Comprometidos a Sembrar La Palabra de Dios

Efesios 4: Fieles a nuestra vocación

Pablo da la razón para decir la verdad: Es porque somos todos miembros del mismo Cuerpo. Podemos vivir tranquilos solamente porque los sentidos y los nervios pasan mensajes veraces al cerebro. Si se acostumbraran a enviar mensajes falsos, y, por ejemplo, le dijeran al cerebro que algo está frío y se puede tocar cuando en realidad está muy caliente y quema, la vida se acabaría muy pronto. Un cuerpo puede funcionar con salud solamente cuando cada uno de sus miembros le pasa mensajes veraces al cerebro. Así que si estamos todos incluidos en -un cuerpo, ese cuerpo podrá funcionar como es debido solamente si decimos la verdad.

(ii) Es normal que se tengan enfados en la vida cristiana, pero no se debe uno pasar. El mal genio no tiene disculpa; pero existe una indignación que muchas veces hace que el mundo no sea peor de lo que es. El mundo habría perdido mucho si no hubiera sido por la ardiente indignación de Wilberforce contra la trata de esclavos, o de Shaftesbury contra las condiciones laborales del siglo XIX.

El Doctor Johnson era a veces un poco áspero. Cuando creía que algo estaba mal, lo decía claro. Cuando estaba a punto de publicar su Viaje a las Hébridas, Hannah More le pidió que mitigara algo de sus asperezas. Ella cuenta que la respuesta de Johnson fue que «él no podía limarse las garras, ni hacer que el tigre fuera un gatito para darle gusto a nadie.» El tigre tiene su papel en la vida; y cuando el tigre se convierte en un gatito, algo se ha perdido en el mundo.

Hubo momentos cuando Jesús se enfadó terrible y majestuosamente. Se enfadó cuando los escribas y los fariseos Le estaban observando para ver si curaba al hombre del brazo seco en sábado (Marcos 3:5). No fue el que Le criticaran lo que Le molestó; se enfadó porque la ortodoxia rígida de ellos quería imponerle a un semejante un sufrimiento innecesario.

Estaba enfadado cuando hizo el azote de cuerdas y echó de los atrios del templo a los cambistas de dinero y a los vendedores de animales para los sacrificios (Juan 2:13-17).

John Wesley decía: «Dadme cien hombres que no teman más que a Dios, y que no odien más que el pecado, y que no conozcan a nadie más que a Jesucristo, y sacudiré el mundo.»

La ira egoísta y desatada es cosa peligrosa que debe desterrarse de la vida cristiana. Pero la indignación generosa que se mantiene en la disciplina del servicio de Cristo y de nuestros semejantes es una de las grandes fuerzas bienhechoras.

(iii) Pablo sigue diciendo que el cristiano no debe dejar que se ponga el sol sobre su indignación. Plutarco decía que los discípulos de Pitágoras tenían entre las reglas de su sociedad que si durante el día la ira les había hecho hablarse despectivamente, antes de que se pusiera el sol se daban las manos, se besaban y se reconciliaban. Hubo un rabino judío que Le pedía a Dios que no le permitiera acostarse nunca con ningún pensamiento negativo contra un semejante en su mente.

El consejo de Pablo es sano, porque cuanto más aplazarnos el zanjar nuestras diferencias, menos probable es que lleguemos a remediarlas. Si hay un disgusto entre nosotros y otra persona, si hay problemas en una iglesia o en una sociedad en la que se reúne la gente, la mejor manera de resolverlos es en seguida. Cuanto más se deje crecer, más amarga se hará. Si no hemos tenido razón, debemos pedirle a Dios que nos dé la gracia de reconocerlo; y aunque hayamos tenido razón, debemos pedirle a Dios que nos dé la gracia que nos permita dar el primer paso para remediar las cosas.

Al lado de esta frase, Pablo coloca otro mandamiento. El original griego puede querer decir una de dos cosas. Puede querer decir: «No le deis su oportunidad al diablo.» Una disensión que no se haya zanjado es una oportunidad magnífica para que el diablo siembre división. Muchas veces una iglesia se ha desgarrado en grupitos porque dos personas se pelearon, y dejaron que se pusiera el sol sobre su ira. Pero esta frase puede tener otro sentido. La palabra para diablo en griego es diábolos. Pero diábolos es también la palabra normal para calumniador. Lutero, por ejemplo, consideraba que esto quería decir: « No le hagáis sitio en vuestra vida al calumniador.» Puede ser que ese sea el verdadero sentido de lo que Pablo quiere decir. No hay persona en este mundo que pueda causar más males que un calumniador correveidile.

Ayúdanos a continuar sembrando La Palbara de Dios

WebDedicado ha sido autorizado a recaudar los fondos para continuar con La Gran Comisión


Deja el primer comentario

Otros artículos de Nuestro Blog

Que pueden ser de interés para ti de acuerdo a tus lecturas previas.