Efesios 1: El propósito de Dios

Séneca está lleno de esta clase de sentimiento de frustración irremediable. Los hombres, decía, eran abrumadoramente conscientes de su incapacidad en las cosas necesarias. Decía de sí mismo que era un homo non tolerabilis, una persona inaguantable. Los hombres, decía con una especie de desesperación, aman sus vicios y los odian al mismo tiempo. Lo que los hombres necesitan, clamaba, es que se les tienda una mano para levantarlos. Los pensadores más grandes del mundo pagano sabían que estaban en las garras de algo de lo que eran incapaces de librarse a sí mismos. Necesitaban liberación.

Fue precisamente esa liberación la que trajo Jesucristo; y sigue siendo verdad que Él puede liberar a las personas de la esclavitud a las cosas que las atraen y las repelen al mismo tiempo, de la que no se pueden librar a sí mismas. Para decirlo más sencillamente: Jesús todavía puede hacer que los malos se hagan buenos.

(ii) Está el perdón. El mundo antiguo estaba asediado por el sentimiento de pecado. Bien se podría decir que todo el Antiguo Testamento es un desarrollo del dicho «El alma que pecare, morirá» (Ezequiel 18:4). Las personas eran conscientes de su propia culpabilidad y vivían en constante terror de su dios o dioses. Se dice algunas veces que los griegos no tenían sentimiento de pecado. Nada podría estar más lejos de la verdad. «Los hombres -decía Hesíodo- deleitan sus almas en la contemplación de lo que es su ruina.» Todos los dramas de Esquilo se basan en un solo texto: « El que la hace, la paga.» Una vez que una persona había hecho algo malo, tenía a Némesis a sus talones; y el castigo seguía al pecado tan irremisiblemente como la noche seguía al día. Como dice Shakespeare en Ricardo Tercero: Mi conciencia tiene mil lenguas diferentes, y cada una de ellas cuenta su propia historia, y cada historia me delata como villano.

Si había una cosa que la gente conociera era el sentimiento de pecado y el miedo a Dios. Jesús cambió todo eso. Enseñó, no a odiar a Dios, sino a amar a Dios. Porque Jesús vino al mundo, las personas, aun en su pecado, descubrieron el amor de Dios.

(iii) Hay sabiduría y prudencia. Las dos palabras en griego son sofía y fronésis, y Cristo nos las trajo las dos. Esto es muy interesante. Los griegos escribieron mucho sobre estas dos palabras. Si una persona tenía ambas cosas, estaba perfectamente equipada para la vida.

Aristóteles definía sofíá como el conocimiento de las cosas más preciosas. Cicerón la definía como el conocimiento de todo lo divino y lo humano. Sofia correspondía a la inteligencia investigadora. Sola era la respuesta a los eternos problemas de la vida y de la muerte, de Dios y del hombre, del tiempo y de la eternidad.
Aristóteles definía frónésis como el conocimiento de los asuntos humanos y de las cosas que es necesario planificar.

Plutarco lo definía como el conocimiento práctico de todo lo que nos concierne. Cicerón lo definía como el conocimiento de las cosas que se han de buscar y de las que se han de evitar. Platón lo definía como la disposición de ánimo que nos permite juzgar qué cosas han de hacerse y cuáles no. En otras palabras, frónésis es el sentido práctico que permite a las personas enfrentarse con los problemas prácticos de la vida diaria, y resolverlos.

Pablo afirma que Jesús nos trajo sofía, el conocimiento intelectual que satisface la mente, y frónésis, el conocimiento práctico que nos permite resolver los problemas de la vida cotidiana. El carácter cristiano se presenta así como algo completo. Hay una clase de persona que está en su ambiente en el estudio, que se mueve con soltura entre los problemas filosóficos y teológicos, y que sin embargo se pierden en los asuntos ordinarios de la vida de cada día. Y hay otra clase de persona que se considera muy práctica, que se afana en los negocios de la vida, pero que no tiene interés en los asuntos del más allá. A la luz de los dones que Dios nos da por medio de Cristo, ambos caracteres son imperfectos. Cristo nos trae la solución de los problemas tanto de la eternidad como del. tiempo.

La meta de la historia

Esto sucedió porque Él nos dio a conocer el secreto de Su voluntad que había estado una vez oculto, pero que ahora es revelado, porque así Le ha placido en Su bondad. Este secreto era un propósito que Él se había formado en Su propia mente antes que empezara el tiempo, para que los períodos de tiempo fueran controlados y administrados hasta que llegaran a su pleno desarrollo, un desarrollo en el que todas las cosas, en el Cielo y en la Tierra, sean reunidas en unidad en Jesucristo.

Es en este punto cuando Pablo se enfrenta de veras con su tema. Dice, como lo traduce la versión Reina-Valera, que Dios nos ha dado a conocer «el misterio de Su voluntad.» El Nuevo Testamento usa la palabra misterio en un sentido especial. No es que sea algo misterioso en el sentido de que sea difícil de entender, sino más bien algo que se ha mantenido secreto durante mucho tiempo y que ahora se ha revelado, aunque sigue siendo incomprensible para los que no han sido iniciados en su significado.

Tomemos un ejemplo. Supongamos que llevamos a uno que no sabe absolutamente nada del Cristianismo a un culto de comunión. Para esa persona sería un completo misterio; no se enteraría ni lo más mínimo de lo que está teniendo lugar.

Ayúdanos a continuar Sembrando La Palabra de Dios

WebDedicado ha sido autorizado a recaudar las donaciones para continuar con La gran Comisión.


Deja el primer comentario