Deuteronomio 22: Leyes para mantener la disciplina y el orden.

Suerte igual sufrirá la joven desposada que ha tenido comercio ilícito con otro hombre que el prometido. Los esponsales, que implicaban la promesa del matrimonio, y la entrega del mohar, o precio de la novia, eran equiparados al matrimonio, el cual sólo añadía la solemne conducción de la novia a la casa del novio. De aquí que la violación de la desposada se considere como un caso de adulterio. El legislador deuteronómico distingue para la joven el caso de que sea violada en la ciudad o en la campiña. En el primer caso es culpable, porque pudo haber pedido auxilio, pero en el segundo no tiene culpa, ya que no pudo encontrar amparo que la librara del invasor.

Si la joven violada no está desposada, entonces el que la violentó debe tomarla por esposa, sin derecho a repudiarla, y además con la obligación de entregar al padre de la joven la cantidad de cincuenta siclos a título de indemnización o mohar.

Se prohíbe la unión incestuosa del hijo con la esposa del padre, que puede no ser la madre de aquél, supuesta la poligamia. Entre los antiguos árabes, el heredero tenía derecho a quedarse con las esposas y concubinas de su padre, excepto su propia madre.

Restauración de animales y objetos extraviados

Las leyes enfatizaban el comportamiento propio de una persona que vivía bajo las demandas del pacto con Jehová. Estos preceptos morales tenían como propósito inculcar en cada persona en Israel la responsabilidad de ayudar a una persona necesitada, y de inculcar en cada ciudadano israelita un espíritu de solidaridad, el cual debía motivar a cada persona a mantener un balance en su vida social. Por esta razón era menester que el pueblo aprendiera cómo aplicar las leyes de Dios en su relación personal con otros miembros de la comunidad.

El principio que guía la aplicación de estas leyes es el amor fraternal. La ordenanza de: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”, refleja el sentimiento y el intento del autor de Deuteronomio.

La primera de estas leyes hace referencia a los animales extraviados que pertenecían a tu hermano. Esta misma ley extiende la obligación de devolver los animales extraviados a uno que es “enemigo” o a la persona “que te aborrece”. En Deuteronomio se amplía el alcance de esta ley para incluir a todos los israelitas. Las leyes del pacto eran comprensivas en su aplicación y se extendían a todos los miembros de la nación, de cada clan y de cada familia. El intento del deuteronomista se ilustra claramente en la exhortación de Cristo y en su enseñanza en la parábola del buen samaritano. El prójimo era una persona necesitada, sea hermano o enemigo. Nadie tenía el derecho de esconder un animal extraviado que pertenecía a otro. Por lo contrario, cuando alguien encontraba a un animal extraviado, tenía la responsabilidad de regresarlo a su dueño.

La ley también hace provisión para los animales de las personas que vivían lejos y para aquellos animales cuyo dueño era desconocido. Un israelita tenía la obligación de cuidar del animal hasta que el dueño viniera a reclamarlo. La misma ley que se aplicaba a los animales también se aplicaba a otros objetos perdidos. La persona que encontraba un objeto perdido tenía la responsabilidad de cuidar del objeto que había encontrado hasta que el dueño viniera a reclamarlo. En cualquier circunstancia, un israelita tenía la obligación de prestar su ayuda para restaurar la propiedad extraviada a su legítimo dueño. El mismo sentimiento se aplica al animal caído en el camino por causa del peso de su carga. Cada persona debía tomar la iniciativa de ofrecer asistencia a su compatriota en su hora de necesidad.

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