Carta de Judas

(iii) El cristiano es llamado conforme al propósito de Dios (Romanos 8:28). La llamada de Dios se dirige a todas las personas, aunque no todas la aceptan. Y esto quiere decir que Dios tiene un propósito para cada persona. El cristiano es el que se somete al propósito que Dios tiene para él.

Pablo tiene mucho que decir acerca de esta llamada de Dios, y podemos exponerlo sólo muy sumariamente. Pone delante de cada persona una gran esperanza (Efesios 1:18; 4:4). Debería ser una influencia unificadora que vinculara a las personas mediante la convicción de que todos tienen parte en el propósito de Dios (Efesios 4:4). Es una llamada hacia arriba (Filipenses 3:14), que le hace a una persona iniciar la marcha hacia las estrellas. Es una llamada celestial (Hebreos 3:1), que hace que uno piense en las cosas que son invisibles y eternas. Es una llamada santa, una llamada a consagrarnos a Dios. Es una llamada que incluye la tarea cotidiana normal de cualquier persona (1 Corintios 7:20). Es una llamada que no cambia, porque Dios no cambia de idea (Romanos 11:29). No reconoce las distinciones humanas, ni su escala de importancias (1 Corintios 1:26). Es algo de lo que el cristiano debe ser digno (Efesios 4:1; 2 Tesalonicenses 1:11); y toda la vida debe ser un esfuerzo prolongado para asegurarla (2 Pedro 1:10).

La llamada de Dios es el privilegio, el desafío y la inspiración de la vida cristiana.

Defendiendo la fe

Amados: Cuando yo estaba decidido a dedicar toda mi energía a escribiros acerca de la fe que todos nosotros compartimos, me sentí impulsado a escribiros una carta para exhortaros a que os comprometáis en la lucha por la defensa de la fe que fue encomendada al pueblo consagrado de Dios de una vez para siempre.

Aquí tenemos las circunstancias en que se escribió la carta. Judas había estado ocupado escribiendo un tratado acerca de la fe cristiana; pero llegaron noticias de que algunos malvados y descarriados habían estado difundiendo una enseñanza destructiva. Entonces llegó a la convicción de que debía dejar de lado de momento su tratado, y escribir esta carta.

Judas asumía plenamente su obligación de ser el vigía del rebaño de Dios. La pureza de la fe estaba en peligro, y él se apresuró a defender tanto a sus ovejas como la fe. Eso implicaba dejar a un lado el trabajo en que había estado ocupado; pero a menudo es mucho mejor escribir una carta para salir al paso de la necesidad del momento presente que un tratado para el futuro.

Nede ser que Judas no volviera a tener otra oportunidad de escribir el tratado que tenía en mente; pero el hecho es que hizo más por la Iglesia escribiendo esta urgente, breve carta de lo que posiblemente habría hecho dejándonos un extenso tratado sobre la fe.

En este pasaje hay ciertas verdades acerca de la fe que sustentamos y nos sustenta.

(i) La fe es algo que se nos ha confiado. Los hechos de la fe cristiana no son nada que hayamos descubierto por nosotros mismos. En el verdadero sentido de la palabra son tradición, algo que se ha transmitido de generación en generación hasta llegar a nosotros. Se remontan en una cadena ininterrumpida hasta Jesucristo mismo. Hay algo que añadir a esto. Los hechos de la fe son desde luego algo que no hemos descubierto nosotros. Es por tanto verdad que la tradición cristiana no es nada que se transmita mediante la fría impresión de libros; es algo que se transmite de persona a persona a través de generaciones. La cadena de la tradición cristiana es una cadena viva cuyos eslabones son hombres y mujeres que han experimentado la maravilla de los hechos.

(ii) La fe cristiana es algo que se nos ha confiado de una vez para siempre. Hay en ella una cualidad inalterable. Eso no es decir que cada edad no tenga que redescubrir la fe cristiana; pero sí es decir que hay un núcleo inalterable en ella -y su centro permanente es que Jesucristo vino al mundo y vivió y murió para traer la Salvación a la humanidad.

(iii) La fe cristiana es algo que se le ha confiado al pueblo consagrado a Dios. Es decir: la fe cristiana no es la posesión de ninguna persona individual, sino de la Iglesia. Se transmite dentro de la Iglesia; se mantiene dentro de la Iglesia, y se entiende dentro de la Iglesia.

(iv) La fe cristiana es algo que hay que defender. Todo cristiano debe ser un defensor de ella. Si la tradición cristiana se transmite de generación en generación, cada generación debe pasarla incorrupta e incontaminada. Hay tiempos cuando esto es difícil. La palabra que usa Judas para defender es epagónízesthai, que contiene la raíz de la palabra española agonía. La defensa de la fe bien puede ser algo costoso; pero esa defensa es un deber que incumbe a cada generación de la Iglesia.

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