El mago y el ratón

El mago y el ratón

Cada vez que observo a lo largo de tus actividades cómo te sientes, menos o más que tus demás hermanos, te me pareces a esas pequeñas luciérnagas que en la oscuridad prenden y apagan. Cuando sientes que no eres importante en el Plan Divino es como si estuvieras apagado, mas cuando reconoces tu importancia en los trabajos por realizar te iluminas ante mis ojos espirituales.

Este cuento me recuerda uno de tantos cuentos, de esos que se tienen en las manos desde pequeños. Servirá a todos para recordar la importancia que cada ser tiene dentro del Plan Divino y ayudará para que cada vez sea mayor el tiempo que permanezcan encendidos. Aún faltan muchas cosas por pasar, muchas experiencias por vivir para que podamos decir: “siempre estamos encendidos”. Mientras tanto, sirva esta parábola para recordarte qué tan valiosos eres.

Era un gran mago que todo lo podía, de fuerza y poder extraordinario. Un día, en su camino vio a un pequeño ratón, al verlo se dijo a sí mismo: “Haré algo bueno por él.”

Sus palabras se dirigieron entonces al frágil ratoncito:

— Has pasado por mi camino, en premio, ya no serás más un ratón, serás la más bella de las mujeres, la más talentosa, la más llena de todas las virtudes.

Dicho esto, con un breve ademán, lo convirtió, según su propósito, en una bella doncella. Una vez hecho esto le dijo:

— Ahora, ¿qué deseas?, pídeme lo que quieras, mi fuerza y mis poderes son grandes. Dime qué deseas, yo te lo concederé.

La doncella respondió:

— Quiero casarme con el ser más poderoso de la Tierra.

— Te casarás con el Sol, él es quién da Luz y Calor al planeta.”

— ¿Qué tanto es mi valor y mi poder –dijo el sol– que una simple nube puede cubrirme y quitar mi calor?”

— Es cierto, entonces tu casamiento será con las nubes que son capaces de tapar al sol, que nos dan la lluvia para que crezcan los campos, con el agua que es indispensable para la vida.

Más el ser de las nubes respondió:

— Tanta es mi fuerza y mi importancia, que el viento, me mueve a su antojo.

— Es cierto, te casaremos con el viento.

El viento, habiendo escuchado dijo:

— Tanta es mi fuerza, que una montaña me detiene y no puedo pasar a otro lado, me estrello contra ella, y más no puedo avanzar.

— ¡Ya sé !, te casarás con el espíritu de la montaña, nadie la mueve.

— No soy el más poderoso de la Tierra, –respondió la montaña–… ¿Qué tanto es mi valor, que un simple ratoncito me roe las entrañas, y hace su madriguera dentro de mí?

Comprendiendo el mago la verdad de todo lo anteriormente dicho, y sin decir más, volvió a su forma original a la que antes era la más hermosa de todas las mujeres de la tierra. Luego la observó alejarse con el ratón que roía las entrañas de las montañas y comprendiendo el mago dijo:

— Nadie es más fuerte y nadie es mejor, sólo Dios en su infinita sabiduría da a cada ser su lugar. Cada uno tiene su importancia, cada uno es hijo de Dios, en las múltiples manifestaciones del ser.

No trates de ser como tal o cual persona, porque cada uno tiene su valor, cada uno, en lo que se desarrolla, en el servicio que presta, en el servicio que les nace hacer, ahí está su lugar. Cada uno en el lugar que le corresponde realiza su misión. Con humildad, recuerda que los últimos serán los primeros.

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