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Cuando llegó la muerte

El discípulo de un conocido maestro, estaba un día sentado en un rincón de una posada, cuando oyó hablar a dos personajes. Por lo que decían, se dio cuenta de que uno de ellos era el Ángel de la Muerte.

— Tengo varias visitas que hacer en esta ciudad durante las próximas tres semanas.

— ¿Buscas a alguien para llevarte?

Aterrorizado, el discípulo se escondió hasta que ambos hubieron partido. Entonces, usando su inteligencia para resolver el problema de cómo frustrar una posible visita de la muerte, decidió que si se mantenía alejado no sería alcanzado. Sólo hubo un corto paso entre este razonamiento y alquilar el caballo más veloz disponible y espolearlo día y noche en dirección a la lejana ciudad de Samarcanda.

Mientras tanto la Muerte se encontró con el maestro y hablaron sobre diversas personas.

— Y dónde está tu discípulo?
— Debe de estar en algún lugar de esta ciudad, empleando su tiempo en contemplación, quizá en una posada.
— Qué extraño, pues se halla en mi lista. Sí, aquí está: Tengo que recogerlo dentro de cuatro semanas, nada menos que en Samarcanda.

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