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Colosenses 1: Saludos cristianos

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(d) Quería decir un traslado del poder de Satanás al poder de Dios. Por medio de Jesucristo el hombre es liberado de las garras de Satanás y admitido como ciudadano del Reino de Dios. De la misma manera que el conquistador terrenal trasladaba a los habitantes de la tierra que había conquistado a la suya propia, así Dios, en Su amor triunfante traslada a las personas del reino del pecado y la oscuridad al reino de la santidad y de la luz.

La total suficiencia de Jesucristo

Él es la imagen del Dios invisible, engendrado antes de toda creación, porque por Él fueron creadas todas las cosas en el Cielo y en la Tierra, las cosas que son visibles y las que son invisibles, sean tronos o señoríos o poderes o autoridades; todas las cosas fueron creadas por medio de Él y para Él. Él es anterior a todas las cosas, y en Él tienen coherencia. Él es la Cabeza del Cuerpo que es la Iglesia. Él es el principio, el primogénito de los muertos para ser supremo en todas las cosas. Porque en Él Dios Se complació de hacer Su morada en toda Su plenitud, y reconciliar consigo mismo todas las cosas por medio de Él habiendo hecho la paz por medio de la sangre de Su Cruz. Esto se hizo por todas las cosas, estén en la Tierra o en el Cielo. Y a vosotros, que erais originalmente extraños y hostiles en vuestra mente, sumidos en malas obras, Él os ha reconciliado en Su cuerpo de carne por medio de Su muerte para presentaros delante de Él consagrados, incontaminados, irreprochables, con que solamente permanezcáis cimentados y edificados en la fe y sin desplazaros de la esperanza del Evangelio que habéis oído, que se ha proclamado a toda criatura bajo los cielos, del cual yo, Pablo, he sido constituido servidor.

Este pasaje tiene tanta dificultad e importancia que tendremos que dedicarle un tiempo considerable. Dividiremos en secciones lo que tenemos que decir, y empezaremos por la situación que le dio origen y por la presentación total de Cristo que nos hace Pablo en esta carta.

1. Los pensadores equivocados

Uno de los hechos de la mentalidad humana es que uno no piensa más de lo que, se ve obligado a pensar. Hasta que uno se encuentra con que otros se oponen a su fe y la atacan no se pone a pensar en sus implicaciones. Hasta que la Iglesia se vio confrontada con alguna herejía peligrosa no empezó a darse cuenta de las riquezas de la ortodoxia. Es característico del Cristianismo que siempre puede producir nuevas riquezas para hacer frente a una nueva situación.

Cuando Pablo escribió Colosenses no estaba pensando en el vacío. Se puso a escribir, como ya hemos visto en la Introducción, para salir al paso de una situación bien definida. Había una tendencia de pensamiento en la Iglesia Primitiva que se llamaba el gnosticismo, y sus seguidores, gnósticos, lo que quiere decir poco más o menos intelectuales o librepensadores. Estaban insatisfechos con lo que consideraban la ruda sencillez del Cristianismo, y querían convertirlo en una filosofía que pudiera estar, en línea con los otros sistemas filosóficos de su tiempo.

Los gnósticos partían de la convicción de que la materia era absolutamente mala, y el espíritu, absolutamente bueno.

Además mantenían que la materia era eterna, y que había sido de esa materia imperfecta de la que se había formado el mundo.

Los cristianos, para usar la frase técnica, creen en la creación a partir de la nada, y los gnósticos creían que el universo se había formado a partir de aquella materia mala.

Ahora bien: Dios es Espíritu, y por tanto absolutamente bueno, y la materia, absolutamente mala; de ahí se deducía que el Dios verdadero no podía tocar la materia, y por tanto no era el agente de la creación. Así es que los gnósticos creían que Dios había producido una serie de emanaciones, cada una más lejos de Dios que las anteriores, hasta que por fin hubo una lo suficientemente distante de Dios para poder tocar la materia y crear el mundo.

Los gnósticos llegaban todavía más lejos. Conforme las emanaciones se fueron distanciando de Dios se volvieron cada vez más ignorantes de Él. Y en las emanaciones más distantes se daba, no solamente la ignorancia de Dios, sino la hostilidad hacia Él. Los gnósticos llegaban a la conclusión de que la emanación que creó el mundo desconocía y era hostil al verdadero Dios; y algunas veces hasta identificaban esa emanación con el Dios del Antiguo Testamento.

Esto tenía ciertas consecuencias lógicas.

(i) Tal como los gnósticos lo veían, el creador del mundo no era el Dios verdadero, sino un ser hostil a Él. Por eso Pablo insiste en que fue Dios Quien creó el mundo, y que el Agente de la Creación no fue una emanación ignorante y hostil a Dios sino el mismo Jesucristo, Su Hijo (Colosenses 1:16).

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