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El taller

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Érase una vez una joven que quería hacer un taller para interpretar la palabra de Dios.

Pero al taller solo asistió una amiga suya.

— No importa que solo una persona esté interesada, por una persona yo haré mi taller muy interesante y ameno -Pensó.

De pronto, en la sala donde se llevaba a cabo el taller ingresaron dos hombres para arreglar la electricidad. Se les veía muy concentrados en lo que hacían.

La joven seguía predicando con mucho ánimo sobre el propósito de una vida de amor y paz. Su compañera participaba y ambas hacían del taller un momento de reflexión sobre la importancia de Dios en nuestras vidas.

Hablaron sobre dónde habita Dios y cómo poder hallarlo. Al finalizar el taller, la joven le dijo a su amiga:

—  Qué pena que solo seamos dos las que pudimos escuchar y dialogar en este taller.

Sin embargo, uno de los señores que arreglaban la electricidad le dijo:

— Se equivoca señorita, yo también escuché lo que hablaban, y le puedo decir que Dios está en la lluvia y en la risa de los niños, está en todas partes.

La joven se puso feliz de entender que su mensaje había llegado sin saberlo a más corazones.

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