Deuteronomio-8-La-buena-tierra-que-han-de-poseer

Deuteronomio 8: La buena tierra que han de poseer

Deu 8:1 Cuidaréis de poner por obra todo mandamiento que yo os ordeno hoy, para que viváis, y seáis multiplicados, y entréis y poseáis la tierra que Jehová prometió con juramento a vuestros padres.

poseáis, yarash : Heredar, poseer, ocupar, apoderarse de. Este verbo aparece más de 250 veces en el Antiguo Testamento. Su gran importancia se muestra en las promesas de Dios a Abraham, Isaac y Jacob. En repetidas ocasiones, en Génesis, Dios se compromete a darle la tierra de Canaán a los descendientes de Abraham como posesión eterna.

Deu 8:2 Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos.

En este capítulo Moisés hace énfasis en que el pueblo debe recordar la fidelidad de Dios. El propósito de la experiencia del desierto era disciplinarlo; ellos no debían olvidar lo que se les había enseñado. El corazón : Alude a la actitud del pueblo hacia Dios y sus mandamientos. Para conocerla había que someterlo a prueba.

Deu 8:3 Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre.(A)

La Palabra de Dios y la alimentación del alma, LA PALABRA DE DIOS. Jesús citó este texto cuando confrontó las tentaciones de Satanás en el desierto. El mensaje obvio de este pasaje es que el alma no puede sobrevivir sin la diaria Palabra de Dios. El hecho de que se establezca un paralelo con el maná que sirvió de alimento a Israel en el desierto, pone en evidencia que el creyente debe procurar una porción regular de la Palabra de Dios y alimentarse de ella.

Esto no es una cuestión de deber legal, o sea el determinar la salvación personal, sino un asunto de responsabilidad personal que decide nuestra incorporación a la senda del discipulado. Sin embargo, que nadie suponga que se puede sobrevivir espiritualmente sin alimentarse de la Palabra de Dios. La Palabra de Dios es tan esencial para el creyente como la leche para un infante. Pero así como resulta imperativo que aceptemos su Palabra para nuestra supervivencia, también debemos reconocer que Dios la ha provisto de dulzura a fin de que sea fuente de regocijo en nuestras vidas.

Jesús citó este versículo cuando el diablo lo tentó para que convirtiera las piedras en pan (Mat_4:4). Muchas personas piensan que la vida es satisfacer nuestros apetitos. Si pueden ganar dinero suficiente para vestirse, comer y jugar en gran estilo, piensan que están viviendo “la buena vida”. Pero tales cosas no satisfacen nuestros anhelos más profundos. Al final nos dejan vacíos e insatisfechos. La vida verdadera, según Moisés, surge de una entrega total a Dios, el que creó la vida misma. Requiere de disciplina, sacrificio y esfuerzo, y es por eso que la mayoría de la gente nunca la encuentra.

Deu 8:4 Tu vestido nunca se envejeció sobre ti, ni el pie se te ha hinchado en estos cuarenta años.

La experiencia del maná permitió a los israelitas darse cuenta de que Dios era su sustento en la vida. En los momentos en que era tentado,

Por lo general nos resulta fácil dar por sentada la protección de Dios. Casi nunca notamos ni agradecemos a Dios cuando nuestro automóvil no se descompone, nuestras ropas no se desgarran, ni se rompen nuestras herramientas. Al parecer el pueblo de Israel tampoco, pues ni siquiera notó que durante cuarenta años de peregrinación por el desierto, sus ropas no se gastaron y sus pies no se hincharon. Se olvidaron de dar gracias a Dios por estas bendiciones. ¿Qué cosa le ha estado funcionando bien? ¿Qué cosa le ha brindado buen servicio? ¿Qué cosa ha durado mucho tiempo sin descomponerse ni desmoronarse? Recuerde agradecer a Dios estas bendiciones silenciosas.

Deu 8:5 Reconoce asimismo en tu corazón, que como castiga el hombre a su hijo, así Jehová tu Dios te castiga.

Deu 8:6 Guardarás, pues, los mandamientos de Jehová tu Dios, andando en sus caminos, y temiéndole.

Deu 8:7 Porque Jehová tu Dios te introduce en la buena tierra, tierra de arroyos, de aguas, de fuentes y de manantiales, que brotan en vegas y montes;

Deu 8:8 tierra de trigo y cebada, de vides, higueras y granados; tierra de olivos, de aceite y de miel;

Deu 8:9 tierra en la cual no comerás el pan con escasez, ni te faltará nada en ella; tierra cuyas piedras son hierro, y de cuyos montes sacarás cobre.

Deu 8:10 Y comerás y te saciarás, y bendecirás a Jehová tu Dios por la buena tierra que te habrá dado.

Este versículo se cita tradicionalmente para decir que debemos dar gracias a Dios antes o después de los alimentos. Su propósito, sin embargo, era advertir a los israelitas que no se olvidaran de Dios cuando vieran sus deseos y necesidades satisfechos. Permita que sus oraciones en la mesa sean un recordatorio constante de la bondad de Dios para con usted y el deber que tiene para con los menos afortunados.

Amonestación de no olvidar a Dios

Deu 8:11 Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios, para cumplir sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos que yo te ordeno hoy;

Deu 8:12 no suceda que comas y te sacies, y edifiques buenas casas en que habites,

Deu 8:13 y tus vacas y tus ovejas se aumenten, y la plata y el oro se te multipliquen, y todo lo que tuvieres se aumente;

Deu 8:14 y se enorgullezca tu corazón, y te olvides de Jehová tu Dios, que te sacó de tierra de Egipto, de casa de servidumbre;

Deu 8:15 que te hizo caminar por un desierto grande y espantoso, lleno de serpientes ardientes, y de escorpiones, y de sed, donde no había agua, y él te sacó agua de la roca del pedernal;

Deu 8:16 que te sustentó con maná en el desierto, comida que tus padres no habían conocido, afligiéndote y probándote, para a la postre hacerte bien;(B)

Deu 8:17 y digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza.

Deu 8:18 Sino acuérdate de Jehová tu Dios, porque él te da el poder para hacer las riquezas, a fin de confirmar su pacto que juró a tus padres, como en este día.

Prosperados para bendecir, PROSPERIDAD DE DIOS. Este texto nos dice que la riqueza existe para verificar el pacto, y no debe ser malgastada egoístamente. Obviamente, Dios desea que nuestras necesidades sean satisfechas y quiere saciar los deseos de nuestro corazón, pero una vez satisfechas nuestras necesidades y saciado nuestro corazón, ¿qué debemos hacer con el excedente de sus bendiciones? ¿Puedes vivir en más de una casa a la vez? Dios quiere que usemos nuestra abundancia para bendecir a otros.

Dios quiere que tengamos riquezas, pero el dinero es sólo una parte de ellas. Una persona puede tener millones y aún ser pobre en salud, paz y amistades. La riqueza es más que dinero y posesiones. Necesitamos la sabiduría:

1) para recibir el pacto de prosperidad de Dios; (recibir fortuna sin que ella nos controle), y

2) para apreciar su alcance y propósito en nuestras vidas: que la salud, las riquezas, la paz y la amistad nos ayuden a servir a otros. La prosperidad prometida por Dios en su pacto siempre es un medio para alcanzar un fin y no un fin en sí misma.

Deu 8:19 Mas si llegares a olvidarte de Jehová tu Dios y anduvieres en pos de dioses ajenos, y les sirvieres y a ellos te inclinares, yo lo afirmo hoy contra vosotros, que de cierto pereceréis.

Deu 8:20 Como las naciones que Jehová destruirá delante de vosotros, así pereceréis, por cuanto no habréis atendido a la voz de Jehová vuestro Dios.

En épocas de abundancia, con frecuencia nos acreditamos nuestra prosperidad y nos volvemos orgullosos de que nuestro arduo trabajo e inteligencia nos hayan enriquecido. Es fácil mantenerse ocupado en la acumulación y en la administración de riquezas que echamos a Dios de nuestras vidas. Pero es Dios el que nos da todo lo que tenemos, y es Dios el que nos pide que se lo administremos.

Moisés recapitula la historia de Israel para extraer del pasado lecciones que van a ayudar y motivar al pueblo en este momento crítico de su historia: los días que anteceden a su entrada en la tierra de Canaán. Cada ejemplo del pasado sirve de lección para ayudar al pueblo a prepararse para las pruebas y tentaciones que encontrarán en un futuro muy cercano. Israel no debe pensar que la conquista de Canaán y la abundancia de la tierra prometida es el resultado del esfuerzo y del talento humanos. En su deseo de preparar a Israel para superar la tentación del olvido, Moisés exhorta al pueblo a obedecer las leyes y los mandamientos que Jehová había dado a Israel para que vivan y prosperen en la tierra que el Señor prometió dar a sus padres.

La disciplina del desierto,

Moisés inició su amonestación, exhortando a Israel otra vez a poner por obra el mandamiento que él había presentado a la nación. El uso de la palabra mandamiento en el singular es probablemente una referencia a todas las enseñanzas que Moisés había dado a Israel. La observancia de los mandamientos y las demandas del pacto eran la condición que Jehová había impuesto para la entrada y la conquista de la tierra de Canaán. Por su obediencia Israel viviría en la tierra por muchos años y por su obediencia gozaría de las bendiciones de la tierra de la promesa.

Cada israelita tenía que recordar lo que Jehová había hecho por el pueblo durante los 40 años de peregrinación en el desierto. Moisés se remonta a la experiencia de Israel en el desierto y proyecta aquella prueba dura sobre la presente generación. La experiencia de Israel en el desierto fue una prueba de fe que sirvió para humillarla. Durante los 40 años en el desierto Jehová probó a Israel a fin de conocer la intención de su corazón. Tenía que aprender a depender de Jehová y obedecer sus mandamientos.

La palabra humillarte esta relacionada con la palabra pobreza. La humillación de Israel fue su pobreza, su falta de recurso económico. En su pobreza Israel aprendió a confiar en Dios y depender de la provisión divina. Una de las pruebas de Israel en el desierto fue el hambre. Dios le permitió experimentar el hambre, pero por su gracia los alimentó con el maná. La dádiva del maná fue una nueva experiencia para Israel. Por medio de esta experiencia Israel aprendió una lección muy importante: la vida humana no consiste solamente de alimento físico sino de todas las palabras que proceden de la boca de Jehová. Sin comida Israel hubiera perecido en el desierto, pero el pueblo fue alimentado diariamente por Dios. El pueblo tenía que depender de Dios todos los días. Cada día tenían que creer que Dios iba a proveer el pan para aquel día. El maná fue dado a Israel para enseñarle una lección importante: para vivir, tenía que depender de Jehová. En Israel el pan era un elemento necesario de la dieta diaria. En el desierto hubo escasez pero Dios habló y su palabra proveyó para las necesidades de su pueblo. Este pasaje fue citado por Jesús cuando fue tentado por Satanás en el desierto. Cuando Satanás tentó a Jesús para que cambiara las piedras en panes, Jesús citó las palabras para enfatizar su dependencia en su Padre celestial.

Otra evidencia de la provisión divina fue que Dios hizo posible que Israel se vistiera adecuadamente durante los 40 años en el desierto. El simbolismo de las palabras del enseña que Dios proveyó todo lo que Israel necesitaba para su jornada en el desierto.

El propósito de las pruebas de Israel fue educar al pueblo a depender de Dios completamente. Como un padre educa a su hijo, Jehová probó a su pueblo para transformarlos en un pueblo santo y diferente. La palabra corrige lleva en sí la idea de educar: “Jehová tu Dios te ha educado así como un padre educa su hijo”. Moisés exhortó a la nueva generación a obedecer los mandamientos de Jehová y a caminar en sus caminos con reverencia. La palabra temor es la adoración de Dios que produce reverencia en la vida de cada adorador.

Advertencia de no olvidarse de Dios.

La tierra que Israel iba a heredar como su herencia era una tierra de gran abundancia. Moisés describe la fertilidad de la tierra y enumera sus riquezas agrícolas y minerales. La tierra de Canaán era una tierra que tenía agua en abundancia. Esta abundancia de agua es un contraste fuerte con la experiencia del desierto donde Israel sufrió sed. La tierra de Canaán era una tierra donde había una abundancia de productos agrícolas. La tierra producía trigo, cebada, vides, higos y granados. Canaán también era una tierra de olivares y de miel. En Canaán, Israel iba a tener comida en abundancia. Allí, no comerían pan con escasez así como habían comido durante su jornada por el desierto. La palabra en heb. traducida escasez aparece cuatro veces en Eclesiastés y se traduce como “pobreza”. La riqueza mineral mencionada probablemente se encontraba en el Líbano o tal vez en el área de Transjordania. Esta descripción de la riqueza mineral de Canaán presupone la descripción del territorio ideal de Israel.

Después de conquistar a Canaán y de gozar de la abundancia de la tierra prometida, Israel tenía que bendecir a su Dios y agradecerle por la comida y por la tierra fértil que él había dado al pueblo. Jehová había bendecido a su pueblo con la prosperidad de la tierra. Pero, en reconocimiento de las bendiciones recibidas, el pueblo tenía que reconocer que estas ricas bendiciones fueron recibidas como dádivas de Dios y en reconocimiento de estas bendiciones, el pueblo debía dedicar a Dios lo que habían recibido de él.

Pero la prosperidad económica podía transformarse en tentación si Israel se olvidaba de quién era el autor de esta prosperidad. Para combatir la tentación del olvido, Moisés apeló a la memoria de Israel. No podía olvidarse de Jehová en su prosperidad; necesitaban obedecer los mandamientos de Jehová y vivir su vida bajo las demandas del pacto. La expresión cuídate sirve para exhortar a Israel a no abandonar a Jehová. Esta exhortación muestra el peligro de la prosperidad económica. Cuando edificaran buenas casas y su ganado se multiplicara, y llegaran a tener mucho oro y plata, la tentación sería abandonar a Jehová para seguir a otros dioses y así no guardar los mandamientos de Jehová.

La posibilidad de la tentación del olvido sirvió para introducir la memoria del éxodo. Israel no podía olvidarse de que Jehová su Dios los había sacado de la penuria y de la servidumbre de Egipto. Fue Dios quien los había guiado por el desierto, aquel gran y terrible desierto, lleno de escorpiones, un lugar sin agua y comida, para traerlos a una tierra de abundancia. La expresión la casa de esclavitud es una frase asociada con los Diez Mandamientos. La palabra enaltecer significa levantar el corazón con soberbia. El olvidarse de Jehová es, por lo tanto, una negación de la liberación de Egipto como la obra fundamental de Dios para la salvación de Israel. La referencia a las serpientes ardientes probablemente se refiere a la inflamación que las serpientes producen por su mordidas. En el desierto, Israel vivió una vida dura y difícil, pero durante todo este tiempo Jehová protegió a su pueblo y les dio agua y comida. En su prosperidad Israel no podía olvidarse de la lección del desierto.

Pero la arrogancia humana muchas veces triunfa sobre la benevolencia divina. Después de haber sido probado en el hórrido desierto por una generación, Israel enfrentó el peligro de olvidarse de que Jehová había colmado a la nación con su bendición. En su satisfacción económica Israel enfrentó el peligro de atribuirle al poder de sus fuerzas las bendiciones que Jehová había dado en su gracia. Israel tenía que reconocer que era Jehová quien daba a su pueblo el poder para hacer riquezas. La palabra riquezas no solamente se refiere al oro, la plata o la tierra sino también a la fuerza, la habilidad y la energía que Jehová da a cada persona. El poder que Dios daba a su pueblo de hacer riquezas sería para confirmar su promesa y así validar el pacto que él hizo con los patriarcas.

Si Israel se olvidaba de Jehová en su prosperidad y adoraba otros dioses iba a perecer. Esta amonestación de Moisés está basada en la advertencia de los Diez Mandamientos, y afirma una vez más que la desobediencia de Israel cancelaría su habilidad de alcanzar el cumplimiento total de las promesas de Jehová. Israel sería arrojado de su tierra así como Jehová había destruido las naciones de Canaán. Si se unía a las naciones de la tierra y adoptaba sus prácticas religiosas, podía esperar el mismo juicio que vino sobres las naciones de Canaán. La voz de Jehová aparece aquí como un sinónimo para la ley. Si Israel fracasaba en obedecer las palabras que salen de la boca de Dios, sería expulsado de la tierra de la misma manera que Jehová expulsó a las naciones de Canaán.

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