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El reloj de la pared

Pastor Lionel

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Una vez, a un reloj, colgado de una pared, se le ocurrió pensar en los segundos que tenía que recorrer para hacer un minuto; en las semanas para un mes y en los meses para un año. -Pobre de mí! -exclamó-, un total de más de treinta miillones de segundos para hacer un año-. Aquello le parecía una montaña demasiado elevada para escalarla.

Pero entonces escuchó la voz del péndulo que le dijo con acento firme y decidido: -Tic, tac, tic, tac. Tu estás muy equivocado. Jamás llegaremos a ninguna parte, a menos que demos un paso ahora y otro después- El reloj entró en razón y continuó, despreocupado, marcando segundos, minutos y horas y así acumulando días, semanas, meses y al fin, el año.

Al terminar, en el silencio de la noche volvió a escuchar la voz del péndulo que le dijo: -Paso a paso, con paciencia y perseverancia se puede ascender la más elevada montaña-.

No tenemos, pues, por qué tenerle miedo al mañana. Mientras perseveremos en la vida , mientras mantengamos nuestra fe en Dios y continuemos así: paso a paso, con la seguridad de que su divina mano lo va arreglando todo para nuestro bien, sigamos adelante, haciéndole frente al porvenir valerosamente. Vive tu momento, tu día, tomado de la mano de tu creador.

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En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.
Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan. Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él. No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz.

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