Esdras 10: Expulsión de las mujeres extranjeras

Pastor Lionel

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Esd 10:8  y que el que no se presentara en el plazo de tres días, conforme al acuerdo de los jefes y de los ancianos, perdiera toda su hacienda y fuera excluido de la congregación de los que habían regresado del cautiverio.

Perder la hacienda significaba ser desheredado, es decir, ser despojado del derecho legal de poseer la tierra. Esto aseguraba que ningún hijo de pagano heredara la tierra de Israel. Además, la persona que rehusaba venir a Jerusalén sería excluida de la asamblea de los cautivos y no se le permitiría adorar en el templo. Los judíos consideraban esto un castigo horrible.

Esd 10:9  Así todos los hombres de Judá y de Benjamín se reunieron en Jerusalén dentro de los tres días, a los veinte días del mes, que era el noveno mes;[f] y se sentó todo el pueblo en la plaza de la casa de Dios, temblando con motivo de aquel asunto, y a causa de la lluvia.

Esd 10:10  Entonces se levantó el sacerdote Esdras y les dijo: –Vosotros habéis pecado, por cuanto tomasteis mujeres extranjeras, aumentando así el pecado de Israel.

Lo severo de las transgresiones exigía un arrepentimiento serio. La preservación del culto a Jehová era más importante que la preservación de los núcleos familiares.

Esd 10:11  Ahora, pues, dad gloria a Jehová, Dios de vuestros padres, haced su voluntad y apartaos de los pueblos de las tierras y de las mujeres extranjeras.[g]

Como creyentes en Cristo, todos nuestros pecados son perdonados. Su muerte nos limpió de todo pecado. ¿Por qué entonces todavía tenemos que confesarlos? La confesión es más que apropiarnos del perdón de Cristo por lo que hemos hecho mal, y tenemos que confesar pecados que ya han sido confesados previamente. Confesar es estar de acuerdo con Dios que nuestros pensamientos, palabras y acciones están equivocadas y contrarias a su voluntad. Es volver a comprometernos a hacer su voluntad y renunciar a cualquier acto de desobediencia. Confesar es apartarnos del pecado y pedirle a Dios un poder fresco para vivir para El.

El imperio Medo-Persa

Los acontecimientos en los libros de Esdras, Nehemías y Ester, tuvieron lugar durante el gobierno de los medos y los persas. Estos dos reinos provenían del noreste de Mesopotamia (lo que hoy es Irán) y aunaron sus fuerzas para derrotar a los babilonios. Los persas gobernaron hasta que surgió el Imperio Griego bajo Alejandro el Grande. Los persas tenían un sistema más flexible con respecto a sus cautivos, permitiéndoles tener propiedades, poseer tierras y casas. El rey Ciro de Persia fue un paso más allá, permitiendo a muchos grupos de cautivos, incluyendo los judíos, regresar a su tierra natal. En los libros de Esdras y Nehemías se relata cómo a grupos de judíos cautivos se les permitió volver a Palestina a reconstruir su ciudad capital y templo. El primer grupo que volvió fue liderado por Zorobabel y arribó en el 538 a.C. El segundo grupo volvió con Esdras en el 458 a.C. Nehemías lo hizo en el 455 a.C. para animar a los que estaban reconstruyendo el muro de Jerusalén. Ester se convirtió en reina del imperio en el 479 a.C., entre el primer y segundo regresos.

Esd 10:12  Toda la asamblea respondió en alta voz: –Hágase conforme a lo que has dicho.

Esd 10:13  Pero el pueblo es muy numeroso y estamos en tiempo de lluvias; además no podemos permanecer en la calle, ni es cuestión de un día ni de dos, pues somos muchos los que hemos pecado en esto.

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