Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin

Eclesiastés 2: La vanidad del placer

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on pinterest
Share on whatsapp
Share on email

Eclesiastés 2:17 Aborrecí, por tanto, la vida, porque la obra que se hace debajo del sol me era fastidiosa; por cuanto todo es vanidad y aflicción de espíritu.

Si la sabiduría no le garantiza justicia, entonces todo el esfuerzo realizado a fin de llegar a ser sabio no aprovecha nada.

Eclesiastés 2:18 Asimismo aborrecí todo mi trabajo que había hecho debajo del sol, el cual tendré que dejar a otro que vendrá después de mí.

No sólo no aprovechan la riqueza y el placer (versículos 1-11), sino que el Predicador no puede llevarse estas cosas consigo más allá de la muerte. Y como no puede saber si sus herederos serán sabios o necios, legarles a ellos sus riquezas ofrece poco consuelo al Predicador.

Salomón continuó mostrando que el trabajo no produce fruto duradero para los que trabajan exclusivamente para ganar dinero y obtener posesiones. No sólo se quedará todo atrás cuando muramos, sino que puede quedar para personas que no han hecho nada para ganarlo. Además, puede que no lo cuiden, y todo lo que se ganó puede perderse (el hijo de Salomón que heredó el trono, fue a menudo necio). El trabajo arduo realizado con motivos correctos (suplir las necesidades de la familia, servir a Dios) no es malo. Debemos trabajar para sobrevivir, y más importante aún, somos responsables del bienestar físico y espiritual de las personas que tenemos bajo nuestro cuidado. Sin embargo, el fruto del trabajo arduo hecho para glorificarse uno mismo lo pueden heredar personas que quizá más tarde lo pierdan o lo arruinen todo. Tal afán a menudo lleva al sufrimiento, mientras que servir a Dios nos lleva a un gozo eterno. ¿Conoce usted la verdadera razón por la que trabaja tanto?

Eclesiastés 2:19 Y ¿quién sabe si será sabio o necio el que se enseñoreará de todo mi trabajo en que yo me afané y en que ocupé debajo del sol mi sabiduría? Esto también es vanidad.

Eclesiastés 2:20 Volvió, por tanto, a desesperanzarse mi corazón acerca de todo el trabajo en que me afané, y en que había ocupado debajo del sol mi sabiduría.

Esta situación hace desesperar al Predicador: ¿Por qué ha de dejarle el fruto de su labor a alguien que no ha contribuido a ella y no lo merece?

Eclesiastés 2:21 !!Que el hombre trabaje con sabiduría, y con ciencia y con rectitud, y que haya de dar su hacienda a hombre que nunca trabajó en ello! También es esto vanidad y mal grande.

Eclesiastés 2:22 Porque ¿qué tiene el hombre de todo su trabajo, y de la fatiga de su corazón, con que se afana debajo del sol?

Eclesiastés 2:23 Porque todos sus días no son sino dolores, y sus trabajos molestias; aun de noche su corazón no reposa. Esto también es vanidad.

Eclesiastés 2:24 No hay cosa mejor para el hombre sino que coma y beba, y que su alma se alegre en su trabajo. También he visto que esto es de la mano de Dios.

Si no puede llevárselo consigo y no sabe cómo sus herederos lo aprovecharán, uno debe gozar de lo que tiene mientras vive. El gozar de aquello con que Dios ha bendecido la vida es un importante tema secundario del libro, el cual reaparece de vez en cuando en el texto.

Deja una respuesta

Ayúdanos a continuar Sembrando La Palabra de Dios

Publicaciones que pueden ser de interés para ti

Las cucharas

Dice una antigua leyenda china, que un discípulo preguntó al Maestro: ¿Cuál es la diferencia entre el cielo y el infierno?. El Maestro le respondió: es muy

Artículo Completo

La puerta angosta

(iii) Hay una diferencia entre el camino disciplinado y el indisciplinado. Nada se ha conseguido nunca sin disciplina, y muchos atletas y otras personas no han llegado

Artículo Completo