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Colosenses 1: Saludos cristianos

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(ii) El medio de la reconciliación fue la sangre de Su Cruz. La dinámica de la reconciliación fue la muerte de Jesucristo. ¿Qué quería decir Pablo? Exactamente lo mismo que había dicho en Romanos 8:32: « El Que no escatimó ni a Su propio Hijo, sino que Le entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con Él todas las cosas?» En la muerte de Jesús, Dios nos está diciendo: « Así os amo Yo. Os amo hasta el punto de estar dispuesto a ver a Mi Hijo sufrir y morir por vosotros.» La Cruz es la prueba de que no hay distancia que el amor de Dios se niegue a recorrer para recuperar los corazones de los hombres; y un amor así demanda la respuesta de nuestro amor. Si la Cruz no despierta el amor en los corazones de los hombres, nada lo conseguirá.

(iii) Debemos notar que Pablo dice que en Cristo estaba Dios reconciliando consigo todas las cosas. En griego es el neutro (panta), que incluye, no solamente a las personas, sino toda la creación, visible e invisible, animada e inanimada. La visión de Pablo era un universo en el que fueran redimidas no solamente las personas sino todas las cosas. Este es un pensamiento alucinante. No cabe duda de que Pablo estaba pensando en los gnósticos. Recordaremos que, como consideraban la materia esencial e incurablemente mala, consideraban que también el universo era malo. Pero, como Pablo lo ve, el universo no es irremisiblemente malo. Es obra de Dios, y participa de la reconciliación universal. Aquí hay una lección y una advertencia. A menudo el Cristianismo ha desconfiado del mundo. «La Tierra es un desierto lúgubre.» Recordemos la historia del puritano. Alguien le dijo cuando iban paseando por el campo: «¡Que flores tan hermosas!» Y él contestó: «He aprendido a no llamar hermoso nada en este mundo perdido y pecador.» Lejos de ser cristiana, esa actitud es por lo menos herética. Era la actitud de los herejes gnósticos que amenazaban con destruir la fe. Este es el mundo de Dios, y es un mundo redimido, porque de alguna manera maravillosa Dios estaba en Cristo reconciliando consigo mismo todo el universo de seres humanos, de criaturas vivientes y aun de seres inanimados.

(iv) El pasaje termina con una frase curiosa. Pablo dice que esta reconciliación se extendía no solamente a las cosas de la Tierra sino también a las del Cielo. ¿Cómo es que las cosas celestiales necesitaban una reconciliación? Esto ha ejercitado el ingenio de muchos comentadores. Veamos algunas de sus explicaciones.

(a) Se ha sugerido que hasta los lugares celestiales y los ángeles estaban bajo pecado y necesitaban ser reconciliados con Dios. En Job leemos: «Aun en Sus ángeles descubre el error» (4:18). «Ni aun los cielos son puros delante de Sus ojos» (15:15). Así es que se ha sugerido que hasta los ángeles necesitaban la reconciliación de la Cruz.

(b) Orígenes, el gran universalista, creía que la frase se refería al diablo y sus ángeles, y creía que al final hasta ellos estarían reconciliados con Dios por medio de la obra de Jesucristo.

(c) Se ha sugerido que cuando Pablo dijo que la obra reconciliadora de Cristo abarcaba todas las cosas en la Tierra y en el Cielo no quería decir nada definido, sino estaba usando simplemente una frase sonora y magnífica para presentar la total suficiencia de la obra reconciliadora de Cristo.

(d) La sugerencia más interesante la hizo Teodoreto, al que siguió Erasmo. Era que lo principal no era que los ángeles celestiales fueran reconciliados con Dios, sino que fueran reconciliados con los hombres. La sugerencia es que los ángeles estaban enfadados con los hombres por lo que Le habían hecho a Dios, y querían destruirlos; y la obra de Cristo les quitó la ira, porque vieron lo mucho que Dios amaba a la humanidad.

Entiéndase esto como 3e, entienda, una cosa por lo menos es cierta: que el propósito de Dios era reconciliar a los hombres consigo en Jesucristo, el medio por el cual lo hizo fue la muerte de Cristo, que demostró que Su amor no tenía límites, y que la reconciliación se extiende a todo el universo, incluidos la Tierra y el Cielo.

6. La finalidad y la obligación de la reconciliación

En los versículos 21 a 23 se presentan la finalidad y la obligación de la reconciliación.

(i) La finalidad de la reconciliación es la santidad. Cristo llevó a cabo Su obra sacrificial de reconciliación a fin de presentarnos a Dios consagrados e irreprochables. Es fácil tergiversar la idea del amor de Dios y decir: «Bueno, si Dios me ama tanto y no quiere más que la reconciliación, el pecado no importa. Puedo vivir de cualquier manera, y Dios me seguirá amando.» Lo cierto es lo contrario. El hecho de que una persona sea amada no le da carta blanca para hacer lo que quiera, sino le impone la mayor obligación del mundo, la de ser digna de ese amor. En cierto sentido, el amor de Dios hace las cosas más fáciles, porque hace que no Le tengamos miedo y nos asegura que ya no somos ante Él criminales ante el tribunal, seguros de la condenación. Pero en otro sentido nos pone las cosas casi imposibles, porque nos impone la obligación final de ser dignos de tal amor.

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