Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin

El viejo lobo y el león

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on pinterest
Share on whatsapp
Share on email

Un día vi un viejo lobo en la boca de una cueva excavada en la montaña. El pobre animal, apenas podía moverse. Me pregunté entonces: ¿Cómo haría el viejo lobo para sobrevivir si no podía salir a buscar alimento? Y me quedé largo rato mirándolo. Pasado un rato, vi aparecer entre los matorrales a un león que traía un cabrito muerto entre sus fauces, lo depositó junto al lobo, y se marchó en silencio, tal como había llegado.

Entonces me admiré de la sabiduría de Dios, que había puesto a ese león en el camino del lobo herido para que día a día lo alimentase.

Y decidí yo también abandonarme a la misericordia de Dios. Me recosté entonces en la boca de una cueva, confiado en la providencia divina que no tardaría en acercarme alimento.

Pero pasaron los días, y nada ocurría. ¡Paciencia! –me dije– ¡Que se haga, Señor tu voluntad!

Días después, ya casi desfallecía de hambre, cuando escuché la voz de Dios que me decía:

— ¡Insensato! ¿Qué haces ahí tirado esperando que alguien venga a alimentarte? ¡Tú eres un león, no un lobo viejo!

Deja una respuesta

Ayúdanos a continuar Sembrando La Palabra de Dios

Publicaciones que pueden ser de interés para ti

Sigue adelante

Se cuenta que hubo un leñador que se pasaba el día talando árboles. La madera en esa parte del bosque no era de buena calidad así que

Artículo Completo