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Esto lo aprendí

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Alguien me enseñó… A ser consciente del privilegio de la vida.

A ser feliz, siendo yo mismo conforme a mi vocación y a mis sueños.

A tener el coraje de ser libre para elegir mis caminos, venciendo mis temores y asumiendo las consecuencias de mis actos.

A tener alegría para construir mi felicidad. A tener éxitos, pero también fracasos.

A querer el presente, elegir el futuro y trabajar para conseguirlo.

A recordar el pasado, pero no vivir en el ayer; a soñar en el futuro sin despreciar el presente.

A perdonarme mis errores, mis culpas y mis caídas. A tener el suficiente valor para pedir perdón y a perdonar a otro, olvidándome de los rencores… A renacer cada día.

Ella ha sido siempre una consejera que ha sabido escuchar, comprender y dar más sencilla, pero más alentadora, palabra de apoyo.

Una excelente directora de nuestra formación y vida espiritual.

La mejor cocinera, una amiga incondicional, que tienes sus manos para apoyarnos y nos abre su corazón para reclinar en él lo más íntimos secretos, alegrías y tristezas.

Ella siempre está presente cuando la necesitas, sin esperar nada a cambio.

Ese ser excepcional eres ¡Tú…Mamá! Estás aquí siempre presente desde la otra orilla.

No tiene que ser el día de la Madre para pensar y reflexionar en ella. Es Excepcional y este día recordémosla y por qué no llamarla ahora mismo si aún vive?

Y llamó Adán el nombre de su mujer, Eva, por cuanto ella era madre de todos los vivientes. Genésis 3:20.

Y la bendeciré, y también te daré de ella hijo; sí, la bendeciré, y vendrá a ser madre de naciones; reyes de pueblos vendrán de ella. Genésis 17:16.

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