Hechos 2 El aliento de Dios

Hechos 2: El aliento de Dios

(ii)Hechos insiste en que lo dicho anteriormente no aminora en nada el crimen de la humanidad que crucificó a Jesús.

Siempre que se menciona la Cruz en Hechos se hace con un sentimiento de horror ante el crimen que se cometió (véanse Hechos 2:23; 3:13; 4:10; 5:30). Aparte de otras cosas, la Cruz es el mayor crimen de la Historia. Muestra supremamente hasta dónde pudo llegar el pecado, que tomó la vida más maravillosa que haya habido jamás, y la estampó en la Cruz.

(iii) Hechos se propone demostrar que la pasión y muerte de Cristo fueron el cumplimiento de las profecías. Los primeros predicadores tenían que hacerlo así, porque la idea de un mesías crucificado era inconcebible y hasta blasfema para los judíos.

La Ley decía: «Maldito el que muere colgado de un madero» (Deuteronomio 21:23). Para los judíos ortodoxos, la Cruz era lo único que hacía absolutamente imposible que Jesús pudiera ser el Mesías. Por eso los enemigos de Jesús se propusieron darle, no una muerte cualquiera, sino la muerte de cruz. Los primeros predicadores respondían: «Si leéis las Escrituras con atención, veréis que estaba profetizado.»

(iv) Hechos hace hincapié en la Resurrección como la prueba definitiva de que Jesús era el Escogido de Dios. Algunas veces se ha llamado a Hechos el Evangelio de la Resurrección. Para la Iglesia Primitiva la Resurrección era de suprema importancia.

Debemos tener presente que sin la Resurrección no existiría la Iglesia Cristiana. Cuando los discípulos predicaban la centralidad de la Resurrección lo hacían movidos por su propia experiencia. La Cruz los había dejado totalmente destrozados, sin esperanza ni razón para seguir viviendo. Fue la Resurrección lo que lo cambió todo y los transformó de seres desamparados en hombres y mujeres henchidos de vida; de cobardes en héroes. Una de las razones por las cuales algunas iglesias están como están es que la predicación de la Resurrección se limita al Domingo de Resurrección, si acaso. Todos los domingos son el Día del Señor, como su nombre indica. Los cristianos celebramos el domingo en vez del sábado en recuerdo de la Resurrección del Señor; y, si no es eso lo que celebramos, ¿qué es entonces? El Domingo de Resurrección en la Iglesia Oriental, cuando se encuentran dos creyentes, se saludan diciendo uno: «¡Ha resucitado el Señor!» Y el otro contesta: « ¡Es verdad que ha resucitado!» Un cristiano no debe olvidarse nunca de que vive y anda con el Señor Resucitado.

¡Poneos a salvo!: Hechos 2:37-41

Lo que Pedro les dijo les atravesó el corazón, y les hizo preguntarles a Pedro y a los demás apóstoles: -Hermanos, ¿y qué podemos hacer ahora? -¡Arrepentíos ahora mismo -les contestó Pedro- , y que se bautice cada uno de vosotros en el Nombre de Jesucristo! Así recibiréis el perdón de vuestros pecados y la dádiva gratuita del Espíritu Santo que Dios había prometido que os daría a vosotros y a vuestros descendientes, los de cerca y los de lejos, a todos los que respondan a la llamada del Señor nuestro Dios.

Pedro les expuso extensamente los hechos referentes a Jesús, y los exhortó muy en serio: – ¡Poneos a salvo de la perversa edad en que vivís! Los que se convirtieron fueron bautizados; y aquel día se sumaron al número de los creyentes como otros tres mil.

(i) En primer lugar, este pasaje nos muestra con una claridad meridiana el efecto de la Cruz. Cuando se le hizo ver a la gente lo que habían hecho cuando crucificaron a Jesús, se les partió el corazón. «Yo -había dicho Jesús-, cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia Mí» (Juan 12:32). Si el pecado de la humanidad fue el responsable de la Cruz de Cristo, entonces nuestro pecado es el responsable. Todos los seres humanos hemos tomado parte en ese crimen. Se dice que una vez un misionero contó la historia de Jesús en una aldea india. Después la proyectó en diapositivas en una de las paredes blancas de la casa; y cuando llegó a una en la que se veía la Cruz, un hombre se puso en pie y vino corriendo al frente, y dijo con voz conmovida: « ¡Baja de la Cruz, Hijo de Dios! ¡Soy yo y no Tú el que tiene que colgar de ahí!» Cuando llegamos a comprender lo que pasó en la Cruz, no podemos evitar que se nos parta el corazón.

(ii) Esta experiencia requiere una reacción. Pedro dijo: « ¡Lo primero y principal es que os arrepintáis!» ¿Qué quiere decir arrepentirse? La palabra original quería decir en un principio cambiar de pensamiento; y cuando se cambia de pensamiento es porque el que se tenía antes era equivocado; de ahí que la palabra pasó a significar un cambio de mentalidad, o de actitud; y si la persona es honrada, el cambio de mentalidad requiere un cambio de acción, o de vida. Así que el arrepentimiento supone un cambio de mentalidad y un cambio de vida. Podría darse el caso de que alguien cambiara de mentalidad, y se diera cuenta de que sus obras no son como deben ser, pero que estuviera tan atado por los viejos hábitos que no quisiera cambiar de vida. O podría ser que uno cambiara de manera de obrar, pero que su mentalidad siguiera siendo la misma; su cambio sería motivado por el temor, o por razones de prudencia, pero su corazón todavía amaría las cosas viejas y, si tuviera oportunidad, volvería a ellas. El verdadero arrepentimiento incluye un cambio de mentalidad y un cambio de acción.

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