Exodo 32: El becerro de oro

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Éxodo 32:1 Viendo el pueblo que Moisés tardaba en descender del monte, se acercaron entonces a Aarón, y le dijeron: Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido.(A)

Éxodo 32:2 Y Aarón les dijo: Apartad los zarcillos de oro que están en las orejas de vuestras mujeres, de vuestros hijos y de vuestras hijas, y traédmelos.

Éxodo 32:3 Entonces todo el pueblo apartó los zarcillos de oro que tenían en sus orejas, y los trajeron a Aarón;

Éxodo 32:4 y él los tomó de las manos de ellos, y le dio forma con buril, e hizo de ello un becerro de fundición.(B) Entonces dijeron: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto.

Éxodo 32:5 Y viendo esto Aarón, edificó un altar delante del becerro; y pregonó Aarón, y dijo: Mañana será fiesta para Jehová.

Los dos dioses egipcios más populares, Apis y Hator, eran imaginados como un toro y una vaquilla. Los cananeos a su alrededor adoraban a Baal, imaginado como un toro. Este era su símbolo sagrado de poder y fertilidad y estaba relacionado íntimamente con prácticas de inmoralidad sexual. Sin duda, a los israelitas, recién salidos de Egipto, les pareció muy natural hacer un becerro de oro para representar al Dios que acababa de liberarlos de sus opresores. Estaban cansados de un dios sin rostro. Pero al hacerlo estaban desconociendo el mandamiento que recién habían recibido: “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra”. Puede que incluso pensaran que estaban adorando a Dios. Su aparente sinceridad no era ningún sustituto para la obediencia o excusa para la desobediencia.

Aunque no nos hagamos ídolos, con frecuencia somos culpables de tratar de hacer a Dios a nuestra imagen, moldeándolo para encajar con nuestras expectativas, deseos y circunstancias. Cuando hacemos esto, terminamos adorándonos a nosotros mismos en vez de adorar al Dios que nos creó, y la autoadoración, tanto hoy como en los tiempos de los israelitas, lleva a toda clase de inmoralidad. ¿Cuál es su imagen favorita de Dios? ¿Es bíblica? ¿Es adecuada? ¿Necesita destruirla para poder adorar al Dios inmensamente poderoso que nos liberó de la atadura del pecado?

Éxodo 32:6 Y al día siguiente madrugaron, y ofrecieron holocaustos, y presentaron ofrendas de paz; y se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a regocijarse.(C)

Algunos creen que al modelar el becerro de fundición no se pretendía abandonar el culto del único Dios verdadero. Por el contrario, el becerro de fundición debía servir como señal de su presencia. Se ha propuesto la idea de que la decisión de escoger un becerro se debió a que el pueblo se había familiarizado en Egipto con el culto a este tipo de animal. Esto, sin embargo, es altamente improbable. La fabricación de un becerro evidenciaba la impaciencia de los hebreos y el intento de adorar a Jehová según su criterio y no según la voluntad de Dios. Ello también constituyó una afrenta para el liderazgo de Moisés.

Éxodo 32:7 Entonces Jehová dijo a Moisés: Anda, desciende, porque tu pueblo que sacaste de la tierra de Egipto se ha corrompido.

Éxodo 32:8 Pronto se han apartado del camino que yo les mandé; se han hecho un becerro de fundición, y lo han adorado, y le han ofrecido sacrificios, y han dicho: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto.

Éxodo 32:9 Dijo más Jehová a Moisés: Yo he visto a este pueblo, que por cierto es pueblo de dura cerviz.

Éxodo 32:10 Ahora, pues, déjame que se encienda mi ira en ellos, y los consuma; y de ti yo haré una nación grande.

¡Otra vez ídolos! Aunque Israel había visto actuar al Dios invisible, todavía querían a los dioses que les eran familiares, los que podían ver y moldear en cualquier imagen que quisieran. ¡Cuánto nos parecemos a ellos! Nuestra tentación más grande sigue siendo querer moldear a Dios a nuestro parecer, para hacer que nos convenga obedecerlo u obviarlo. Dios responde con gran ira cuando su misericordia es pisoteada. Los ídolos nos vuelven ciegos al amor que El preferiría darnos en abundancia. Dios no puede obrar en nosotros cuando ponemos algo o alguien por encima de El. ¿Existe algún ídolo en su vida que impida que el verdadero Dios viva en usted?

Éxodo 32:11 Entonces Moisés oró en presencia de Jehová su Dios, y dijo: Oh Jehová, ¿por qué se encenderá tu furor contra tu pueblo, que tú sacaste de la tierra de Egipto con gran poder y con mano fuerte?

Éxodo 32:12 ¿Por qué han de hablar los egipcios, diciendo: Para mal los sacó, para matarlos en los montes, y para raerlos de sobre la faz de la tierra? Vuélvete del ardor de tu ira, y arrepiéntete de este mal contra tu pueblo.

Éxodo 32:13 Acuérdate de Abraham, de Isaac y de Israel tus siervos, a los cuales has jurado por ti mismo, y les has dicho: Yo multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo;(D) y daré a vuestra descendencia toda esta tierra de que he hablado, y la tomarán por heredad para siempre.(E)

tierra, eretz  Strong: Tierra, terreno, suelo. Este sustantivo está más de 2.500 veces en el Antiguo Testamento. Su significado más amplio se refiere a todo el planeta, y especialmente a las tierras emergidas. Menos específicamente, se refiere a cualquier terreno en particular; eretz mitzraim es la tierra de Egipto, artzot (la forma plural) goyim son las tierras de los gentiles, y así por el estilo. Su uso más específico concierne a «la tierra de Israel», eretz Yisrael  la tierra prometida. Las promesas de Dios en cuanto a la tierra de Israel se destacan a través del Antiguo Testamento.

Éxodo 32:14 Entonces Jehová se arrepintió del mal que dijo que había de hacer a su pueblo.(F)

Moisés aceptó el veredicto de Dios sobre los díscolos hebreos, pero le rogó que no obrara con ellos de manera que afectara su honor o las promesas que les había hecho. La petición de Moisés fue concedida por Dios.

Se arrepintió significa «movido a misericordia». Muestra las tensiones que existen entre la justicia y la misericordia de Dios. Su decisión no se cumplió completamente, sino solamente fue atenuada.

Dios estaba listo para destruir a la nación entera por su pecado. Pero Moisés imploró misericordia, y Dios los perdonó. Este es uno de los ejemplos innumerables que hay en las Escrituras de la misericordia divina. Aunque merezcamos su ira, El está presto a perdonarnos y restaurar nuestra relación con El. Podemos recibir el perdón de los pecados al pedírselo. Al igual que Moisés, podemos orar que Dios perdone a otros y nos use para llevarles el mensaje de su misericordia.

¿Cómo pudo Dios cambiar de parecer? Dios no cambió de parecer en la misma forma en la que un padre decide no disciplinar a su hijo. Dios cambió su comportamiento para permanecer congruente con su naturaleza. Cuando quiso destruir al pueblo, estaba actuando en coherencia con su justicia. Cuando Moisés intercedió por el pueblo, Dios “cambió” para actuar en forma lógica con su misericordia. Dios le había dicho al pueblo varias veces que si cambiaban sus caminos, El no los condenaría. Ellos cambiaron y Dios hizo lo que había prometido.

Éxodo 32:15 Y volvió Moisés y descendió del monte, trayendo en su mano las dos tablas del testimonio, las tablas escritas por ambos lados; de uno y otro lado estaban escritas.

Éxodo 32:16 Y las tablas eran obra de Dios, y la escritura era escritura de Dios grabada sobre las tablas.

Éxodo 32:17 Cuando oyó Josué el clamor del pueblo que gritaba, dijo a Moisés: Alarido de pelea hay en el campamento.

Éxodo 32:18 Y él respondió: No es voz de alaridos de fuertes, ni voz de alaridos de débiles; voz de cantar oigo yo.

Éxodo 32:19 Y aconteció que cuando él llegó al campamento, y vio el becerro y las danzas, ardió la ira de Moisés, y arrojó las tablas de sus manos, y las quebró al pie del monte.

Las tablas rotas simbolizaban el rompimiento de las relaciones con Jehová.

Éxodo 32:20 Y tomó el becerro que habían hecho, y lo quemó en el fuego, y lo molió hasta reducirlo a polvo, que esparció sobre las aguas, y lo dio a beber a los hijos de Israel.

Tomar el polvo de oro debía servir para que el pueblo comprendiera que la imagen del becerro había sido totalmente destruida.

Abrumado por el espectáculo de la ruidosa idolatría y las orgías Moisés rompió las tablas que contenían los mandamientos, los cuales ya habían sido quebrantados en los corazones y en los actos de la gente. La ira justa tiene su lugar. Por enojado que estuviera Moisés, Dios lo estaba aún más, deseaba matar a todo el pueblo. La ira ante el pecado es una señal de vitalidad espiritual. No apague este tipo de enojo. Pero cuando se encuentre justificadamente airado ante el pecado, cuídese de no hacer algo que más tarde pueda lamentar.

Éxodo 32:21 Y dijo Moisés a Aarón: ¿Qué te ha hecho este pueblo, que has traído sobre él tan gran pecado?

Éxodo 32:22 Y respondió Aarón: No se enoje mi señor; tú conoces al pueblo, que es inclinado a mal.

Éxodo 32:23 Porque me dijeron: Haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido.

Éxodo 32:24 Y yo les respondí: ¿Quién tiene oro? Apartadlo. Y me lo dieron, y lo eché en el fuego, y salió este becerro.

La decisión de Aarón casi le costó la vida. Su excusa absurda evidencia la declinación espiritual de su liderazgo y del pueblo. Aquellos que cumplen la función de voceros y ayudantes deben tener plena certeza de que su teología y su moralidad están sintonizadas con Dios de manera que no influya en ellos la presión ejercida por el pueblo.

Éxodo 32:25 Y viendo Moisés que el pueblo estaba desenfrenado, porque Aarón lo había permitido, para verg:uenza entre sus enemigos,

Las fallas en el liderazgo de Aarón dejaron al pueblo inerme y vulnerable ante el pecado.

Éxodo 32:26 se puso Moisés a la puerta del campamento, y dijo: ¿Quién está por Jehová? Júntese conmigo. Y se juntaron con él todos los hijos de Leví.

Éxodo 32:27 Y él les dijo: Así ha dicho Jehová, el Dios de Israel: Poned cada uno su espada sobre su muslo; pasad y volved de puerta a puerta por el campamento, y matad cada uno a su hermano, y a su amigo, y a su pariente.

Éxodo 32:28 Y los hijos de Leví lo hicieron conforme al dicho de Moisés; y cayeron del pueblo en aquel día como tres mil hombres.

Aquellos que permanecieron fieles a los caminos de Jehová restablecieron el orden matando a 3.000 de los que habían sido sorprendidos adorando al becerro. El grupo que llevó a cabo el castigo estaba compuesto por los leales hijos de Leví .

Éxodo 32:29 Entonces Moisés dijo: Hoy os habéis consagrado a Jehová, pues cada uno se ha consagrado en su hijo y en su hermano, para que él dé bendición hoy sobre vosotros.

Éxodo 32:30 Y aconteció que al día siguiente dijo Moisés al pueblo: Vosotros habéis cometido un gran pecado, pero yo subiré ahora a Jehová; quizá le aplacaré acerca de vuestro pecado.

Éxodo 32:31 Entonces volvió Moisés a Jehová, y dijo: Te ruego, pues este pueblo ha cometido un gran pecado, porque se hicieron dioses de oro,

Éxodo 32:32 que perdones ahora su pecado, y si no, ráeme ahora de tu libro que has escrito.(G)

Éxodo 32:33 Y Jehová respondió a Moisés: Al que pecare contra mí, a éste raeré yo de mi libro.

Éxodo 32:34 Ve, pues, ahora, lleva a este pueblo a donde te he dicho; he aquí mi ángel irá delante de ti; pero en el día del castigo, yo castigaré en ellos su pecado.

El corazón del intercesor, La Oración.

El verdadero carácter de Moisés se reveló en la respuesta que dio en oración cuando supo de la ingratitud y el rechazo de Israel. Preocupándose por el honor de Dios y no por el suyo, Moisés rogó a Dios que no destruyera a Israel. Luego de renovar el compromiso de Israel con Dios, Moisés expuso su vida por la de ellos. Luego regresó a la montaña otros 40 días para recibir una vez más los mandamientos de Dios. Pero Israel no podía culpar a Dios por la tardanza en recibir la promesa; sus propios pecados habían retrasado los propósitos divinos. Pero estos propósitos se mantenían intactos porque Moisés se había interpuesto entre los pecados de Israel y la ira divina. La intercesión sin fines egoístas prevalece sobre los efectos destructivos de la debilidad humana y el pecado.

Éxodo 32:35 Y Jehová hirió al pueblo, porque habían hecho el becerro que formó Aarón.

La respuesta de Jehová de que sólo él podía arrancar el pecado y ello sólo si los culpables lo pedían, evidencia la importancia del arrepentimiento personal. Aquel eventual castigo fue temporalmente suspendido, hasta que en algún momento posterior cayese sobre el pueblo.

Aquellos que pecan deben ser castigados. Si Dios no hubiera impartido justicia al idólatra Israel, no se hubiese mantenido fiel a su naturaleza y habría parecido que condonaba este pecado.

Aarón

Se puede hacer un trabajo de equipo efectivo cuando cada miembro utiliza sus habilidades especiales. Lo ideal es que las virtudes de cada miembro contribuyan con algo importante al esfuerzo del equipo. De esta forma, los miembros cubrirán las debilidades de unos y otros. Aarón hizo buen equipo con Moisés. Le proveyó a Moisés una de las habilidades que le faltaba, hablar eficazmente en público. Pero aunque Moisés necesitaba a Aarón, este también necesitaba de aquel. Sin una guía Aarón tenía poca dirección de sí mismo. Nunca hubo duda de a quién Dios había escogido y entrenado como líder. La docilidad que hizo de Aarón un buen seguidor lo hizo un líder débil. Los mayores errores de su vida fueron causados por su incapacidad de sostenerse por sí solo. Su condescendencia ante la presión pública de hacer un ídolo fue un buen ejemplo de esta debilidad.

La mayoría de nosotros tenemos algo más de seguidores que de líderes. Quizás estemos siguiendo a un buen líder, pero ningún líder es perfecto y ningún humano merece nuestra completa lealtad. Sólo Dios es digno de ello y de nuestra obediencia. Necesitamos ser miembros de un equipo eficaz al usar las habilidades y dones que Dios nos dio. Pero si el equipo o el líder van en contra de la Palabra de Dios, debemos estar dispuestos a sostenernos por nosotros mismos.

Aarón fue primer sumo sacerdote de Dios en Israel y comunicador efectivo; fue la boca de Moisés; mas como todos tuvo sus debilidades y errores :  Personalidad dócil; cedió ante las demandas del pueblo de un becerro de oro;  Se unió a Moisés al desobedecer las órdenes de Dios con respecto a la roca que daba agua; Se unió a su hermana María para quejarse de Moisés

De su vida aprendemos que: Dios da habilidades especiales a los individuos a quienes reúne para su uso; Las habilidades especiales que hacen a un buen jugador de equipo, algunas veces lo convierten en un pobre líder

A Aarón lo vemos en Egipto, desierto de Sinaí de ocupación: Sacerdote, segundo (luego de Moisés) en el mando, hermano de Moisés y María. Padre de Nadab, Abiú, Eleazar e Itamar.

La rebeldía.

La Biblia no oculta la realidad de la vida de Israel; se relatan las victorias y no se ocultan los fracasos. Con todo, se revela la situación psicológica del pueblo y la incredulidad de muchos a pesar de las grandes hazañas de Dios en Egipto, en el mar Rojo, en el desierto, y aproximadamente siete semanas atrás en Sinaí.

Moisés tardaba en descender del monte. ¿Qué le pasaba? El pueblo se había acostumbrado a vivir con mucha conmoción y el esperar les daba tiempo de reflexionar. Si no veían alguna actividad visible de Dios, pensaban que no estaba. Llegaron a inquietarse e impacientarse. ¿Qué les pasaría a ellos? ¿Quién los guiaría? ¿Dónde estaba Dios? ¿Cómo podrían servir a un dios invisible? Querían tener a alguien o algo visible en que pudieran confiar y adorar.

Recordaron los cultos en Egipto, y ellos todavía no tenían un culto formal de adoración para Jehová . La memoria del pueblo era muy corta en cuanto a los hechos salvíficos de Jehová ; sin embargo, era muy larga en cuanto a la vida en Egipto. Las quejas anteriores habían sido indicaciones de la flaqueza humana, pero la adoración del becerro era asunto más grave. Recientemente habían aceptado el pacto ofrecido por Dios y le habían prometido obedecer su ley. Consecuentemente, la rebelión en Sinaí era más que una murmuración: Era apostasía.

El pueblo pedía a Aarón que les hiciera dioses para guiarlos, y dijeron con desprecio: porque a este Moisés, el hombre que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido. Además de la falta de aprecio por Moisés, todavía no entendían que había sido Jehová el que los había redimido. Tenían tres fallas: la impaciencia, el desprecio para Moisés y la falta de confianza en Dios. No creían que Jehová podía cuidar a Moisés en el monte, y no tenían confianza en la habilidad del Señor de guiarlos en la salida de Sinaí. No estaban completamente convencidos de que Jehová debiera ser el único Dios para ellos. Además de la experiencia en Egipto, se habían contaminado con la idolatría de sus vecinos. Estaban acostumbrados a ver imágenes usadas en la adoración a los dioses de ellos. Su libertad de la esclavitud egipcia era más de lo que habían anticipado.

Aarón tuvo la oportunidad de ser un líder de valor en aquel momento; sin embargo, como tantos, no quiso oponerse al deseo popular. No les hizo recordar el segundo mandamiento, ni les explicó la maldad de lo que querían. Tomó el camino de menor resistencia; optó por el popular en vez del profético.

Es posible que la petición de quitar los aretes de oro de las orejas de las mujeres y de los hijos fuera una medida, por ser costosas las joyas, de hacerles retroceder en su demanda. Si así fue, el resultado no fue lo que esperaba. Cuando recibió el oro parece que hizo un becerro de madera, lo quemó en el fuego y lo cubrió con el oro, aunque dice un becerro de fundición posiblemente pasaron los aretes por el fuego.

Los adornos de oro eran muy comunes en Egipto, y entre los israelitas había la evidencia del despojo de los egipcios. En cuanto al culto, tanto los egipcios como los cananeos consideraban al buey un símbolo de vigor y fuerza. En Egipto había el culto al buey Apis, y en Canaán se lo empleaba en el culto de Baal. Los dos pueblos tenían la práctica de acompañar la adoración con comidas comunales, danzas, cantos y orgías sexuales.

El pueblo pidió dioses; Aarón les hizo un becerro y les dijo: ¡Israel, éste es tu dios que te sacó de la tierra de Egipto!. ¡Trágicamente, alabaron a un ídolo hecho por un hombre dándolo crédito por librarlos de la esclavitud! Al ver el placer del pueblo, Aarón edificó un altar delante del becerro y pregonó diciendo: ¡Mañana habrá fiesta para Jehová ! Parece que Aarón no quiso darles los dioses que pedían, pero violó el segundo mandamiento; les dio una forma visible de Jehová , diciendo que el becerro era una representación del Señor. Aunque es posible que la apostasía fue doble, es decir, que también incluía un rechazo de la revelación de Jehová a favor de dioses adorados previamente, el hecho de decir que el becerro era aquel que les había sacado de Egipto, el edificar un altar delante de él, y el tener una fiesta con sacrificios y comida indican un esfuerzo sincrético de mezclar la adoración de Jehová con un culto egipcio. No había duda de que Jehová los había librado de Egipto, y hacía pocas semanas atrás habían sellado el pacto con Jehová por medio de una comida. Parece que Aarón quiso establecer un culto para Israel e identificó el becerro visible como el símbolo de Jehová . Sin embargo, la apostasía fue una violación fundamental del pacto: No te harás imagen… No te inclinarás ante ellas ni les rendirás culto, porque yo soy Jehová tu Dios, un Dios celoso. Además, a la apostasía se agregó el pecado de la conducta inmoral en el culto de adoración. Después de comer y beber, se levantó para divertirse. Divertirse (tsachaq) es el mismo verbo que se usa cuando el rey Abimelec miró por una ventana y vio a Isaac que acariciaba (tsachaq) a Rebeca su mujer. El verbo sugiere que se entregaron a la práctica de orgías sexuales tal como hacían en los cultos paganos de fertilidad en Egipto y en Canaán. El peligro del culto del becerro en Sinaí se multiplicaría aun más cuando el pueblo llegara finalmente a Canaán, y Aarón, el líder religioso, no quiso oponérsele. ¿Están dispuestos los líderes hoy en día de oponerse al culto moderno de fertilidad que florece?

Años más tarde, con la división del reino, Jeroboam I hizo dos becerros de oro y dijo al pueblo: “…¡He aquí tus dioses, oh Israel, que te hicieron subir de la tierra de Egipto!” La tendencia hacia el sincretismo seguiría en Israel: el pueblo, buscando una fuente de revelación sensible, substituiría con una imagen creada por el hombre al Dios viviente y después lamentaría la ausencia de la dirección divina.

La justicia y misericordia divinas.

Abruptamente, hubo un cambio del escenario. Jehová informó a Moisés, con detalles, de la apostasía, y le dijo, Anda, desciende porque tu pueblo… se ha corrompido. El Señor dijo que Israel no era pueblo de él; era pueblo de Moisés, y era uno de dura cerviz. Israel había rechazado a Dios; consecuentemente, Jehová repudió a Israel.

¿Cuál fue el problema? En primer término, el pueblo, tan recientemente consagrado a Dios, se había corrompido (shachath). La palabra significa “echarse a perder”, “estar podrido”, o “estar corrompido moralmente”. En segundo lugar, deliberadamente se había apartado del camino ordenado; hizo un becerro de fundición. Finalmente, lo habían adorado y decían que era él que los había sacado de la tierra de Egipto. La dura cerviz sugiere un animal que lucha contra la soga que lo detiene; era el símbolo de una desobediencia obstinada.

La consecuencia normal de abandonar el pacto tan pronto debía haber sido la destrucción de la nación. El Señor dijo a Moisés: … deja que se encienda mi furor contra ellos y los consuma, pero yo haré de ti una gran nación. El versículo lleva dos implicaciones: la ira o la justicia divina caería, y la posibilidad de una intercesión que abriría la puerta para la misericordia: Deja que encienda mi furor…

Moisés fue puesto a prueba y su respuesta revela la nobleza de su persona; no buscaba ventajas personales por medio de su relación con Dios, sino que se preocupaba por su pueblo. Si Dios decía que era su pueblo, entonces, demostró un amor sin egoismo hacia ellos. Imploró el favor de Dios y le pidió que desistiera del ardor de su ira. Su ruego se basaba en tres argumentos:

(1) Rogaba a Jehová que no repudiara las grandes hazañas hechas a favor de su pueblo al rescatarlo; nótese que Moisés se refirió al pueblo como tu pueblo;

(2) ¿qué dirían los egipcios del rescate del pueblo? ¿Era Jehová un Dios caprichoso?

(3) recordó al Señor sus juramentos a los patriarcas: La palabra dada era sagrada e inviolable. La apelación no trataba del valor ni del mérito de Israel, sino que apelaba a la naturaleza de Dios y a su misericordia.

Del encuentro se ve un resultado inesperado, pues el Señor prestó atención a la palabra de su siervo. El texto dice que cambió de parecer en cuanto al mal que dijo que haría a su pueblo; el Señor iba a darles otra oportunidad. No obstante, habría un castigo por la apostasía.

La expresión cambió de parecer viene del verbo naham y aparece tres veces en el libro; aparece más de 35 veces en el AT. Algunas versiones emplean el verbo “arrepentirse” para traducir el vocablo. El verbo naham (“cambió de parecer” o “arrepentimiento”) no es el mismo que se usa para el cambio o el arrepentimiento del hombre, lo cual es shub. Naham no lleva una connotación de culpabilidad ni de un cambio de propósito de uno. La raíz del verbo significa “respirar hondamente” o “a fondo”. Es una palabra de un sentir profundo. Al estar preocupado o asustado, se respira más rápido y a fondo; al estar aliviado, se exhala con un respiro de alivio, porque ha pasado la crisis. La desobediencia exige el castigo, y Dios “respira con tristeza”, no es lo que quiere hacer. Al arrepentirse (shub) el hombre, Dios se alivia (naham) para perdonarlo (lo que quiere hacer). Moisés no dijo que Dios se arrepintió (shub), o Dios no sería absoluto y perfecto; no se arrepiente como el hombre. Sin embargo, Moisés tocaba el deseo de Dios de ser misericordioso. La culpabilidad de Israel sería castigada; habría la necesidad del arrepentimiento (shub) del pueblo; sin embargo, Dios naham: “Cambió de parecer”, “respiró”, “ alivió” de la necesidad de destruir al pueblo e hizo lo que hace mejor: Se ofreció la gracia. ¿Era posible que la gracia abundara aun por el pecado de aquel que había dicho sí al Señor? ¡Sí! Había esperanza por la vía de arrepentimiento y la gracia divina, pero siempre habría las consecuencias y el pago por el mal.

La ira de Moisés

Moisés descendió del monte trayendo consigo las dos tablas del testimonio… escritas por ambos lados …y la escritura era escritura de Dios. Los descubrimientos arqueológicos indican que los asirios y babilonios solían escribir sus tablillas por ambos lados mientras que las de los egipcios no eran así. La cultura israelita se acerca más a la de Mesopotamia y de Canaán que a la de Egipto aunque, en ciertos aspectos, Egipto hizo una fuerte impresión sobre Israel. No obstante, las tablas del testimonio eran únicas: al contrario de la costumbre egipcia estaban escritas por ambos lados, y la escritura era de Dios. El autor acentuó la autoridad del Decálogo, pues fue revelado y grabado divinamente; entonces, el contenido era de Dios mismo.

Al acercarse al campamento, Moisés y Josué escucharon el estruendo de la fiesta, y al llegar vieron el becerro y toda la actividad corrupta. El texto dice que la ira de Moisés se encendió, y arrojó las tablas de sus manos y las rompió al pie del monte. Más allá de la frustración y el enojo de Moisés, el romper las tablas fue un símbolo de que el pueblo había quebrantado la alianza con Dios. Israel había repudiado la obra de Dios. ¡El convenio había sido anulado por la idolatría y el paganismo de la gente!

El carácter de Moisés se mostró con gran fuerza; tomó el becerro y lo quemó. Luego lo molió hasta reducirlo a polvo, lo esparció sobre el agua, y lo hizo beber a los hijo de Israel. Parece que estaba hecho de madera y cubierto de oro, y el pueblo bebió la mezcla de las cenizas y el oro molido. La bebida amarga era un castigo y, a la vez, una manera de deshacerse del ídolo.

El relato de la conversación de Moisés y de Aarón es gracioso y a la vez trágico. Moisés se dio cuenta del problema de la gente. Sin embargo, ¿cómo pudo haber participado Aarón en el episodio sin haber tenido presión de parte del pueblo? Para excusarse, Aarón echó la culpa sobre el pueblo; después culpó a Moisés por la demora en volversex; y finalmente, al decir que era un milagro, culpó a Jehová : Dijo que simplemente arrojó el oro al fuego; y salió este becerro. ¡Le había declarado que la fiesta era para Jehová! Unicamente la Biblia hubiera incluido unas excusas tan ridículas; sin embargo, la evidencia de su culpa y responsabilidad como líder religioso fue condenada aun más seriamente; la desenfrenada locura y frenesí que Aarón permitió llegaron a ser una vergüenza entre los enemigos de Israel. El culto a Jehová nunca debió haber degenerado en excesos emocionales ni en prácticas inmorales, sino que debió hacerse todo decentemente y con orden.

Fue un momento decisivo. Aunque no hay evidencia en el texto de que algunos se hubieran opuesto al culto falso, es evidente que no todos estuvieron de acuerdo. Moisés hizo un llamado al pueblo a definirse: ¡Quien esté de parte de Jehová únase conmigo! Y se unieron con él todos los hijos de Levíx; eran más leales a Jehová que Aarón. A ellos Moisés les dio la orden de matar a los culpables, fueran parientes o amigos, y aquel día cayeron del pueblo como 3.000 hombres.

Evidentemente no todos los que participaron fueron ejecutados: No murió Aarón, por ejemplo. El hecho de perdonar a muchos fue evidencia de la misericordia de Dios, ya que en aquella época la infidelidad era considerada como un crimen capital. Al mismo tiempo, la fidelidad a la palabra de Dios no era fácil para los levitas. La tarea era sumamente difícil. Sin embargo, debido a la lealtad suprema de los levitas aquel día, el Señor les concedió el derecho del sacerdocio, o el de ser los futuros líderes de Israel.

Aunque la sentencia fue dura, la situación era muy crítica; si sobrevivía el pueblo, si llegaba a cumplir con la voluntad divina, y si alcanzaba finalmente la revelación final de Dios en Cristo Jesús, el pueblo (o un remanente) tendría que aprender la importancia de obedecer las estipulaciones del pacto. Además, el pecado siempre traerá el castigo aunque exista la posibilidad de la gracia.

Jehová se aparta del campamento.

Con la tragedia de la adoración del becerro de oro surgieron problemas teológicos:

(1) ¿Cómo podía un Dios trascendente, cuya presencia no podía ser captada en ídolos, estar presente con Israel morando en una tienda?

(2) ¿Cómo podría estar presente el Dios santísimo en medio del pueblo rebelde sin que éste fuese consumido totalmente?

(3) ¿Cómo podría Dios cumplir con sus promesas a los patriarcas, ya que los descendientes de ellos habían quebrantado el pacto? Las condiciones del mismo habían sido explicadas con claridad y aceptadas libremente por el pueblo.

La sección 32:20-33:23 trata de las preguntas, y el tema principal de ella es la presencia de Jehová en medio de su pueblo. Dios promete que no dejará al pueblo, sino que el ángel de Dios representará su presencia con ellos; el pueblo se arrepiente para no ser abandonado por Dios; se establece la tienda de reunión fuera del campamento y Jehová revela su gloria a Moisés.

El día después de la matanza Moisés subió otra vez al monte para interceder por el pueblo. En una de las oraciones más grandes de la Biblia, pidió a Jehová que perdonara al pueblo. Dijo: Y si no, por favor, bórrame de tu libro que has escrito; para el libro. Su amor por el pueblo era admirable, pero Dios no accedió. Le contestó que el culpable era responsable por sus acciones y que aquel que pecara contra Dios sería borrado del libro; no obstante, el camino del arrepentimiento y del renuevo quedaba abierto. Finalmente, por su amor, Dios iba a revelarse en la encarnación llevando el castigo de muchos sobre sí mismo para que todos los pecadores no fuesen borrados del libro de la vida. Aun así, el pecador tendría que reconocer su culpa por su propia cuenta y acudir a Dios en arrepentimiento y fe para que la pena fuese perdonada.

Mientras tanto, Dios mandó a Moisés que regresara para conducir a Israel al lugar indicado y le prometió que un ángel del Señor los guiaría. El ángel sería el agente de Dios para darles la victoria en Canaán. Dios mismo no podría subir en medio de ellos para que no fuesen consumido por causa de su pecado, pues era un pueblo de dura cerviz. Además, como retribución, el Señor mandó una plaga como castigo sobre ellos por lo que hicieron con el becerro que Aarón formó .[/private][/private][/private][/private]

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