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Eclesiastés 2: La vanidad del placer

Pastor Lionel

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¿Acaso está recomendando Salomón que hagamos de la vida una fiesta grande e irresponsable? No, pero nos está exhortando a sentir placer en lo que hacemos ahora y disfrutar la vida debido a que proviene de la mano de Dios. El verdadero gozo de la vida surge únicamente cuando seguimos los principios de Dios. Sin El, la satisfacción es una búsqueda perdida. Las personas que saben disfrutar de la vida son los que toman cada día la vida como un regalo de Dios, y le dan las gracias y le sirven por medio de ella.

Eclesiastés 2:25 Porque ¿quién comerá, y quién se cuidará, mejor que yo?

Eclesiastés 2:26 Porque al hombre que le agrada, Dios le da sabiduría, ciencia y gozo; mas al pecador da el trabajo de recoger y amontonar, para darlo al que agrada a Dios. También esto es vanidad y aflicción de espíritu.

La vanidad del placer

Si la sabiduría termina en frustración, ka’ac, que significa “dolor, enojo”. ¿Por qué no probar el placer? El hedonismo se ha considerado como la clave de la felicidad, el Predicador ensaya esa vía. Pero no reflexiona sobre el placer, lo prueba, lo busca; y donde el placer se busca por el placer mismo, es seguro que no se halla el placer.

La felicidad que da sentido a la vida se encuentra cuando no se busca. Es conocida la historia de un paisano que salió en busca de la felicidad y luego de andar mucho tiempo, tanto que había envejecido en la búsqueda, resolvió regresar a su humilde vivienda, por lo menos moriría en lo que había sido suyo. Pero para su sorpresa en la puerta de su vivienda abandonada encontró un esqueleto; era el de la felicidad que había venido en su búsqueda durante su ausencia.

La felicidad no está en lo que se goza o en lo que se tiene, que muchas veces, como en el caso del Predicador sólo conduce a una frustración mayor. La risa engaña, el poseer deja vacío el hacer, cuando la tarea se ha acabado deja el sentido que con la obra terminada terminó la vida misma. “Mejor es el camino que la posada” dice la sabiduría erudita. Y si se busca la felicidad en el goce material manteniendo al mismo tiempo la capacidad del juicio, no se alcanzará nada. La conclusión de esta búsqueda del sentido de la vida en el goce de los placeres ha llevado al Predicador a una conclusión: Para ser feliz con el placer es menester estar loco.

¡Ven, pues…! (versículo 1). En hebreo es una llamada a la acción. Las riquezas pueden procurar el placer que el Predicador busca en todas sus formas, pero aquí se adelanta el resultado: esto también era vanidad. Agasajar mi cuerpo con vino (versículo 3). La actitud más contradictoria con el pensamiento de los sabios y tratándose de un rey más aún. Contados días de su vida; el hombre antiguo contaba con que su vida sería breve. Engrandecí mis obras (versículo 4). Las construcciones eran una manera de pasar a la posteridad. De aquí hasta el versículo 9 hay una vívida descripción de lo que se estimaba como digno del poder real en una corte oriental. Siervos nacidos en casa (versículo 7) se explica en Exodo 21:2-6. Acumulé también plata y oro (versículo 8), figura en que se toma la materia por el objeto. La plata y el oro en forma de joyas, vasos y utensilios diversos.

Mi sabiduría permaneció conmigo (versículo 9). El ingrediente que estorba la felicidad cuando se la busca por el camino del tener. El verbo para “acumular”, kanac, da la idea de doblar una cosa sobre la otra. Mi corazón se alegraba de todo mi duro trabajo. ‘Amal lleva el sentido de dolor y miseria en el trabajo. Por un momento el Predicador creyó que había dado con el sentido de la vida, pero con un examen posterior se dio cuenta que toda esa grandeza acumulada no era otra cosa que vanidad y aflicción de espíritu (versículo 14). No hay otra recompensa si se busca el sentido de la vida por ese camino.

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