabilidad económica y religiosa del país se deteriora profundamente; y

(4) se dice por primera vez que Jehová endurece el corazón del faraón, tal como dijo que lo haría.

El hollín era de la clase que se encontraba en los grandes hornos para cocer cal o cerámica. Una vez esparcido en el aire por Moisés y Aarón, se convirtió en polvo fino. Al caer sobre los hombres y los animales producía ampollas, las cuales al reventarse producían úlceras.

En Deuteronomio se indica que el Señor advertía al pueblo de las consecuencias de la desobediencia con un recuerdo de la experiencia de los egipcios. Entre otras aflicciones, serían víctimas de úlceras malignas en las piernas y en las rodillas, y desde la planta de pie hasta la coronilla. Jehová te afligirá con úlceras de Egipto, con tumores, con sarna y con comezón, de los que no puedas ser sanado.

Al tener úlceras, existía la posibilidad de que fuera lepra; si no fuera, podrían ser contagiosas, lo que requería que el enfermo fuera aislado por algún tiempo. Consecuentemente, la plaga no sólo produjo una situación física incómoda para los egipcios, sino que resultó en una desorganización total del gobierno, de la vida económica y de la vida religiosa. Todos se pusieron en cuarentena, y no había quienes verificaran la sanidad de los demás. ¡Ninguna clase de huelga podía haber paralizado el país más completamente que la plaga de úlceras!

Se han propuesto varias posibles enfermedades que pueden explicar una infección de esta naturaleza, pero no es posible determinarla con exactitud. Algunos la relacionan con el ántrax, mientras que otros sugieren que la plaga tiene mejores indicaciones de ser un brote de viruela, la cual da fiebre, produce ampollas y comezones y afecta tanto los animales como al hombre.

Por primera vez el texto dice que Jehová endureció el corazón del faraón. Los hebreos no trataban con causas secundarias; todo lo que pasaba lo relacionaban finalmente con Dios. Además, reconocían que la acción de Dios era consistente con la naturaleza malvada del faraón y que Dios obraba con él dentro del contexto de su libre albedrío. Por lo tanto, el propósito aquí, según la interpretación de Honeycutt, era demostrar la soberanía de Jehová hasta para influir directamente en la voluntad obstinada del faraón.

Según el AT, esta verdad no viola la libertad del hombre; la tensión nunca produce un determinismo que niega la responsabilidad del hombre por sus decisiones y acciones. Hace resaltar que el Señor es soberano, y ningún ser humano, aunque fuese un rey egipcio que se había deificado a sí mismo, puede desbaratar finalmente la voluntad divina. Dios conocía al faraón y podía obrar en él aunque el faraón no lo reconociera.

El granizo.

Con la séptima plaga se inicia el tercer ciclo de azotes divinos. Es el más largo de los relatos, y en ella se demuestra la habilidad artística del autor: Se prepara al lector para la intensidad creciente de las plagas; se explica teológicamente el significado de las mismas, el cual está implícito; se demuestra con claridad la misericordia de Dios, aun hacia los egipcios; se demuestra el pecado y el proceso gradual del ablandamiento del corazón duro del faraón; y se indica la duración de la plaga, la cual se la relacionará con la que sigue.

Una vez más Moisés entrega la palabra de Dios al faraón. Anuncia el envío de todas las plagas (maggefah) sobre el monarca, sus siervos y el pueblo. Por primera vez en el libro emplea como sustantivo esta palabra, la cual significa “un golpe”, “una matanza”, “una pestilencia”, o “una plaga”. Gráficamente, la plaga sería un golpe para todo el país. En otros lugares la palabra es empleada para una matanza de la guerra, para castigos divinos sobrenaturales, y para un golpe de muerte. Moisés dice que este golpe será tan intenso como muchos juntos: está aumentando la intensidad del conflicto. El desarrollo del tema indica la mano de un artista literario que prepara a su auditorio para el juicio final de Jehová sobre el faraón. El egipcio había dicho que no conocía a Jehová; entonces, el Señor se presentó a sí mismo por medio de las plagas. El propósito de ellas era demostrar la unicidad de Jehová : No hay otro como yo en toda la tierra. El Señor podía haber quitado la vida al faraón, pero no lo hizo para mostrarle al egipcio su poder y para que su nombre fuera conocido en todo el mundo. Aun el juicio de Jehová era redentor, y su trato con el faraón era una demostración de su misericordia.

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