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Efesios 4: Fieles a nuestra vocación

Esta palabra es antigua y honorable. En el pasado lejano de Homero, al rey Agamenón se le llamaba «el pastor de su pueblo.» Jesús se había llamado a Sí núsmo El Buen Pastor (Juan 10:11,14). El autor de Hebreos llamaba a Jesús El gran Pastor de las ovejas (Hebreos 1 3:20). Pedro Le llama Pastor y Obispo de vuestras almas (1 Pedro 2:25). También Le llama El Príncipe de los pastores (1 Pedro 5:4). Jesús encargó a Pedro que se cuidara de Sus ovejas (Juan 21:16). Pablo advirtió a los ancianos de Éfeso que guardaran el rebaño que Dios había puesto a su cuidado (Hechos 20:28). Y Pedro exhorta a los ancianos a que se cuiden del rebaño de Dios (1 Pedro 5:2).

La figura del pastor se halla indeleblemente retratada en el Nuevo Testamento. Era el que se cuidaba del rebaño y guiaba a las ovejas a lugares seguros; era el que buscaba las ovejas descarriadas y, si era necesario, exponía su vida para salvarlas. El pastor del rebaño de Dios es el hombre que lleva al pueblo de Dios en el corazón, que los alimenta con la verdad, los busca cuando se extravían y los defiende de todo lo que pueda dañar sus almas. Y a cada cristiano se le encarga que sea un poco el pastor de sus hermanos.

El objetivo del responsable

Después de nombrar a los diferentes responsables de la Iglesia, Pablo pasa a hablar de sus objetivos y de lo que deben tratar de hacer.

Su objetivo es que los miembros de la iglesia estén debidamente equipados. La palabra que usa Pablo para equipados es interesante. Es katartismós, que viene del verbo katartizein. Es una palabra que se usaba en cirugía con el sentido de colocar un miembro roto, o poner en la debida posición una articulación. En política se usaba con el sentido de acercar o unir posiciones opuestas para que el gobierno pudiera proseguir su labor. En el Nuevo Testamento se usa para remendar las redes (Marcos 1:19), y para disciplinar a un ofensor para que vuelva a ocupar su puesto en la comunión de la iglesia (Gálatas 6:1). La idea básica de la palabra es la de poner algo en las condiciones debidas. Es la función de los responsables de la Iglesia el asegurarse de que los miembros sean instruidos, guiados, cuidados, buscados cuando se desvían, para que lleguen a ser como Dios quiere.

Su cometido es que el servicio siga adelante. La palabra que se usa aquí para servicio es diakonía; y la idea principal que subyace en esta palabra es la del servicio práctico. El responsable no tiene que ser uno que habla simplemente de cuestiones de teología y de cosas de la Iglesia; está a cargo de comprobar que el servicio práctico a favor de los pobres y de los desvalidos de Dios se lleva a cabo.

Su finalidad es comprobar que el Cuerpo de Cristo es edificado. La obra del responsable es siempre la construcción, y no la destrucción. Su objetivo no es causar problemas, sino resolverlos; fortalecer siempre, y nunca debilitar la fábrica de la iglesia.

El responsable tiene todavía una misión más alta que estas, que puede decirse que son sus funciones inmediatas; pero por encima de -ellas tiene otras más importantes.

Su objetivo es que los miembros de la iglesia lleguen a la unidad perfecta. No debe permitir nunca que se formen partidos en la iglesia, ni que se haga nada que produzca diferencias en ella. Mediante la enseñanza y el ejemplo debe tratar de hacer que los miembros de la iglesia mantengan una unidad cada vez más íntima.

Su objetivo es que los miembros de la iglesia lleguen a un pleno desarrollo. La iglesia no se puede contentar nunca con que sus miembros vivan vidas respetables. Su finalidad debe ser que sean ejemplos de la. perfecta hombría y feminidad cristianas.

Así que Pablo acaba con un objetivo sin igual. El objetivo de la iglesia es el que sus miembros alcancen la estatura que se mide mediante la plenitud de Cristo. La finalidad de la iglesia no es nada menos que producir hombres y mujeres que son el reflejo perfecto de Jesucristo mismo. Durante la guerra de Crimea, Florence Nightingale estaba una noche pasando revista en una sala de un hospital. Se detuvo ante una cama y se inclinó hacia un soldado que estaba gravemente herido. El herido levantó la vista y dijo: «Tú eres Cristo para mí.» Un santo se ha definido como «alguien en quien Cristo vuelve a vivir.» Eso es lo que el verdadero miembro de iglesia debe ser.

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