Dios llamó a mi puerta

Dios llamó a mi puerta

Cuando era niño, llamó Dios a la puerta de mi corazón. En aquella temprana etapa vivía tan absorto en los juegos de la infancia que no presté atención a sus palabras lejanas.

Años después volvió Dios a visitarme. Esta vez golpeó con la fuerza de sus nudillos la puerta de mi corazón. Aún recuerdo su voz, pero me asediaban los problemas de la juventud: mi primer amor, los estudios y el ejercicio de diversas cualidades destacables. También en la madurez vino Dios, pero me resultaba imposible escuchar; no encontraba el momento oportuno para responder a su llamada.

Poco antes de morir, estando sumido en las preocupaciones sobre la inminencia del más allá, abrí la rendija de mi puerta para buscar respuestas ante tanta incertidumbre. Me quedé estupefacto: un hombre de cabellos blancos como la nieve y ojos refulgentes permanecía sentado junto a mi endeble corazón. Me acerqué a él y le pregunté:

— ¿Qué deseas?

— Soy Dios. Llevo aquí sentado durante toda tu vida para traerte un mensaje de felicidad.

Entonces, mis manos acogieron una misión maravillosa que pude disfrutar sólo unos momentos antes de morir.

Compártelo con tus redes

Share on facebook
Share on google
Share on twitter
Share on linkedin
Share on pinterest
Share on whatsapp
Share on email
Share on print

Tu Opinión es muy importante para nosotros

Deja un comentario

También Podría interesarte

Marcos 7: Limpio e inmundo

También se Le acercaron a Jesús los fariseos, y algunos maestros de la Ley que habían bajado de Jerusalén. Vieron a algunos de Sus discípulos

Leer Más >>

La Fortaleza

Existe la leyenda de un cierto barón alemán que poseía un castillo en el Rin. Se cuenta, que solía tender alambres de una torre a

Leer Más >>

Es más que un trabajo

Un joven muchacho entró apresuradamente dentro de una estación de servicio y le preguntó al encargado si tenía un teléfono público. El encargado asintió con

Leer Más >>
Comprados por cristo

Comprados por cristo

En el mundo antiguo estaba expresamente prohibido, a veces bajo la amenaza de penas muy severas, esclavizar nuevamente a cualquiera que había ganado su libertad.

Leer Más >>