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Efesios 4: Fieles a nuestra vocación

La palabra para presunción desvergonzada es asélgueia. Platón la describía como « impudicia» ; y otro escritor como «disposición para toda clase de placer.» Basilio la definía como cuna predisposición del alma que es incapaz de soportar el dolor de la disciplina.» La gran característica de asélgueia es esta: uno que es malo intenta por lo general ocultar su pecado; pero el que tiene asélgueia en el alma no se preocupa de lo mucho que pueda escandalizar la opinión pública con tal de satisfacer sus deseos. El pecado puede tener en un puño a una persona hasta tal punto que le haga perder la vergüenza y la decencia. Es como con la droga que, en un principio se toma a escondidas, pero se llega a una etapa cuando se la procura abiertamente porque ya se es un drogodependiente. Uno puede llegar a ser tan esclavo del alcohol que ya no le importa que le vean bebiendo o borracho;, una persona puede dar rienda suelta a sus deseos sexuales hasta tal punto que llega a ser un esclavo de ellos y no le importa quién y dónde le vea.

La persona sin Cristo hace todo esto movida por la concupiscencia insaciable de sus deseos. La palabra es pleonexía, otra palabra terrible, que los griegos definían como cuna codicia arrogante», o como «un ansia maldita de poseer», o como « el deseo ilegal de lo que pertenece a otros.» Se ha definido también como el espíritu en el que una persona siempre está dispuesta a sacrificar a sus semejantes a sus propios deseos. Pleonexía es el deseo irresistible de tener lo que no tenemos derecho a tener. Puede que conduzca al robo de cosas materiales; o puede conducir al espíritu que pisotea a otras personas para salirse con la suya; puede desembocar en el pecado sexual.

En el mundo pagano, Pablo veía tres cosas terribles. Veía los corazones humanos tan petrificados que ya ni se daban cuenta de que estaban pecando; veía a las personas tan dominadas por el pecado que habían perdido y olvidado la vergüenza y la decencia; veía a las personas tan a merced de sus deseos que ya no les importaban los demás a los que pudieran perjudicar y cuya inocencia destruían con tal de satisfacer sus deseos. Estos son exactamente los pecados del mundo sin Cristo hoy en día igual que entonces, que se pueden ver invadir la vida en cualquier punto y recorriendo las calles de cualquier gran ciudad.

Pablo exhorta a sus conversos a que rompan definitivamente con esa clase de vida. Usa una manera gráfica de hablar.

Dice: « Despojaos de la vieja manera de vivir como el que se quita una ropa vieja y sucia; asumid la nueva manera de vivir; despojaos de vuestros pecados y asumid la integridad y la santidad que Dios os puede dar.»

Lo que debe desterrarse de la vida

Así que despojaos de la falsedad, y decidle la verdad cada uno de vosotros a los demás; porque somos todos miembros del mismo Cuerpo. Si os enfadáis, cuidaos muy mucho de no caer en pecado. No dejéis que se ponga el sol sin haber hecho las paces, ni le deis oportunidades al diablo. El que antes fuera ladrón, que deje definitivamente de robar; que se aficione más bien a trabajar duro, y a hacer cosas productivas con sus manos, a fin de poder compartir lo que tenga con los que tengan necesidad. Que no se os escape nunca ninguna palabra sucia, sino que todas vuestras palabras sean buenas, encaminadas a la buena edificación, para que puedan producir beneficio a los que las oigan. No hagáis que se ponga triste el Espíritu Santo de Dios con el Cual estáis sellados hasta que llegue el día de vuestra redención.

Que toda clase de amargura, todas las rabietas, todo el rencor a largo plazo, todas las griterías, todo el lenguaje insultante desaparezcan de vosotros con todas las otras clases de mal. Sed amables unos con otros, compasivos, perdonándoos mutuamente como Dios os perdonó a vosotros en Cristo.

Pablo ha estado diciendo que cuando uno se convierte a Cristo debe despojarse de la vida vieja como se quitaría de encima una ropa que ya no le sirve. Aquí habla de las cosas que hay que desterrar de la vida cristiana.

(i) Ya no debe tener cabida en ella la falsedad. Hay más de una clase de mentira en este mundo.

Existe la mentira que se dice, algunas veces deliberadamente, y otras casi sin querer. El Doctor Johnson nos da un consejo interesante en relación con la educación de los niños: « Acostumbrad a vuestros hijos continuamente a decir la verdad; si pasa algo en una ventana, y ellos cuando lo cuentan dicen que sucedió en otra, no se lo paséis por alto, sino corregídselo inmediatamente; si no, no sabéis adónde puede conducir eso de apartarse de la verdad… Es muchas veces más por descuido de la verdad que por mentira intencionada por lo que hay tanta falsedad en el mundo.»

También se puede mentir guardando silencio, y puede que sea la forma más corriente. André Maurois, en una frase memorable, habla de «la amenaza de las cosas que no se dicen.» Puede ser que en una conversación una persona muestre con su silencio estar de acuerdo o dar su aprobación a alguna manera de actuar que sabe que no es como es debido. Puede ser que una persona se calle una advertencia, o una reprensión, cuando sabe muy bien que debería darlas. Cuidado con aquello de que «el que calla otorga.»

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