El extranjero

Publicaciones realizadas por ángeles que nos prestan sus alas cuando se nos olvida cómo volar

El extranjero

Abuna di bishemaya it qaddash shemak. Que ton nom soit sanctifié, que ton règne arrive. Sia fatta la volontà tua com in cielo, così in terra. Danos hoy nuestro pan de cada dia, perdona nuestras ofensas, as we forgive those who trespass against us. Kuni to chikara to sakae wa tokoshie ni anata no mono da kara desu. Aamen.

Si entendiste el principio de esta introducción entendiste la lección intentada. Es innegable que la globalización nos introdujo en una corriente de cambios vertiginosos que –en la mayoría de los casos– nos tomó por sorpresa. Pero más allá de los pro y los contra que los expertos se ocupan en analizar, pienso que una de las consecuencias positivas es el creciente intercambio cultural a nivel mundial.

¡Qué bueno fue conocer a Migdonio Sánchez! Llegó a nuestra patria en busca de mejores condiciones económicas, con el fin de ayudar a su familia. Al igual que tantos hermanos latinoamericanos se vio forzado a abandonar su país –y a su gente– por un indeterminado período de tiempo. Pero en su maleta no venían tan sólo sus cachivaches, trajo sus recuerdos, tradiciones y costumbres.

Fresco aún tengo en mi memoria el momento en que quiso probar el pitorro, cogió un vaso y lo tomó como si fuera agua. Aprendió la lección: el pitorro es una bebida difícil de tomar, no se trata de un refresco, un vaso de leche o agua.

Historias y anécdotas sobreabundan, pero durante los años en los que Migdonio estuvo aquí, llegué a comprender mejor la experiencia personal de un extranjero. Es decir, qué siente, piensa, sueña, proyecta y anhela alguien que está lejos de su hogar, en un entorno extraño y en muchos casos adverso. Cuando llegó el día de su regreso, en casa sentimos como si uno de los nuestros se fuera lejos.

Algunos dicen que “descendemos” de los barcos, y en gran parte tienen razón debido a las grandes corrientes migratorias provenientes de Europa en la primera mitad del siglo pasado. Sin embargo, a menudo –si no casi siempre–olvidamos el hecho que nuestros antepasados fueron extranjeros. Obviamos esta realidad y con excesiva frecuencia nos congraciamos con la opinión popular, menospreciando a los hombres y a las mujeres que llegaron –y llegan– en los últimos años para ser cobijados por esta gran patria. Colocamos motes, apodos y sobrenombres despectivos, revelando de esta forma nuestra profunda pobreza interior y nuestros esfuerzos estériles por construir una nación próspera, sólidamente fundamentada en la igualdad humana.

La Biblia dice: “no angustiarás al extranjero; porque ustedes saben cómo es el alma del extranjero, ya que extranjeros fueron” (Éxodo 23:9).

Un amigo que vive en España tiene lo siguiente colgado en la pared de su oficina: “Si tu Dios es judío, tu coche japonés, tu pizza italiana, tu gas argelino, tu café brasileño, tus vacaciones marroquíes, tus cifras árabes, tus letras latinas… ¿Cómo te atreves a decir que tu vecino es extranjero?

La Biblia dice que en esencia nosotros somos extranjeros en esta tierra, por lo tanto vale la pena que miremos con buenos ojos y un corazón grande a quienes creemos que son extranjeros.

No opriman al extranjero, pues ya lo han experimentado en carne propia: ustedes mismos fueron extranjeros en Egipto. Exodo 23:9

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Lionel Valentin Calderón

Periodista, Artista, Caricaturista y Escritor pepiniano nacido en Añasco, Puerto Rico. Ha publicado varios libros entre los que destacan Vida de Jesús un Evangelio Armonizado, Sancocho Cristiano Volúmenes I-IV, Bendiciones Cristianas Vols I-II y La Biblia comentada de Génesis a Apocalipsis.

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