Deuteronomio 28: Bendiciones de la obediencia

La bendición más especial del pacto sería la posición de honor que Israel gozaría entre las naciones. Por ser obediente a las leyes y a los mandatos del pacto, Israel sería establecido como un pueblo santo, un pueblo que pertenecía a Jehová. Además, por causa de su relación especial con Jehová, las demás naciones reconocerían que Israel era un pueblo especial y lo mirarían con respeto y temor.

Para alcanzar esta posición exaltada entre las naciones y para recibir la bendición de la fertilidad de la tierra, de los animales y del pueblo, Israel no podía desviarse del camino que Dios había preparado. La conclusión de esta sección es clara y especifica. Israel no podía apartarse de las palabras que Jehová había ordenado por medio de Moisés. Además, no podía adorar a los dioses cananeos ni procurar su protección ni la fertilidad de la tierra y de los animales en los dioses de piedra y madera, dioses que no tenían el poder para hacer lo que Jehová había prometido hacer para Israel. Los cananeos tenían que depender de Baal y Asera y otros dioses de la fertilidad para recibir la lluvia y la abundancia de la tierra. Pero Israel no necesitaba usar ritos supersticiosos para sobrevivir en la tierra. Jehová, el Dios Israel y el creador de los cielos y de la tierra era soberano sobre las fuerzas de la naturaleza. De su tesoro Jehová podía dar a Israel todo lo que la nación necesitaba para vivir una vida feliz y próspera en la tierra que él les iba dar.

Las maldiciones de la desobediencia

La lista de maldiciones que aparece en esta sección representa la severidad de la violación del pacto. El peligro que Israel encontraría en Canaán era real. Confrontado con la necesidad de producir suficiente cosecha para alimentar a su familia, un israelita usaría todos los medios posibles para producir la fertilidad de la tierra, inclusive ir tras otros dioses a fin de rendirles culto. Pero, apartarse de Jehová para seguir otros dioses era una violación del primero y segundo mandamientos y era prohibido en la maldición pronunciada. La maldición del pacto vendría sobre la nación cuando Israel deliberadamente abandonara las demandas del pacto que establecía su relación especial con Jehová. La proclamación de las maldiciones está dividida en dos secciones: la revocación de las bendiciones y la consecuencia de la desobediencia.

La revocación de las bendiciones

La maldición del pacto vendría sobre Israel por causa de su desobediencia. El texto declara que por cuanto Israel no escuchó la voz de Jehová y no puso en práctica sus mandamientos y sus estatutos, la maldición del pacto sería invocada sobre el pueblo rebelde. La desobediencia llevaría al pueblo a abandonar a Jehová para seguir a otros dioses.

La desobediencia trae en sí la revocación de las bendiciones prometidas. Las maldiciones mencionadas son exactamente el reverso de las bendiciones mencionadas. Lo que la obediencia da a Israel la desobediencia se lo quita. El Dios que había sido fiel en cumplir sus promesas, el Dios que generosamente provee para las necesidades de su pueblo y el Dios que es soberano sobre toda la creación, es el mismo que declara sentencia sobre un pueblo rebelde. Jehová no acepta la desobediencia de su pueblo ni bendice a aquellos que menosprecian las promesas hechas en el monte Horeb, las mismas promesas renovadas por la nueva generación de israelitas en el valle de Moab. La lista de maldiciones en este capítulo introduce la consecuencia que vendría sobre la desobediencia de Israel: plaga, sequía, derrota en la batalla, enfermedades, invasión enemiga, exilio, hambre, enfermedades y desolación.

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