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El hombre y su esposa

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Tal vez haya leído en este u otro portal una historia que le haya hecho llorar, o al menos reflexionar en su relación matrimonial. Nada, y puedo asegurarlo, nada de lo que haya experimentado podrá ser comparado con lo que va a experimentar.

En los Estados Unidos, el 11 de enero de 2005 se celebró un matrimonio que distaba mucho de ser uno de tantos de los que se celebran a diario en todas partes del mundo. Katie Kirkpatrick, de 21 años contrajo matrimonio con un chico llamado Nick. Katie tenía cáncer en estado terminal y pasaba horas enteras al día recibiendo sus medicamentos y tratamientos, mientras su enamorado Nick esperaba pacientemente.

Debido al constante e incesante dolor hubo que recurrir a la morfina, y ya varios de sus órganos comenzaban a quebrantarse. A pesar de todo este sufrimiento Katie llevó adelante el casamiento y se hizo cargo de cuidar al máximo de los detalles.

El vestido tuvo que ser ajustado varias veces, pues Katie perdía peso todos los días debido al cáncer que se alimentaba de su ya frágil cuerpo.

Un accesorio inusitado en la fiesta fue el tubo de oxígeno usado por Katie al que prácticamente estaba atada. Acompañó a la novia en toda la ceremonia y la fiesta también.

No sólo los novios estaban emocionados ese día. Los padres de ambos, embriagados por la emoción admiraban aquella pareja que se enamoró desde la adolescencia.

Katie, estuvo sentada en su silla de ruedas la mayor parte del tiempo y junto a ella el tubo de oxígeno. Así escuchó al amoroso marido y sus amigos cantar para ella.

En el medio de la fiesta Katie suspendía toda actividad para descansar un tiempo . El dolor le impedía continuar por mucho tiempo.

Katie murió 5 días después del casamiento. Ver una mujer tan debilitada vestida de novia y con una sonrisa en los labios nos hace pensar… La felicidad siempre está al alcance de nuestras manos dure cuanto dure. Debemos decidir ser felices, dejemos de complicar nuestras vidas.

La vida es corta, trabaje como si fuera su primer día y viva como si fuera el último, perdone rápidamente, bese demoradamente y amorosamente, ame verdaderamente, ría incontrolablemente, y nunca deje de sonreír, por más extraño que sea el motivo. La vida puede que no sea la fiesta que esperábamos, pero en cuanto estemos y permanezcamos aquí, debemos sonreír y dar gracias… y sobre todo hacer una fiesta de la vida.

Ore por todos los que padezcan este terrible mal y haga que siga circulando esta historia con su vela. Cópiela y envíela aunque sea a una persona más, en memoria de alguien que conozca que haya sido golpeado por el cáncer o que esté luchando contra este terrible mal. Dios y los pacientes de cáncer se lo agradecerán.

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