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Daniel 9: Oración de Daniel por su pueblo

Pastor Lionel

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Daniel 9:17 Ahora pues, Dios nuestro, oye la oración y los ruegos de tu siervo, y haz que tu rostro resplandezca sobre tu santuario asolado, por amor del Señor.

Daniel 9:18 Inclina, Dios mío, tu oído, y oye; abre tus ojos y mira nuestras desolaciones y la ciudad sobre la cual es invocado tu nombre; porque no elevamos nuestros ruegos ante ti confiados en nuestras justicias, sino en tus muchas misericordias.[i]

Daniel clamó por misericordia, no por ayuda, porque sabía que su pueblo merecía la ira y el castigo Dios. Dios envía Su ayuda, no porque la merezcamos, sino porque quiere mostrar su gran misericordia cuando lo necesitamos. Si Dios no nos ayuda debido a nuestro pecado, ¿de qué nos quejamos? Sin embargo, si envía ayuda a pesar de nuestro pecado, ¿cómo podemos contener nuestra alabanza?

Daniel 9:19 ¡Oye, Señor! ¡Señor, perdona! ¡Presta oído, Señor, y hazlo! No tardes, por amor de ti mismo, Dios mío, porque tu nombre es invocado sobre tu ciudad y sobre tu pueblo”.

Sería un error leer la Biblia como una historia seca y no captar lo emotivo que hay en ella. En esta sección, Daniel estaba clamando al Señor. Le preocupaba su nación y su pueblo. Demasiado a menudo nuestras oraciones carecen de emoción y verdadera compasión por los demás. ¿Está dispuesto a orar derramando su corazón ante Dios?

Daniel 9:20 Profecía de las setenta semanas, »Aún estaba hablando, orando y confesando mi pecado y el pecado de mi pueblo Israel, y derramaba mi ruego delante de Jehová, mi Dios, por el monte santo de mi Dios;

Daniel 9:21 aún estaba hablando en oración, cuando el varón Gabriel,[j] a quien había visto en la visión, al principio, volando con presteza vino a mí como a la hora del sacrificio de la tarde.

Daniel 9:22 Me hizo entender, y habló conmigo diciendo: “Daniel, ahora he salido para darte sabiduría y entendimiento.

Daniel 9:23 Al principio de tus ruegos fue dada la orden, y yo he venido para enseñártela, porque tú eres muy amado. Entiende, pues, la orden, y entiende la visión.

Dios contestó la oración de Daniel, y puede contestar también las nuestras.

Daniel 9:24 »Setenta semanas[k] están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, poner fin al pecado y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, sellar[l] la visión y la profecía y ungir al Santo de los santos.[m]

Daniel 9:25 Sabe, pues, y entiende que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas y sesenta y dos semanas; se volverán a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos.

Cada una de estas setenta semanas puede representar un año. A menudo las Escrituras utilizan números redondos para expresar un concepto, no para dar una cuenta exacta. Por ejemplo, Jesús dijo que debíamos perdonar a los demás “setenta veces siete”. No quiso decir que sólo cuatrocientos noventa veces, sino que debemos ser pródigos en perdonar. De manera similar, algunos eruditos ven en esta cifra de cuatrocientos noventa años una expresión en sentido figurado. Sin embargo, otros interpretan este período en forma literal, y dicen que la muerte de Cristo ocurrió al final de sesenta y nueve semanas (es decir, 483 años más tarde). Una interpretación ampliamente aceptada dice que la semana septuagésima son los siete años de la gran tribulación, todavía en el futuro. Luego entonces, la cifra puede simbolizar la primera y la segunda venida de Cristo.

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