Deuteronomio 26: Primicias y diezmos

Pastor Lionel

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Ratificación del pacto

El título de esta sección en la RVA declara que aquí termina el segundo discurso de Moisés. Según esta organización de los discursos de Moisés en Deuteronomio, el tercer discurso empieza en 27:1. Pero, en la tradición de los tratados políticos y de los pactos de soberanía del antiguo Oriente, la ratificación del pacto terminaba con la proclamación de las bendiciones y maldiciones, las cuales sirven para enfatizar obediencia y consentimiento a las demandas del pacto.

Este comentario sigue la tradición de los pactos de soberanía. Esta sección es considerada la ratificación final del pacto con la nueva generación de israelitas donde Jehová declaraba que Israel era su pueblo especial. La proclamación de las maldiciones y bendiciones en los caps. 27-28, sirven como la conclusión del segundo discurso de Moisés y el cap. 29 es el inicio de su tercer discurso.

Los versículos 17-19 contienen la ratificación del pacto entre Jehová y la nueva generación de israelitas que se preparaban para entrar en la tierra de Canaán y recibir la herencia que Jehová había prometido dar a los descendientes de Abraham. La ratificación del pacto contiene dos partes. En la primera parte Israel se compromete a obedecer las demandas del pacto y Jehová promete ser el Dios de Israel y hacer de la nación un pueblo especial, un pueblo separado de las otras naciones para el servicio exclusivo de Dios.

Moisés actúa como el mediador entre Dios y el pueblo. Como mediador del pacto, Moisés exhorta a Israel a obedecer las leyes y los decretos que forman las demandas del pacto. Israel se compromete a ser el pueblo de Dios, aceptando las demandas del pacto. Moisés habla al pueblo declarando que hoy Israel aceptaba las demandas de Jehová. El hoy del fue el momento cuando el pueblo oyó las palabras de Moisés y la exposición de la ley. La declaración de Israel incluye cuatro compromisos:

(a) que Jehová sería su Dios;

(b) que Israel andaría por sus caminos;

(c) que Israel guardaría sus leyes, mandamientos y decretos;

(d) que Israel escucharía su voz. La declaración de Israel implica que la nación se dedicaría al servicio exclusivo de Dios y esto requería completa obediencia a los mandamientos de Jehová.

Moisés, hablando por Dios, declaró lo que Jehová se comprometía a hacer por Israel. Por cuanto Israel se comprometía a guardar los mandamientos y obedecer la voz de Jehová, Jehová se comprometía a ser el Dios de Israel y hacer de Israel una nación especial y un pueblo exaltado, más que todas las naciones del mundo. Por ser un pueblo especial, fama y honor serían conferidos a Israel. El contexto parece indicar que por su obediencia a Jehová y por su relación especial con Dios, el honor que Israel iba a recibir sería consecuencia de su obediencia y de su relación privilegiada con Dios.

Años más tarde, Jehová declaró por medio del profeta Jeremías que él había escogido a Israel “para que me fuesen pueblo y para renombre, alabanza y honra”. Pero Jehová declaró diciendo que ellos “no me escucharon”. Después de la conquista de la tierra de Canaán, Israel abandonó su relación especial con Jehová y violó las demandas del pacto. Por causa de su apostasía Israel abandonó su posición exaltada entre las naciones. Pero el mensaje profético declara que la rebeldía de Israel no iba a durar para siempre, porque Jehová levantaría una nueva generación de israelitas que sería fiel a las demandas del pacto. Esta nueva generación iba a continuar la misión del pueblo de Dios entre las naciones.

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