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El decir y el hacer deben ir juntos

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Sucedió en un campo de batalla que un capellán que estaba en la primera línea de combate con los soldados, acudió a socorrer a un soldado gravemente herido.
Al suponerle cerca de la muerte empezó a hablarle de Cristo y leerle porciones de las Escrituras.

El soldado le detuvo con un gesto y con voz entrecortada le pidió que le acomodara mejor sobre el terreno. Después le pidió que le desabrochara la guerrera; seguidamente que le diera de beber. Así continuó el soldado, solicitando atenciones, por unos minutos más.

Al fin, cuando se sintió más tranquilo y atendido, dijo al capellán: «Si ese libro que quiere leerme es el que le dice que haga por mí todas las cosas que yo necesitaba, hágame el favor de leérmelo.»

Nuestra vocación como creyentes es la de proclamar y demostrar el evangelio de Jesucristo. Estos dos aspectos nunca deben separarse: Proclamar y demostrar. Proclamar con los labios y demostrar con la vida.

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