Cantares 7: El esposo y la esposa

La amada

Ahora, la mujer que ha sido objeto de tantos piropos de parte de su amado, le responde afirmando su entrega total. Por tercera vez, ella confirma su fidelidad y su confianza en el amor que él le profesa. Ella se considera plenamente realizada, porque se siente una mujer deseada por su esposo. Su respuesta al deseo de él se expresa en los términos en que él ya la ha invitado a disfrutar de la vida. La idea de ir al campo es para pasar allí la noche juntos (ver nota de RVA). Se nota cierta urgencia en su invitación (madruguemos, “comencemos temprano”). Las frases que siguen se refieren todas al acto amoroso y tienen un marcado tinte erótico. Ella está ansiosa por hacer el amor con su esposo (¡allí te daré mi amor!).

La amada parece estar preparada para el acto sexual. La mandrágora es considerada como planta afrodisíaca. Los amantes no necesitan mayor estímulo que el que ya tienen, pero aquí probablemente la mención de la “manzana del amor” y su “fragancia” es otra referencia al hecho de que ella está lista para el acto sexual. Todos sus atractivos y encantos están ahora a disposición de él, para que él se sirva como de un plato repleto de frutas frescas y secas, para que coma cuanto le plazca. Ella ha estado reservándose para él, y ahora es su gozo entregarse plenamente a su amado, expresándole de este modo su amor.

En 8:1, la amada introduce un deseo hipotético respecto de su amado. Lo que desea no es que él sea su hermano carnal, sino que él se sienta con la libertad de expresar públicamente su amor por ella. Lo que no estaba permitido hacer en público entre esposo y esposa, sí era permisible entre hermanos, como por ejemplo, besarse. Otra cosa que ella haría de ser hermana de él, es llevarlo y meterlo en casa de su madre (versículo 2). Obviamente, el propósito no sería el de jugar como hermanos carnales, sino hacer el amor como amantes. Tú me enseñarías significa que él le enseñaría los secretos del amor, en el lugar donde ella tuvo sus primeras experiencias sexuales (3:4). Ella está dispuesta a aprender de él el arte de amar, aun cuando a lo largo de Cantares la amada se expresa sexualmente con gran maestría. La intención erótica de la mujer queda clara en las dos últimas líneas del versículo 2. Las expresiones son de carácter distintivamente sexual. Probablemente el versículo 3 es el cumplimiento del deseo expresado por la amada en el versículo 1, y repite 2:6.

En el versículo 4 se repite por tercera vez este refrán, que concluye con una cuarta sección de Cantares. A estas alturas, el amor ya está despierto y consumado, y no necesita de mayor estímulo por parte de los testigos anónimos. De esta manera, toda esta parte, que comenzó con sueños confusos y frustraciones, alejamientos y desencuentros, concluye con los amantes cada uno en los brazos del otro.

Un contraste marcado Hay un contraste marcado entre las palabras que se expresan aquí por el autor de los Cantares y algunos conceptos contemporáneos que rechazan la igualdad.

Sorprende ver que este tema genera reacciones «violentas» en muchos hermanos cuando se analiza la igualdad en la interacción de la pareja. Pesan sobre nuestras espaldas interpretaciones parciales de las Escrituras, una historia machista y la propia historia personal. No por nada el tema de los papeles es uno de los temas principales en los conflictos de pareja. En Cantares vemos a una pareja darse el mismo lugar.

El machista es alguien con un profundo sentimiento de inferioridad y resentimiento hacia la mujer; su búsqueda es racionalizar argumentos que le permitan cubrir sus propios conflictos con el sexo opuesto.

Aprender del pasado El autor de los Cantares nos puede enseñar mucho con relación a la actitud debida hacia la esposa. La historia contrasta con los Cantares.

En la revolución industrial, el hombre estaba en la calle y la mujer en el hogar. El en la calle, luchando y peleando y la mujer en la casa, tranquila y limpiando. El esperaba que ella recibiera a quien venía cansado de trabajar todo el día, que dijera a los hijos: “No lo molestes que papá viene cansado.» «Mira, trabajé todo el día y lo único que quiero es comer, mirar ‘tele’ e irme a dormir.” Lo femenino se asoció a lo doméstico y lo masculino a lo intelectual y a la lucha. El matrimonio era un trato comercial. La menagier de París decía en 1939:

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