Colosenses 4: La oración cristiana

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Fieles camaradas

El querido hermano Tíquico, fiel siervo de Cristo y consiervo mío, os dará un informe completo de cómo me va. Con ese fin os le envío; para que sepáis todo lo que me está pasando y os anime el corazón.

También os mando con él al querido y fiel hermano Onésimo, que es uno de los vuestros. Ellos os contarán todo lo que ha sucedido por aquí.

Recuerdos de Aristarco, mi compañero de cárcel, y de Marcos, el primo de Bernabé. (Ya os he dado instrucciones acerca de él. Si os va a ver, recibidle bien). Muchos recuerdos también de Jesús, al que llaman Justo. Estos son todos convertidos del judaísmo, y los únicos que colaboran conmigo en la obra del Reino, y que me han dado mucho ánimo.

La lista de nombres al final de este capítulo es un cuadro de honor de héroes de la fe. Debemos tener presentes las circunstancias. Pablo estaba en la cárcel, a la espera del juicio, y siempre es peligroso estar relacionado con un preso, porque es fácil verse involucrado en su misma suerte. Requería coraje visitar a Pablo en la cárcel y dar señales de que uno estaba de su parte. Recojamos lo que sabemos de estos hombres.

Estaba Tíquico. Procedía de la provincia romana de Asia, y es muy probable que fuera el representante de la iglesia para llevar su ofrenda a los hermanos pobres de Jerusalén (Hechos 20:4). También fue el encargado de llevar a sus diferentes destinatarios la carta que llamamos Efesios (Efesios 6:21). Aquí hay un detalle muy interesante. Pablo escribe que Tíquico les informará de cómo le van las cosas. Esto deja ver lo mucho que dejaba para la comunicación oral y que Pablo no incluyó nunca en sus cartas. Por razones obvias las cartas no debían ser muy largas, y trataban de problemas de fe y conducta que amenazaban la vida de las iglesias. Los detalles personales se le dejaban al portador de la carta. Así es que Tíquico los relataría como enviado personal de Pablo.

Estaba Onésimo. La manera que tiene Pablo de mencionarle está llena de cortesía y cariño. Onésimo era un esclavo fugitivo que había llegado a Roma, y al que Pablo estaba enviando de vuelta a su amo Filemón. Pero Pablo no dice que fuera un esclavo fugitivo, sino le llama querido y fiel hermano. Cuando Pablo tenía algo que decir de una persona, lo decía siempre de la mejor manera posible.

Estaba Aristarco. Era un macedonio de Tesalónica (Hechos 20:4). Aunque no se le menciona nada más que de pasada hay algo que sobresale: está claro que era la clase de buena persona que uno querría tener cerca cuando se encontrara en un callejón sin salida. Estaba allí cuando los efesios se amotinaron en el templo de Diana, y tan en primera línea estaba que le capturó el gentío (Hechos 19:29). Estaba allí cuando Pablo inició su viaje a Roma como prisionero (Hechos 27:2). Bien puede ser que se hubiera enrolado como esclavo de Pablo para que le dejaran hacer con él aquel viaje que podría ser el último. Y ahora estaba también aquí, en Roma, compañero de prisión de Pablo. Está claro que Aristarco era una persona que estaba siempre en el sitio cuando las cosas estaban más negras. Siempre que Pablo estaba en apuros, allí estaba Aristarco con él. Las referencias que tenemos nos le presentan como un compañero bueno de veras.

Estaba Marcos. De todos los personajes de la Iglesia original fue él el que tuvo la carrera más sorprendente. Podía ser tan leal que Pedro le llama su hijo (1 Pedro 5:13); y sabemos que cuando escribió su evangelio incluyó los materiales de la predicación de Pedro. Pablo y Bemabé le llevaron consigo como secretario en su primer viaje misionero (Hechos 13:5); pero a mitad de camino, cuando las cosas se iban poniendo difíciles, Marcos se retiró y se volvió a casa (Hechos 13:13). Pasó bastante tiempo antes de que Pablo se lo perdonara. Cuando estaban para iniciar su segundo viaje misionero, Bernabé quería que llevaran a Marcos otra vez, pero Pablo se negó en redondo, y por ese motivo se separaron y, por lo que sabemos, ya no volvieron a trabajar juntos (Hechos 15:36-40). Según la tradición, Marcos fue de misionero a Egipto y fundó la iglesia de Alejandría. No sabemos lo que sucedió entre medias; pero sabemos que estaba con Pablo en su última cárcel, y Pablo le consideraba de lo más útil (Filemón 24; 2 Timoteo 4:11). Marcos se redimió a sí mismo. Aquí, en esta breve referencia hay un eco de la vieja historia desafortunada. Pablo exhorta a la iglesia colosense a que reciba afectuosamente a Marcos si iba por allí. ¿Por qué? Sin duda porque sus iglesias mirarían con recelo al que Pablo había despedido por inútil en el servicio de Cristo. Y ahora Pablo, con su cortesía y consideración habituales, se asegura de que el pasado de Marcos no le cerraría el paso, ofreciéndole su plena aprobación como amigo de absoluta confianza. El final de la carrera de Marcos es un tributo tanto para él como para Pablo.

De Jesús, apodado Justo, no sabemos más que su nombre.

Estos eran los ayudantes y animadores de Pablo. Sabemos que fue una bienvenida más bien fría la que le dieron los judíos de Roma (Hechos 28:17-29); pero tenía consigo a hombres cuya lealtad tiene que haberle caldeado el corazón.

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