El joven ruso y su madre

Un joven campesino que había estudiado en la Universidad de Moscú, se hallaba en su hogar cuando su madre fue mordida por un perro rabioso. El joven, que conocía la eficacia de la vacuna antirrábica, recién descubierta, tomó un trineo y corrió por tres días a la ciudad más próxima para conseguir el precioso remedio. Lo obtuvo a un precio elevado, sin concederse descanso emprendió el camino de vuelta para llegar tiempo de aplicar el remedio y salvar la vida de su amada madre, evitándole graves sufrimientos.

Pero la ignorante campesina, no creyendo lo que le decían acerca de los efectos terribles de lo que parecía una insignificante herida que ya se había curado, se resistió a recibir la punción, y en medio de una discusión sobre el asunto, logró apoderarse de la frágil ampolla que contenía el líquido salvador, la arrojó al suelo y la pisoteó.

Cuando sobrevinieron los inevitables ataques de hidrofobia, la infeliz mujer se desesperaba reconociendo que por su ignorancia y terquedad había hecho vano el sacrificio de su hijo y se había condenado sí misma a una muerte horrible.

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