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Deuteronomio 15: El año de remisión

El ideal deuteronómico era la eliminación de la pobreza en Israel. Pero la realidad es que había personas necesitadas. Por esta razón, ninguno podía endurecer su corazón y cerrar las manos generosas a una persona pobre. El legislador deuteronómico, confrontado con el problema de las personas necesitadas, enseña cómo los ciudadanos israelitas más prósperos debían tratar el problema: No endurecerás tu corazón ni le cerrarás tu mano a tu hermano necesitado. Endurecer el corazón es simbólico del pecado humano. Esta misma idea aparece en: “El que tiene bienes de este mundo y ve que su hermano padece necesidad y le cierra su corazón, ¿cómo morará el amor de Dios en él?” La dureza del corazón es una evidencia de que el amor de Dios no está en el corazón del que se niega a ayudar a una persona necesitada.

Confrontado con la realidad de que había pobreza en Israel, cada ciudadano que vivía bajo las promesas y demandas del pacto necesitaba ayudar a otros israelitas, principalmente aquellos que eran pobres y necesitados, con liberalidad y gozo. La verdadera prueba del espíritu filantrópico de cada israelita venía cuando un hermano pedía ayuda en una ocasión cerca del año de la remisión de las deudas. En aquella ocasión, la persona generosa no podía permitir en su corazón un pensamiento perverso. Esta expresión en heb. es “palabra de Belial”. La palabra de Belial era la decisión que toma una persona mala y perversa. La persona que rehúsa ayudar a su hermano es un “hijo de Belial”, una persona mala y perversa. El prestar al pobre en los días y meses que anteceden el año de remisión era prácticamente hacer un regalo a la persona que pide el préstamo, porque él no tendría el tiempo suficiente para pagar su deuda antes del año de remisión. Bajo tal circunstancia, lo más fácil sería no hacer el préstamo y dejar el pobre sin ayuda financiera. Pero es precisamente en esta situación donde la generosidad del pueblo de Dios debía ser evidente.

En aquella ocasión, en los días y meses que precedían el año de remisión de las deudas, cuando la persona más próspera se negaba a ayudar al pobre, si el pobre clamaba a Jehová, éste le oiría. En el AT Dios aparece como el ayudador y protector de las personas pobres y oprimidas. Jehová es el que hace justicia en Israel a los huérfanos y a las viudas. Como defensor de los oprimidos, Jehová oirá la voz del necesitado que clame a él en su hora de necesidad. La persona que rehusó hacer el préstamo será hallada culpable, porque el rehusar ayudar al hermano necesitado es un pecado contra Jehová. El israelita que ama Jehová y que obedece la palabra de Dios dará ayuda sin demora. Esto agrada al Señor y el Señor bendecirá al que da con gozo y generosidad.

Aun cuando el ideal era la eliminación de la pobreza en Israel (“no debe haber necesitado en medio de ti”), la realidad es que no faltarán necesitados en medio de la tierra. En un mundo imperfecto siempre habrá personas necesitadas. La realidad es que el pobre siempre existiría en Israel porque Israel no siempre sería obediente y en su desobediencia no observaría las leyes que podían eliminar el problema de la pobreza en Israel. Por esta razón debía existir en la vida del pueblo de Dios un espíritu de generosidad y de liberalidad, el deseo de ayudar a las personas necesitadas que vivían en el seno de la comunidad. Jesús citó las palabras del en. Hubo pobreza en los días de Jesús y hay pobreza en nuestros días. Por esta razón siempre existirán ocasiones para que el pueblo de Dios demuestre un corazón generoso y un espíritu liberal hacia las personas necesitadas.

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