El Agua Viva

Cuando Jesús hablaba de traer a la humanidad la única agua que puede apagar definitivamente la sed, no hacía sino afirmar que Él era el Ungido de Dios que había venido a inaugurar la nueva era. Tampoco entonces comprendió la mujer, y no nos extraña que no comprendiera lo que le iría pareciendo un acertijo complicado, porque nosotros ya tenemos la clave y la respuesta. Nos da la impresión de que lo que dijo a continuación era una manera de seguirle la corriente a uno Que le parecía chiflado. «Dame esa agua –dijo–, para que ya no tenga nunca sed y no tenga que darme la caminata al pozo todos los días.» Estaba bromeando sobre cosas eternas. En el fondo de todo esto está la verdad fundamental de que en el corazón humano hay una sed de algo que sólo Jesucristo puede satisfacer.

En uno de sus libros, Sinclair Lewis traza el retrato de un hombrecillo de negocios respetable que sacó los pies del plato. Estaba hablando con su amada, y ella le dijo: «Por fuera parecemos muy diferentes; pero en el fondo somos iguales. Los dos nos sentimos desesperadamente desgraciados por algo… ¡que no sabemos qué es» En todo ser humano hay ese anhelo insatisfecho e innominado; ese vago descontento, ese algo que falta, esa frustración. En Sorrell e Hijo, Warwick Deeping nos cuenta una conversación entre los dos. El chico está hablando de la vida. Dice, que es como andar a tientas en una niebla encantada. La niebla se disipa un instante; uno ve la luna en la cara de una chica; no sabe si quiere la luna o la cara; luego baja la niebla otra vez, y le deja a uno buscando algo, pero no sabe qué. Antonio Machado también ha expresado hermosa y sentidamente este anhelo del alma: Anoche cuando dormía soñé, ¡bendita ilusión!, que una fontana fluía dentro de mi corazón. Di, ¿por qué acequia escondida, agua, vienes hasta mí, manantial de nueva vida de donde nunca bebí? Anoche. cuando dormía soñé, ¡bendita ilusión!, que era Dios lo que tenía dentro de mi corazón. Nada borra el anhelo de eternidad que Dios ha puesto en el alma. Sólo Jesucristo puede saciar esa sed. «Tenemos el corazón inquieto hasta que encontramos el reposo en Ti» (Agustín).

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