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Colosenses 1: Saludos cristianos

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(iii) Fue para el Hijo para Quien fueron creadas todas las cosas (versículo 17). El Hijo no es solo el Agente de la Creación, sino también su meta. Es decir, que todo fue creado para ser Suyo, y para que en su culto y su amor Él encontrara Su propio honor y gozo.

(iv) Pablo emplea una frase extraña: «En Él subsisten todas las cosas.» Esto quiere decir que el Hijo es no solamente el Agente de la Creación en el principio, y la meta final de la Creación, sino también el que mantiene el universo unido entre el principio y el fin, es decir, durante el tiempo tal como nosotros lo conocemos. Es decir, que todas las leyes que mantienen el mundo en orden y no en caos son la expresión de la mente del Hijo. La ley de la gravedad y todas las demás, las leyes que mantienen el universo en su sitio, no son simplemente leyes científicas, sino también divinas.

Así pues, el Hijo es el principio de la creación, y el fin de la creación, y el poder que mantiene la creación unida; el Creador, el Sustentador y la Meta Final del universo.

4. Lo que Jesucristo es para la iglesia

Pablo establece en el versículo 18 lo que Jesucristo es para la Iglesia, y distingue cuatro grandes hechos en esa relación.

(i) Es la Cabeza del Cuerpo, es decir, de la Iglesia. La Iglesia es el Cuerpo de Cristo, es decir, el organismo por medio del cual Él actúa y que comparte todas Sus experiencias. Pero, humanamente hablando, el cuerpo está al servicio de la cabeza y es impotente sin ella. Así es que Jesucristo es el Que dirige a la Iglesia; es por Su inspiración como la Iglesia actúa y vive. La Iglesia no puede pensar la verdad sin Él, ni actuar correctamente, ni decidir su dirección. Aquí se combinan dos cosas. Está la idea del privilegio. Es el privilegio de la Iglesia el ser el instrumento por medio del cual Cristo obra. Y también está la idea de advertencia. Si una persona descuida o abusa de su cuerpo lo puede hacer inservible para cumplir los grandes propósitos de la mente; así es que la Iglesia puede inutilizarse para ser el instrumento de Cristo, Que es su Cabeza, viviendo descuidada e indisciplinadamente.

(ii) Es el principio de la Iglesia. La palabra griega para principio es arjé, que quiere decir principio en un doble sentido. Puede querer decir, no solamente lo primero en el tiempo -como, por ejemplo, A es el principio del abecedario, y 1 es el principio de la serie de los números-; también puede querer decir primero en el sentido de ser el origen del que procede algo, el poder motor que pone algo en funcionamiento. Veremos más claramente lo que Pablo pretende si recordamos lo que acaba de decir. El mundo es la creación de Cristo; y la Iglesia es Su nueva creación. Como dice el himno cristiano: De la Iglesia el Fundamento es Jesús, el Salvador; por el agua y la Palabra le dio vida su Señor. Cristo es la fuente de la vida y del ser de la Iglesia, y el Director de su continua actividad.

(iii) Es el Primogénito de entre los muertos. Aquí vuelve Pablo al acontecimiento que era la base y el centro de todo el pensamiento y la fe y la experiencia de la Iglesia original: La Resurrección. Cristo no es meramente alguien que vivió y murió y acerca de quien leemos y aprendemos cosas. Es Alguien Que, en virtud de Su Resurrección, vive para siempre, y Le encontramos y conocemos, no como un héroe muerto o un fundador del pasado, sino como una Presencia viva.

(iv) La consecuencia de todo esto es que Cristo tiene la supremacía en todas las cosas. La Resurrección de Jesucristo es Su título de señorío supremo. Con Su Resurrección ha mostrado que ha conquistado todo poder que Le fuera contrario y que no hay nada en la vida o en la muerte que Le pueda atar.

Así es que hay cuatro grandes hechos acerca de Jesucristo en Su relación con la Iglesia, que ya podemos poner en orden. Es el Señor que vive; es la fuente y el origen de la Iglesia; es el constante Director de la Iglesia, y es el Señor de todo en virtud de Su victoria sobre la muerte.

5. Lo que Cristo es para todas las cosas

En los versículos 19 y 20 Pablo establece ciertas grandes verdades acerca de la obra de Cristo por todo el universo.

(i) El objetivo de Su venida fue la reconciliación. Vino para remediar la brecha y puentear la sima entre Dios y la humanidad. Debemos notar claramente una cosa y retenerla siempre en nuestra memoria: La iniciativa de la reconciliación fue cosa de Dios. El Nuevo Testamento no dice nunca que Dios fuera reconciliado con los hombres, en la voz pasiva, sino, siempre, que los hombres fueron reconciliados con Dios. La actitud de Dios hacia los hombres era de amor, y no fue nunca ninguna otra. A veces se predica una supuesta teología que implica que algo que Jesús hizo cambió la actitud de Dios de la ira al amor. No hay nada en el Nuevo ento que justifique ese punto de vista. Fue Dios Quien empezó todo el proceso de la Salvación. Fue porque de tal manera amó Dios al mundo por lo que envió a Su Hijo; y Su único propósito al enviar a Su Hijo al mundo era arrullar a los hombres para que volvieran a El; y, como dice Pablo, reconciliar con El todas las cosas.

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