Eclesiastés 5: La insensatez de hacer votos a la ligera

Eclesiastés 5:8 La vanidad de la vida. Si ves en la provincia que se oprime a los pobres y se pervierte el derecho y la justicia, no te maravilles: porque sobre uno alto vigila otro más alto, y uno más alto está sobre ambos.[g]

Eclesiastés 5:9 El provecho de la tierra es para todos y el rey mismo está al servicio del campo.[h]

Eclesiastés 5:10 El que ama el dinero no se saciará de dinero; y el que ama la riqueza no sacará fruto. También esto es vanidad.

La riqueza y las ganancias materiales no contentan y no pueden satisfacer a los seres humanos. Todos los sistemas económicos, ya sean marxistas, socialistas o capitalistas, se basan en el materialismo, y por lo tanto son vanidad.

Siempre queremos más de lo que tenemos. Salomón observó que aquellos que aman el dinero y lo buscan obsesivamente nunca encuentran la felicidad que el dinero promete. Por otro lado, la riqueza atrae a los que viven a expensas de otros y a los ladrones que la desean, ocasiona insomnio y temor, y a la larga termina en pérdida porque no podemos llevárnosla. No importa cuánto gane, si usted trata de lograr la felicidad acumulando riquezas, nunca tendrá suficiente. El dinero no es malo en sí mismo, pero el amor al dinero lleva a toda clase de pecados. Cualquiera que sea su situación financiera, no dependa del dinero para ser feliz. En vez de eso, utilice lo que tiene en las cosas del Señor.

Eclesiastés 5:11 Cuando aumentan los bienes, aumentan también quienes los consumen. ¿Qué beneficio, pues, tendrá su dueño, aparte de verlos con sus propios ojos?

Mientras mayores sean las ganancias materiales, más se siente uno agobiado por la abundancia. Nada de lo que se posee puede ser acarreado cuando se parte de esta vida. Así, no trae provecho acumular riquezas ociosas. Dios le ha dado a los seres humanos bendiciones materiales, y es su deber disfrutarlas con moderación.

Eclesiastés 5:12 Dulce es el sueño del trabajador, coma mucho o coma poco; pero al rico no le deja dormir la abundancia.

Eclesiastés 5:13 Hay un mal doloroso que he visto debajo del sol: las riquezas guardadas por sus dueños para su propio mal,

Eclesiastés 5:14 las cuales se pierden por mal empleadas, y al hijo que ellos engendraron nada le queda en la mano.

Eclesiastés 5:15 Desnudo salió del vientre de su madre y así volverá; se irá tal como vino, sin ningún provecho de su trabajo que llevarse en la mano.[i]

Eclesiastés 5:16 También eso es un gran mal: que tal como vino se haya de volver. ¿Y de qué le aprovechó trabajar en vano?

Eclesiastés 5:17 Además de esto, todos los días de su vida comerá en tinieblas, con mucho afán, dolor y miseria.

Eclesiastés 5:18 He aquí, pues, el bien que he visto: que lo bueno es comer y beber, y gozar de los frutos de todo el trabajo con que uno se fatiga debajo del sol todos los días de la vida que Dios le ha dado, porque esa es su recompensa.[j] Otra vez el Predicador regresa al segundo tema de este libro: aunque no se puede descubrir un valor absoluto por esfuerzos humanos en esta vida, se debe recibir agradecida y gozosamente las bendiciones de Dios.

Eclesiastés 5:19 Asimismo, a todo hombre a quien Dios da bienes y riquezas, le da también facultad para que coma de ellas, tome su parte y goce de su trabajo. Esto es don de Dios.

Eclesiastés 5:20 Porque así no se acuerda mucho de los días de su vida, pues Dios le llena de alegría el corazón.

Dios quiere que veamos lo que tenemos (ya sea mucho o poco) desde la perspectiva correcta: nuestras posesiones son un regalo de Dios. Son motivos de regocijo, pero no fuente de gozo, ya que todo lo bueno proviene de Dios. Debemos enfocarnos más en el Dador que en el regalo. Podemos contentarnos con lo que tenemos cuando nos damos cuenta de que con Dios tenemos todo lo que necesitamos.

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