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Cosas de valor que no se ven

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Se dice que un joven le decía a un ministro evangélico que él creería en Dioscuando pudiera verlo. El ministro le preguntó:
— ¿Joven, usted cree que sumadre lo ama?
El joven respondió:
— Yo no solamente creo, sino que yo séque me ama.

Entonces el ministro le preguntó si él podía ver el amor de su madre, si podía pesarlo, o medirlo. El joven contestó:
— Yo no puedo ver, nipesar, ni medir el amor de mi madre; pero yo sé que me ama.

Entonces el ministro poniendo su mano amorosa sobre el hombro izquierdo del joven, le dijo:
— Joven, Dios es amor.

Así como es el amor, hay muchas otras cosas que no se ven; pero son tan reales o más reales que las cosas que se ven. Todos sabemos que todas las cosas que los hombres han hecho son producto de lo que no se ve, o sean las ideas o pensamientos de los hombres: la imprenta, antes que los hombres la vieran, estuvo en la mente de su inventor. Lo mismo podemos decir de la luz eléctrica, del telégrafo, del aeroplano, de la radio, de la televisión, etcétera. Un edificio, antes de ser construido, está en la mente de alguna persona o personas; después el arquitecto o los arquitectos ponen esas ideas en papel, hacen los planos, y más tarde construyen el edificio. No olvidemos, pues, que todo lo que nos rodea, que ha hecho el hombre, es producto de lo que no se ve: de la mente humana.

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