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Colosenses 3: La vida de la resurrección

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Así que, puesto que habéis resucitado con Cristo, poned el corazón en las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Ocupad vuestra mente con pensamientos que se concentren en las cosas de arriba en lugar de en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando quiera que Cristo aparezca, vosotros también apareceréis con Él en gloria. Porque Él es vuestra vida.

Lo que quiere resaltar Pablo es lo siguiente. En el Bautismo, el cristiano muere y resucita. Al cerrarse las aguas sobre su cabeza es como si se le enterrara; cuando sale del agua es como si resucitara a una nueva vida. Ahora bien: si es así, el cristiano debe surgir del Bautismo como una persona diferente. ¿Dónde está la diferencia? En el hecho de que a partir de ese momento los pensamientos del cristiano se centran en las cosas de arriba. Deja de estar obsesionado con las cosas triviales y pasajeras de la Tierra; está totalmente implicado en las realidades del Cielo.

Debemos captar exactamente lo que Pablo quiere decir con esto. Es seguro que no está proponiendo un otro mundismo que haga que el cristiano se retire de las ocupaciones y responsabilidades de este mundo para no hacer otra cosa que meditar en la eternidad. Inmediatamente después de decir esto Pablo pasa a establecer una serie de principios éticos que dejan bien claro que espera que el cristiano continúe con su trabajo de este mundo y mantenga todas sus relaciones normales; pero con esta diferencia: desde ese momento el cristiano considerará todas las cosas sobre el trasfondo de la eternidad, y ya no vivirá como si este mundo fuera lo único que importara.

Esto no podrá por menos de darle una nueva escala de valores. Las cosas que el mundo considera importantes dejarán de obsesionarle. Las ambiciones que dominan el mundo serán incapaces de impactarle. Seguirá usando las cosas del mundo, pero las usará de una manera nueva. Por ejemplo: valorará el dar por encima del obtener; servir, por encima de dominar; perdonar, por encima de vengarse. El baremo del cristiano será el de Dios, no el de los hombres.

¿Y cómo se puede cumplir eso? La vida del cristiano está escondida con Cristo en Dios. Hay por lo menos dos referencias aquí.

(i) Ya hemos visto repetidamente que los cristianos originales veían el Bautismo como un morir y un resucitar. Cuando una persona moría y era sepultada, los griegos solían decir que estaba oculta en la tierra; sin embargo el cristiano había experimentado una muerte espiritual en el Bautismo, y no estaba escondido en la tierra, sino en Cristo. La experiencia de los cristianos originales era que el mismo acto del Bautismo revestía a la persona con Cristo.

(ii) Bien puede ser que haya aquí un juego de palabras que los griegos reconocerían en seguida. Los falsos maestros llamaban a sus libros de supuesta sabiduría apókryfoi, los libros que estaban escondidos para todos menos para los iniciados. Ahora bien, la palabra que Pablo usa aquí para decir que nuestras vidas están escondidas con Cristo en Dios es una parte del verbo apokryptein, del que procede el adjetivo apókryfos. Sin duda una palabra sugeriría la otra. Es como si Pablo dijera: «Para vosotros, los tesoros de la sabiduría están escondidos en vuestros libros secretos; pero para nosotros, Cristo es el tesoro de la sabiduría, y nosotros estamos escondidos en Él.»

Todavía hay aquí otro pensamiento más. La vida del cristiano está escondida con Cristo en Dios. Lo que está escondido está oculto; el mundo no puede descubrir el secreto del cristiano. Pero Pablo prosigue: «Llegará el día cuando Cristo vuelva en gloria; y entonces el cristiano al que nadie reconocía compartirá esa gloria y todo el mundo lo verá.» En cierto sentido Pablo está diciendo -y está diciendo una gran verdad- que algún día los veredictos de la eternidad darán la vuelta a los veredictos del tiempo, y los juicios de Dios darán la vuelta a los juicios de los hombres.

Cristo, nuestra vida

En el versículo 4 Pablo da a Cristo uno de los grandes títulos de la devoción: Cristo, nuestra vida. Aquí tenemos un pensamiento que le era muy querido al corazón de Pablo. Escribiendo a los filipenses les decía: «Para mí, el vivir es Cristo» (Filipenses 1:21). Años antes, escribiendo a los gálatas, les decía: « Ya no vivo yo, sino que es Cristo Quien vive en mí» (Gálatas 2:20). Según lo veía Pablo, lo más importante de la vida para el cristiano es Cristo; más aún: Él es su misma vida.

Este es el Everest de la devoción, que no podemos vislumbrar más que confusamente, ni expresar sino intermitente e imperfectamente. Algunas veces decimos de alguien: «Su vida es la música -o el deporte, o el trabajo…» Esa persona encuentra la vida y todo lo que quiere decir en esas cosas. Para el cristiano, Cristo es su vida.

Y aquí volvemos al principio de este pasaje: es precisamente por eso por lo que el cristiano centra su mente y su corazón en las cosas de arriba y no en las de este mundo. Lo juzga todo a la luz de la Cruz de Cristo, y a la luz del amor que Se entregó a Sí mismo por él. A la luz de la Cruz, la riqueza y las ambiciones y las actividades del mundo se aprecian en su justo valor; y al cristiano se le permite centrar todo su corazón en las cosas de arriba.

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