Deuteronomio 34: Muerte y sepultura de Moisés

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La Tierra Prometida

Según la orden recibida, el profeta sube a la cima del Fasga, en el monte Nebo, desde la cual Yahvé le muestra los confines de la tierra prometida. Las regiones enumeradas no pueden alcanzarse todas con la vista desde la cima del Nebo, pues muchas están ocultas por la cordillera de montañas que atraviesa de norte a sur la tierra de Canaán, pero el deuteronomista aprovecha la ocasión para describir los confines geográficos de la tierra prometida. El autor sagrado idealiza la historia, y así nos presenta al propio Dios enterrando a Moisés en un lugar secreto, desconocido en los tiempos de la redacción del libro. Todo esto nos indica que no hemos de tomar al pie de la letra la escenificación de estos relatos, los cuales han de ser tomados e interpretados a la luz de sus enseñanzas teológicas; es decir, el hagiógrafo quiere resaltar, con sus descripciones coloristas, la especialísima providencia de Yahvé y la gran veneración que sentía por el profeta excepcional, creador de la teocracia hebrea: Moisés. Para resaltar ante las generaciones su particularísima amistad con Dios, convenía rodear su muerte de misterio y solemnidad, como había ocurrido con la del primer sumo sacerdote Aarón. Es una muerte digna (dentro del esquema teológico de la narración del deuteronomista) del mayor de los profetas de Israel.

La vida del profeta está dividida en tres períodos de cuarenta años: en la corte del faraón, en el desierto de Madián antes de la vocación como libertador de su pueblo y, finalmente, en la peregrinación camino de la tierra prometida. El panorama de su vida se enmarca, pues, dentro de unos designios especialísimos de Yahvé, desde su hallazgo en las aguas del Nilo hasta su muerte en el monte Nebo a la vista de la tierra prometida. En su trayectoria no ha hecho sino cumplir la voluntad de Yahvé. Su misma muerte no es por agotamiento de la senectud (a pesar de sus ciento veinte años), sino para dar cumplimiento a los designios divinos que falleciera a la vista de la tierra prometida sin poder poner el pie en ella. Por eso insiste el deuteronomista en que no se habían debilitado sus ojos ni se había mustiado su vigor . El esquema teológico de su vida es claro: su ciclo de caudillo de Israel había terminado, y el hagiógrafo nos presenta a su sucesor Josué como el continuador de su obra. Había heredado de Moisés el espíritu de sabiduría o de sagacidad prudencial para dirigir a su pueblo en la nueva etapa de la violenta conquista; pero, además, tenía un temperamento arrojado y bélico, más en consonancia con las exigencias militares de la nueva etapa de la ocupación de Canaán.

El elogio del deuteronomista, que puede servir de epitafio al sepulcro del profeta (no ha vuelto a surgir en Israel profeta semejante a Moisés, con quien cara a cara tratase Yahvé), encuentra su eco en el Eclesiástico: “Amado de Dios y de los hombres, cuya memoria vive en bendición, le hizo (Dios) en la gloria semejante a los santos (ángeles) y le engrandeció, haciéndole espanto de los enemigos. Con sus palabras hizo cesar los vanos prodigios (de los magos de Egipto) y le honró en presencia de los reyes (del faraón). Le dio preceptos para su pueblo y le otorgó contemplar su gloria (en el Sinaí). Por su fe y mansedumbre le escogió entre toda carne; le hizo oír su voz y le introdujo en la nube (teofanía del Sinaí). Cara a cara le dio sus preceptos, la Ley de vida y de sabiduría para enseñar a Jacob su alianza y sus juicios a Israel.” La gran figura del libertador de Israel había quedado como el prototipo del amigo de Dios, y su muerte permanece casi envuelta en el misterio, como correspondía a su aureola de confidente de Yahvé.. La frase del deuteronomista (nadie hasta hoy conoce su sepulcro) refleja una época tardía de composición de la narración, cuando Moisés había sido idealizado, después de siglos, en la épica religiosa popular.

La muerte de Moisés

Después de haber exhortado al pueblo de Israel a ser fiel a Jehová y a ser obediente a sus leyes, Moisés se despidió del pueblo bendiciendo cada tribu de Israel. Ahora, en obediencia a Jehová, Moisés se fue del llano de Moab, donde el pueblo de Israel estaba acampado y subió al monte Nebo. Abarim es una cadena de montes y el monte más alto es el Pisga (Nebo). El monte Pisga está situado enfrente de Jericó. Moisés subió a la cumbre del monte Pisga así como Jehová le había ordenado.

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Lionel Valentin Calderón

Periodista, Artista, Caricaturista y Escritor pepiniano nacido en Añasco, Puerto Rico. Ha publicado varios libros entre los que destacan Vida de Jesús un Evangelio Armonizado, Sancocho Cristiano Volúmenes I-IV, Bendiciones Cristianas Vols I-II y La Biblia comentada de Génesis a Apocalipsis.

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