El gran mandamiento

Pastor Lionel

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Y finalmente Amós los redujo todos a uno (Amós 5:4): Buscadme y viviréis.

Aquí se puede ver que el ingenio rabínico trataba de concentrar tanto como de extender la Ley. Había realmente dos escuelas de pensamiento. Algunos creían que había temas más ligeros y más graves en la Ley; que había grandes principios que era de suprema importancia captar. Como Agustín diría unos siglos después: «Ama a Dios, y haz lo que quieras.» Pero había otros que estaban totalmente en contra de esto, y que sostenían que todos los principios pequeños eran tan vinculantes como los grandes, y que tratar de distinguir entre sus relativas importancias era sumamente peligroso. El escriba que Le hizo a Jesús esta pregunta estaba interesado en algo que constituía un tema candente del pensamiento judío.
La respuesta de Jesús tomó dos grandes mandamientos, y los aunó.

(i) «Oye, Israel: no hay más Señor que el Señor nuestro Dios.» Esa sencilla frase es realmente el credo del judaísmo (Deuteronomio 6:4). Se usaba de tres maneras. Se la llama la Shemá. Shemá es el imperativo del verbo hebreo shama›, oír, y se llama así porque esa es la primera palabra de la frase, y en español Oye Israel.

(a) Era y es la frase inicial del culto de la sinagoga antiguamente y ahora. La shemá entera está tomada de Deuteronomio 6:4-9; 11:13-21; Números 15:37-41. Es la confesión de que no hay más que un Dios, el fundamento del monoteísmo judío.

(b) Los tres pasajes de la shemá se escribían en las filacterias (Mateo 23:5), que eran tiras de piel que los devotos judíos se ponían en la frente y en la muñeca cuando hacían oración. Cuando oraban, les recordaba su credo. La razón para usar las filacterias se encontraba en Deuteronomio 6: 8.

(c) La shemá se guardaba en una cajita cilíndrica llamada mezuzá, que se fijaba, y se sigue fijando, a la puerta de todas las casas judías y de todas las habitaciones para recordarles a los judíos a Dios en sus entradas y salidas.

Cuando Jesús citó esta frase como el primer mandamiento, cualquier judío devoto habría estado de acuerdo con Él.

(ii) «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» Es una cita de Levítico 19:18. Jesús hizo una cosa insólita con ella. En su contexto original se refiere al correligionario judío. No se pretendía que incluyera a los gentiles, a los que estaba permitido odiar. Pero Jesús citó este mandamiento sin restricciones ni fronteras. Tomó una ley antigua, y la colmó con un nuevo significado.

La cosa nueva que hizo Jesús fue aunar estos dos mandamientos. Ningún rabino lo había hecho nunca. Sólo hubo un intento de relacionarlos anteriormente. Alrededor del año 100 a.C. se compuso una serie de tratados Los Testamentos de los Doce Patriarcas, en los que el autor anónimo puso en las bocas de los patriarcas algunas enseñanzas muy preciosas. En El Testamento de Isacar 5:2 leemos: Ama al Señor y ama a tu prójimo, ten compasión de los pobres y de los débiles.

Y en el mismo testamento, 7:6, leemos: Yo amaba al Señor, e igualmente a todos mis semejantes de todo corazón.

Y en El Testamento de Dan 5:3 leemos: Amad al Señor durante toda vuestra vida, y unos a otros con corazón sincero.

Pero ninguno, hasta Jesús, puso los dos mandamientos juntos y los aunó. La religión para Él era amar a Dios y amar a los hombres. Él habría dicho que la única manera de probar que se ama a Dios es amando a los hombres.

El escriba aceptó esto de buena gana, y añadió que tal amor era mejor que todos los sacrificios. En eso estaba en armonía con el pensamiento más elevado de su pueblo. Hacía mucho, mucho tiempo, Samuel había dicho: «¿Es que se complace el Señor tanto en holocaustos y sacrificios como en que se obedezcan las palabras del Señor? Mejor es obedecerle que ofrecer sacrificios, y prestarle atención, que el sebo de los carneros» (1 Samuel 15:22). Y Oseas Le oyó decir a Dios: «Lo que Yo quiero es fidelidad, y no sacrificios» (Oseas 6:6).

Pero es siempre más fácil dejar que el ritual ocupe el lugar del amor. Siempre es más fácil dejar que el culto se convierta en un asunto de la iglesia en lugar de algo de toda la vida. El sacerdote y el levita podían pasar de largo al viajero herido porque estaban ansiosos por cumplir con el ritual del templo. Este escriba se había remontado por encima de sus contemporáneos, y por eso se encontró de acuerdo con Jesús.

Tiene que haber habido una mirada de amor en. los ojos de Jesús, y también una mirada de invitación cuando le dijo al escriba: «Hasta aquí has llegado tú. ¿No quieres seguir adelante, y aceptar Mi manera de ver las cosas? Entonces llegarías a ser un verdadero ciudadano del Reino de Dios.»

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