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Efesios 4: Fieles a nuestra vocación

Pastor Lionel

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Lightfoot la definía como el espíritu que se niega a la revancha. Usando una analogía muy imperfecta diríamos que a menudo es posible ver juntos un cachorro y un perro adulto y grande. El cachorro le fastidia al perrázo, le mordisquea, y le hace toda clase de perrerías. El perro grande, que podría deshacerse del cachorro de una patada o de una dentellada, soporta sus impertinencias con una dignidad inalterable. Makrothymía es el espíritu que soporta los insultos y las injurias sin amargura ni queja. Es el espíritu que puede sufrir a las personas desagradables con cortesía, y a los tontos sin irritarse.

(c) Lo que nos permite conocer mejor el sentido de esta palabra es el hecho de que el Nuevo Testamento se la aplica repetidas veces a Dios. Pablo le pregunta al pecador impenitente si desprecia la paciencia de Dios (Romanos 2:4). En otro lugar habla de la perfecta paciencia que Jesús tuvo con él (1 Timoteo 1:16). Pedro habla de la paciencia de Dios esperando en los días de Noé (1 Pedro 3:20). Dice que la tolerancia de nuestro Señor es para nuestra salvación (2 Pedro 3: IS). Si Dios hubiera sido un hombre, habría « perdido la paciencia» con el mundo por su desobediencia hace mucho tiempo. El cristiano debe tener con sus semejantes la paciencia que Dios ha tenido con él innumerables veces.

El amor cristiano

(iv) La cuarta gran cualidad cristiana es el amor. El amor cristiano era algo tan nuevo en el mundo antiguo que los escritores cristianos tuvieron que inventar una palabra nueva para definirlo; o, por lo menos, tuvieron que usar una palabra muy rara en griego, dándole un sentido totalmente nuevo: agapé.

En griego hay cuatro palabras para amor. Está erós, que es el amor entre un hombre y una mujer que incluye la pasión sexual. Está filía, que es el afecto cálido que existe entre los que comparten unas mismas circunstancias. Está storgué, que es la palabra que designa el amor de la familia. Y está agapé, que la Reina-Valera traduce por amor, aunque en ediciones más antiguas, siguiendo tal vez a la Vulgata, la traducía por caridad.

El sentido auténtico de agapé es una benevolencia a toda prueba. El tener agapé hacia una persona quiere decir que nada que esa persona haga o nos haga nos hará buscar para ella sino lo mejor posible. Aunque nos perjudique e insulte, nosotros no sentiremos nunca hacia ella más que amabilidad y benevolencia. Esto quiere decir que este amor cristiano no es meramente un sentimiento emocional. Este agapé es algo, no solamente de las emociones, sino también de la voluntad.

Es la habilidad de mantener una buena voluntad inconquistable con los que no la tienen con nosotros, ni son amables, ni nos gustan. Agapé es esa cualidad de la mente y del corazón que impulsa a un cristiano a no sentir nunca ninguna malquerencia ni ningún deseo de venganza, sino a buscar siempre el mayor bien posible para todos, sean como sean.

(v) Estas cuatro grandes virtudes de la vida cristiana -humildad, amabilidad, paciencia y amor- desembocan en una quinta: la paz. El consejo y la exhortación urgente de Pablo son que los que lean su carta tengan un interés especialísimo en mantener «la sagrada unidad» que debe caracterizar a la verdadera Iglesia.

La paz se puede definir como la debida relación entre las personas. Esta unidad, esta paz, esta debida relación, se puede conservar solamente de una manera. Cada una de las cuatro grandes virtudes cristianas depende de la negación del yo.

Mientras el yo sea el centro de todas las cosas, esta unidad no podrá existir nunca plenamente. En una sociedad en la que el yo domina, las personas no pueden ser más que una colección desintegrada de unidades individualistas en guerra. Pero cuando el yo muere y Cristo se aposenta en su lugar en nuestros corazones, entonces se produce la paz, la unidad, que es la característica suprema de la verdadera Iglesia.

Las bases de la unidad
Hay un solo Cuerpo y un solo Espíritu, de la misma manera que habéis sido llamados con una sola y misma esperanza de vuestra vocación. No hay más que un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, Que está por encima de todos y a través de todos y en todos.

Pablo pasa a establecer las bases sobre las que se funda la unidad cristiana.

(i) Hay un solo Cuerpo. (En estas frases añado la palabra solo/sola porque en el original unluna es el numeral y no el artículo indeterminado). Cristo es la Cabeza, y la Iglesia es el Cuerpo. Ningún cerebro puede controlar un cuerpo que está desintegrado en fragmentos. Si no hay una unidad coordinada en el cuerpo, los designios de la cabeza se frustran. La unidad de la Iglesia es esencial para la obra de Cristo. Eso no quiere decir una unidad mecánica de administración y de organización humanas; sino tiene que ser una unidad basada en un común amor a Cristo y de los miembros entre sí.

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