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Cargando piedras

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El maestro narró a sus discípulos el siguiente relato:

—Un hombre que iba por el camino tropezó con una gran piedra. La recogió y la llevó consigo. Poco después tropezó con otra, igualmente la cargó.

Todas las piedras con que iba tropezando las cargaba, hasta que aquel peso se volvió tan grande que el hombre ya no pudo caminar.

El maestro tras hacer una pausa dio una mirada a todos sus discípulos que se encontraban sentados a su alrededor y les pregunto: “¿Qué piensan ustedes de ese hombre?”.

Tras un largo silencio por fin uno de los discípulos se animó a hablar, pero más en tono de pregunta que de respuesta, diciendo:

—“¿Que es un necio puesto que para qué cargaba las piedras con que tropezaba?”.

Tras escuchar eso el maestro, y al observar que todos continuaban en silencio, con una voz pausada indico: “Eso es lo que hacen aquellos que cargan las ofensas que otros les han hecho, los agravios sufridos, y aun la amargura de las propias equivocaciones. Todo eso lo debemos dejar atrás, y no cargar las pesadas piedras del rencor contra los demás o contra nosotros mismos”.

Calló por unos segundos, para observar nuevamente a sus discípulos y finalizó diciéndoles doctamente: “Si hacemos a un lado esa inútil carga, si no la llevamos con nosotros, nuestro camino será más ligero y por ende nuestro paso más seguro”.

Tras las sabias palabras expresadas por el maestro, se dice que los discípulos se hicieron el firme propósito de no cargar nunca el peso del odio o del resentimiento…

¿Cuál es tu carga? ¿Decepción, traición, resentimiento, abuso, abandono, soledad, tristeza, baja autoestima, adicciones…? Cualquiera que sea tu carga, no importa el tiempo que la llevas sobre tu espalda, Jesús te dice:

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28)

Aprende a confiar en el Dios de lo imposible. Deja que él tome tus cargas, tus problemas y preocupaciones y sentirás la paz y la tranquilidad que él te puede dar. Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará;

No dejará para siempre caído al justo. Salmos 55:22

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