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Detén el yo emocional

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Recuerdo aquellos años en que solí­a ser una «cristiana yo-yo», como suelo llamarlo. Siempre tení­a altibajos. Si mi esposa hací­a lo que yo querí­a, entonces me sentí­a feliz.

Pero si hací­a lo que yo no querí­a, entonces enloquecí­a. Me dejaba llevar por mis emociones, en lugar de permitir que obrara el Espí­ritu Santo en mí­.

Más que cualquier otra cosa, los creyentes me dicen cómo se sienten: «Siento que nadie me ama», o «siento que mi esposo o esposa no me trata bien», «siento que jamás seré feliz» «siento, siento, siento», es algo continuo.

Dios quiere que maduremos y sepamos que nuestras emociones no desaparecerán, por lo que debemos aprender a manejarlas y dominarlas en lugar de permitir que nos dominen.

Tenemos que ejercer el auto dominio y decirle a nuestra carne que esté en lí­nea con lo que está bien, en lugar de con lo que desea.

Debemos persuadirnos a nosotros mismos de que no podremos decir todo lo que queremos decir, comer todo lo que queremos comer, quedarnos despiertos todo el tiempo que queramos, o levantarnos cuando se nos plazca.

Por el poder del Espí­ritu Santo, El nos ayudará a dejar de vivir según nuestras emociones, nos enseñará a ser estables.

Como cristianos, en lugar de concentrarnos en como nos sentimos, debemos concentrarnos en lo que sabemos que es verdadero, según nos enseña la Palabra de Dios.

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