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1 Juan 5: El Amor en la familia de Dios

Pastor Lionel

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Quiere decir una vida que tiene en el corazón el amor de Dios, y el invencible amor del hombre en todos sus sentimientos y en todas sus acciones. En Dios hay vida, y por tanto la vida eterna quiere decir la derrota de la muerte. Quiere decir una vida que es indestructible porque tiene en sí la indestructibilidad de Dios mismo.

Juan está convencido de que tal vida nos viene por medio de Jesucristo y no de ninguna otra manera. ¿Por qué había de ser así? Si la vida eterna es la vida de Dios, quiere decir que podemos poseer esa vida sólo cuando conocemos a Dios y somos capacitados para acceder a Él y descansar en Él. Podemos hacer estas dos cosas solamente en Jesucristo. El Hijo es el único que conoce plenamente al Padre; y por tanto es el único que puede revelarnos plenamente cómo es Dios. Como decía Juan en su evangelio: « Nadie ha visto nunca a Dios. Es el único, Que es Dios, Que está en el seno del Padre, Quien nos lo ha dicho todo acerca de Dios> (Juan 1:18). Y Jesucristo es el único Que nos puede traer a Dios. Es en Él en Quien se nos abre el camino nuevo y vivo a la presencia de Dios (Hebreos 10:19-23). Podemos usar una analogía sencilla. Si queremos llegar a alguien a quien no conocemos, y que se mueve en un nivel totalmente diferente del nuestro, podemos conseguirlo solamente si encontramos a alguien que le conozca y esté dispuesto a presentárnosle. Eso es lo que Jesús hace por nosotros en relación con Dios. La vida eterna es la vida de Dios, y sólo podemos encontrarla por medio de Jesucristo.

La base y el principio de la oración

Y esta es la confianza que tenemos en relación con Él: Que, si pedimos alguna cosa que esté de acuerdo con Su voluntad, Él nos oye; y, si sabemos que Él nos oye en lo que Le hayamos pedido, sabemos que disponemos de las peticiones que Le hayamos hecho. Aquí se nos establecen al mismo tiempo la base y el principio de la oración.

(i) La base de la oración es el simple hecho de que Dios escucha nuestras oraciones. La palabra que usa Juan para confianza es interesante. Es parrésía. En su origen, parrésía quería decir libertad de palabra, la libertad para hablar ¡ibremente que existe en una verdadera democracia. Más tarde vino a denotar cualquier clase de confianza. Con Dios tenemos libertad para hablar; Él está siempre a la escucha, más dispuesto a oír de lo que nosotros estamos a orar. No tenemos que vencer ninguna dificultad para llegarnos a Su presencia, ni que inducirle a prestarnos atención. Él está esperando que nos dirijamos a El. Sabemos lo que es a veces estar esperando la llegada del cartero o la llamada de teléfono que nos traiga noticias de algún ser amado. Con toda reverencia podemos decir que así está Dios esperando noticias nuestras.

(ii) El principio de la oración es que para que sea contestada debe estar de acuerdo con la voluntad de Dios. Tres veces establece Juan en sus escritos lo que podría llamarse las condiciones de la oración. (a) Dice que la obediencia es una condición de la oración. Recibimos lo que pidamos, porque guardamos Sus mandamientos (1 Juan 3:22). (b) Dice que permanecer en Cristo es una condición de la oración. Si habitamos en Él, y Sus palabras habitan en nosotros, pediremos lo que necesitemos, y se nos concederá (Juan 1 S: 7). Cuanto más cerca vivamos de Cristo, más oraremos como es debido. Y cuanto más correctamente oremos, mayor será la respuesta que recibamos. (c) Dice que orar en Su nombre es una condición de la oración.

Si pedimos alguna cosa en Su nombre, Él la hará (Juan 14:14). La prueba definitiva de cualquier petición es: ¿Podemos decirle a Jesús: «Dame esto por causa de Ti y en Tu nombre?»

La oración debe ser de acuerdo con la voluntad de Dios. Jesús nos enseña a pedir: «Hágase Tu voluntad,» y no: « Cámbiese Tu voluntad;» «Haz conmigo lo que Tú quieras,» y no lo que yo quiero. Jesús mismo, en el momento de Su gran agonía y crisis, oro: «No como Yo quiero, sino lo que Tú… Hágase Tu voluntad» (Mateo 26:39, 42). Aquí tenemos la misma esencia de la oración. C. H. Dodd escribe: « La oración, entendida como es debido, no es un truco para emplear los recursos de la Omnipotencia para cumplir nuestros propios deseos, sino un medio por el cual nuestros deseos se reciclen de acuerdo con la mente de Dios, y lleguen a ser canales para las fuerzas de Su voluntad.» A. E. Brooke sugiere que Juan pensaba en la oración como «incluyendo solamente peticiones para el conocimiento y la conformidad con la voluntad de Dios.» Hasta los grandes paganos lo entendían así. Escribía Epicteto: «Ten valor para elevar la vista hacia Dios y decirle: «Trátame como Tú quieras desde ahora en adelante. Yo soy uno contigo; soy Tuyo; no me aparto de nada que Tú consideres bueno. Guíame por donde Tú quieras; vísteme como Tú quieras. ¿Quieres que asuma un cargo, o que lo rechace, que permanezca o que huya, que sea rico o pobre? Por todo esto yo estaré de Tu parte ante todo el mundo»»

Aquí hay algo que debemos meditar y asumir. Somos propensos a creer que la oración es pedirle a Dios lo que queramos, cuando la verdadera oración es pedirle lo que Él quiera. La oración es, no sólo hablar con Dios; sino, sobre todo, escucharle.

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