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Daniel 2: Daniel interpreta el sueño de Nabucodonosor

Daniel 2:24 Después de esto fue Daniel a Arioc, al cual el rey había puesto para matar a los sabios de Babilonia, y le dijo así: No mates a los sabios de Babilonia; llévame a la presencia del rey, y yo le mostraré la interpretación.

Daniel no aprovechó el triunfo para beneficio propio. Pensó en los demás. Cuando estemos luchando por triunfar, pensemos en las necesidades de los demás

Daniel 2:25 Entonces Arioc llevó prontamente a Daniel ante el rey, y le dijo así: He hallado un varón de los deportados de Judá, el cual dará al rey la interpretación.

Daniel 2:26 Respondió el rey y dijo a Daniel, al cual llamaban Beltsasar: ¿Podrás tú hacerme conocer el sueño que vi, y su interpretación?

Daniel 2:27 Daniel respondió delante del rey, diciendo: El misterio que el rey demanda, ni sabios, ni astrólogos, ni magos ni adivinos lo pueden revelar al rey.

Antes de decirle nada al rey, Daniel glorificó a Dios. Explicó que no sabía del sueño por su propia sabiduría sino sólo porque Dios se lo reveló. ¡Cuán fácil es quedarnos con el honor de lo que Dios hace por medio de nosotros! Esto es robarle a Dios el honor que merece.

Daniel 2:28 Pero hay un Dios en los cielos, el cual revela los misterios, y él ha hecho saber al rey Nabucodonosor lo que ha de acontecer en los postreros días. He aquí tu sueño, y las visiones que has tenido en tu cama:

En los postreros días : Se refiere al futuro, desde los tiempos de Nabucodonosor hasta el fin de la historia humana.

Daniel 2:29 Estando tú, oh rey, en tu cama, te vinieron pensamientos por saber lo que había de ser en lo por venir; y el que revela los misterios te mostró lo que ha de ser.

Daniel 2:30 Y a mí me ha sido revelado este misterio, no porque en mí haya más sabiduría que en todos los vivientes, sino para que se dé a conocer al rey la interpretación, y para que entiendas los pensamientos de tu corazón.

Daniel 2:31 Tú, oh rey, veías, y he aquí una gran imagen. Esta imagen, que era muy grande, y cuya gloria era muy sublime, estaba en pie delante de ti, y su aspecto era terrible.

El tema de lo que representaba la gran imagen ha dado lugar a muy diversas interpretaciones. Las dos explicaciones más comunes consideran que representa cuatro imperios sucesivos (babilonio, medo-persa, greco-macedonio y romano), o cuatro reinados (reyes) de un mismo imperio (los reyes de Babilonia, desde Nabucodonosor hasta Nabonido). Las diferencias se deben a que los reinos no se identifican y al hecho de que la palabra hebrea «reino» también puede ser traducida como «reinado».

Pero, naturalmente, la imagen representa a gobiernos sobre los que Dios ejerce soberanía. Cualquiera que sea su identidad, son frágiles delante del poder de Dios; tienen «pies de barro». Dios es el único soberano de la historia, tanto en los días de Daniel como en nuestra era.

La cabeza de oro representaba a Nabucodonosor, el gobernante del Imperio Babilónico. El pecho y los dos brazos de plata representaban el imperio medopersa que conquistó Babilonia en el año 539 a.C. El vientre y los muslos de bronce eran Grecia y Macedonia bajo el gobierno de Alejandro Magno, quien conquistó el imperio medopersa en el año 334-330 a.C. Las piernas de hierro representaban a Roma, que conquistó a los griegos en el año 63 a.C. Los pies y dedos de arcilla y hierro representaban la caída del Imperio Romano, cuando el territorio que gobernaba Roma se dividió en una mezcla de naciones fuertes y débiles. El tipo de metal de cada una de las partes representaba la fortaleza del poder político que representaba. La piedra que se desprendió de la montaña representaba el Reino de Dios, que sería regido eternamente por el Mesías, el Rey de reyes. El sueño reveló que el Dios de Daniel estaba por encima de cualquier rey terrenal.

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